Estrella Fugaz

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Viernes, 23 de noviembre

Viernes, 23 de noviembre

 

Por las facciones que ese lindo rostro suyo hizo al verme, tal parece que he dejado de ser un extraño. No hubo necesidad de decir mucho. No es tan difícil de comprender a una mujer  como se piensa. Si una mujer parece aburrida, fuma, toma mucho o habla en exceso de sus problemas personales, seguro sufre de desamor o anda en busca de él. No creo que se necesite una inteligencia agudísima para darse cuenta de que puntos presionar para poder ganarse la confianza de una persona. Normalmente todo se resume a saber escuchar y poner atención. Todas las personas claman por atención. Hay que dejar que las personas se explayen hasta que se sientan seguras consigo mismas y se acostumbren a la presencia del oyente, mientras éste finge desmedido interés.

Pero quedé bastamente sorprendido al oírle hablar de temas para mí, interesantes. Temas a los cuales una mujer común no presta atención. Mi nerviosismo creció. Su inteligencia es maravillosa y eso podría ser peligroso. Tengo que ir con cuidado.

Habló de su expareja mientras yo escuché como el amigo de toda la vida. Dejé que se desahogara. Como he dicho ya, no hay caminos cortos para ganarse la confianza de una mujer. Me contó cual era la visión que tenia del mundo, sobre la conectividad que tenía la naturaleza; conectividad que el hombre ha olvidado ya. Dijo que le gusta dibujar e hice que prometiera que dibujaría un duende para mí, amo los duendes por ser seres pequeños y malvados. Habló de una manera tan animada que disipó cualquier pensamiento ruin que pudiera generarme hacia ella. Me contó sobre la impresión que los libros leídos le dejaron. Compartió nombres de pintores, de bandas, músicos y hasta logré hacer que tarareara una tonada. En ese momento vi difuminarse esa pesadumbre tan arraigada en ella. Esa densa sombra de abatimiento desapareció para tomar su lugar una alegría que hizo de ella una persona completamente diferente. Confesó su cercanía con Dios. Expresó su agradecimiento hacia él por haberle salvado la vida. Debatimos un poco sobre la religión, sin que esto le incomodara en lo más mínimo. La verdad traté de desviar el tema. Ya tengo bastante con el mío como para rendirle cuentas al Dios de alguien más.

Su inteligencia es innegable. Pero tiene un defecto de diseño. Se limita a ser simplemente ella, cuando podría llegar a ser cualquier persona que quisiera. Desperdicia su vida tal y como lo hice yo en su tiempo. Busca fuera lo que no sabe que tiene dentro y eso le conduce a un remolino de emociones que desembocan en ansiedad y depresión.

En ese momento me mira y no puedo hacer más que maravillarme ante esos bonitos ojos suyos y me quedo atónito al contemplar su hermosura. Como era de esperarse tengo que hacer un esfuerzo enorme para dejar de mirarle los labios mientras habla como si desde hacía tiempo nos conociésemos y eso me hace sentir incomodo a momentos. No me siento precisamente como un jovencito que acaba de encontrar el amor de su vida en el mismo salón al cual desde hacía tiempo asiste y del cual nunca se ha percatado. Las manos comienzan a sudarme como augurando que algo malo se avecina, que tuve que meterlas a los bolsillos del pantalón.

Todo va viento en popa, parece que sin presionarle me dejara conocerla por completo hasta que… como no pude haber previsto empieza a hablar de las extrañas desapariciones de mujeres que asolan la región.

—Creo que todas ellas se han escapado con el novio —dice convincente y no puedo dejar de notar el divertido tono que ocupa al hablar. Detecto en su sonrisa cierto grado de ironía y complicidad como diciéndome que ella haría lo mismo si se lo pidiesen. Sin duda es una invitación a la que no por mucho tiempo me podré negar.

Le  platico de un nota reciente que he leído en Facebook de una jovencita de apenas dieciséis años que daban por perdida y resulta se fugó con su novio Dj y fueron encontrados en un pueblo, a dos horas de aquí, en un fiesta a la que la madre no le había dado permiso asistir.

Trato por todos los medios a mi alcance cambiar de tema, pero se da cuenta de mi cometido y de igual forma se percata de lo incomodo que se me hace hablar del asunto que, clava la mirada en la mía y no deja que haga otra cosa más que mirarla como si pudiera atreves de mis ojos leerme la mente. Esto sin duda me turba tanto que me tiemblen  las piernas y tartamudeo no sé qué palabra en disculpa. Pronto me doy cuenta de mi error cuando me pregunta el porqué de mi justificación.

—¿Por qué te disculpas? Ni que fueras tú quien las obliga a irse con el novio…

Deja la oración flotando en el aire que cada vez se me hace más y más pesado y denso. Parece que ha descubierto algo, lo puedo ver en esa mirada suya. Da un paso hacia atrás vacilante y entrecierra los ojos como escaneando a la espera de una reacción delatora mía. No puedo no mirarle a los ojos, esa maldita atracción hacia ellos me va a delatar tarde o temprano. En ese momento esa voz que hacía unos días me dijo que les hiciera daño me dice que debo poner distancia entre ella y nosotros. <<Tiene una inteligencia inusitada y eso es un problema para ambos, sería una lástima tener que hacerle daño>>. Salgo de mi estupor meneando la cabeza. Por las facciones de su rostro sé que el mío tiene el tan desagradable aspecto sombrío que tanto me aterra. Sin volver la mirada hacia ella le digo que tengo que marchar y que fue un verdadero placer conocerle.



Oscar H

Editado: 29.12.2018

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