Estrella Fugaz

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Lunes, 19 de noviembre

Lunes, 19 de noviembre

Ayer por más necesidad que tuve de admirarla me dominé. Sabía que no era correcto hacerlo de la manera en la que lo hacía.  De haber continuado mirándole de esa manera, tendría que olvidarme de ella; levantarían sospechas sobre mi persona si algo le llegase a pasar.

La tarde de ayer, ella ocupó todos mis pensamientos y el único momento en el cual dejé de pensarla fue cuando madre me llamó para que la llevase al baño. Amo a mi madre, sin ella jamás habría llegado a temerle a Dios. Pero a veces horribles pensamientos son sembrados en mi cabeza  y tengo que rezar, hasta muy entrada la noche, como me lo ha dicho el cura para alejarlos, para borrar esas enfermas imágenes que vienen a mí en sueños. Y tengo que repetir una y otra vez que madre no es una carga, que no es un estorbo. Me llevé las manos a los oídos y me los cubrí con fuerza, no quería oírla. Quiero que calle. Ahora que conozco a la mujer perfecta, deseo que esta voz se marche. Pero sé que aquella voz no me dejará tan fácilmente. La voz no me deja en paz. Puedo oírla aunque tapone los oídos con los dedos. En cuanto llegué a mi cuarto me tiré a la cama y pronto me quedé profundamente dormido, soñando con sombras y voces inhumanas e ininteligibles. Antes de quedarme profundamente dormido me dije que en cuanto despertase me pondría a rezar.

En cuanto salí de trabajar tuve ganas de pasar a tomar una taza de café, solo para verla de nuevo. Pero me pareció que aún era muy pronto. Pues cabe la posibilidad de que aún me recuerde como el hombre que lleva a comer a su madre paralitica. Y no estoy dispuesto a que me recuerde de esa manera.

Tengo que esperar… por lo menos unos días más. Tengo tantas ganas de mirarle, que casi cometo la imprudencia de pasar frente al establecimiento. Si me ve, todo podría acabar antes siquiera de comenzar. No quiero que me tilde como acosador.

Toda la tarde me la he pasado con la nariz entre libros. Madre no lo sabe. No le gusta que lea. Y mucho menos relatos de terror; dice que son cáncer que corrompe la mente, envenenan el alma y te hacen enloquecer. Pero yo no lo creo, cada vez me siento más genial; más renovado.

Por más que intento, no dejo de pensarla. Su recuerdo me mantiene lucido y enfocado. Hasta me he afeitado para lucir más joven.

Mañana iré de compras, necesito cambiar de estilo. Necesito dejar de parecer y sentirme tan viejo. ¿Y para eso es la ropa, no es verdad? Por eso es que tanta gente dice que la vestimenta refleja cómo se siente una persona. Y tanta gente no puede estar equivocada.

 

 



Oscar H

Editado: 29.12.2018

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