Estrella Fugaz

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Sábado, 24 de noviembre

Sábado, 24 de noviembre

 

En todo momento, al trabajar, no pude dejar de pensarle. Tiene un aura que se impregna y de la cual no es fácil librarse. Por la tarde, después de salir de trabajar, ya tirado en la cama con laptop en las piernas, me he mantenido ensimismado mirando todas y cada una de sus fotos que tiene colgadas en Facebook. Sé que al llevar a cabo este tipo de actos uno llega sin querer a la obsesión. Pero no me importaba en lo absoluto. ¿Quién era yo para negarme tan reconfortante obsequio mientras me tocaba la entrepierna como ninguna mujer lo ha hecho? Si alguien, algún día llegase a leer esto no creo ni por asomo se atrevería a tildarme de enfermo.

No recuerdo con sumo detalle a qué hora ni como llegué a casa. Lo que sí sé es que cuando lo hice madre ya se encontraba dormida desde hacía no sé qué tiempo.

Por la ropa amontonada en la silla puedo suponer que después de irme de la tienda la bruma empezó a bajar  y que fue esto lo que hizo que la ropa de la noche anterior se mojara. Lo que no logro explicarme es el porqué de que en algunas partes de las prendas encontrase lodo. ¿Me habrá salpicado un auto o lo que es peor, me habré caído? Por más intentos que hago para recordar no lo consigo. No importa, si hay recuerdos a los cuales no se puede llegar sin un psicoanálisis, entonces no son importantes. Además ya me estoy acostumbrando a recuerdos vagos y difusos.

Me dirijo al baño a limpiarme y me topo con que mi rostro tiene pequeñas líneas transversales, parecen arañazos. Miro los brazos y estos aparte de lo que parecen rasguños tienen moretones. ¿Acaso me he peleado de nuevo con madre? A propósito de madre, no la he escuchado para nada las últimas horas. No importa, seguro está dormida gracias a los potentísimos sedantes que le auto receto. 

Lejos de las pruebas inequívocas de lucha, puede ver, y es lo que más me aterra, que mi rostro refleja una profunda y creciente angustia. No puedo hacer otra cosa que estar nostálgico al saber que tengo que alejarme de ella, por su bien, por el mío.

Pero no debo preocuparme por ella. Su inteligencia la llevará por los mejores caminos y le hará tener una vida plena de dichas. Por un momento supuse que sería un problema si empezara a indagar acerca de lo que hago. Pero con la porción de tierra que nos separa sería imposible que lograra hacerlo. No tengo que preocuparme ni por ella, ni por mí.

De antemano sé, que las personas inteligentes son orilladas constantemente, por sí mismas, a dudar de la existencia de Dios y esto en algunos casos hace que las personas pierdan el sentido de la vida, del bien y del mal y obren de acuerdo a su criterio, en un intento por llenar ese vacío que deja el renunciar a creer en un ser omnipotente.

Pero ella está lejos de ser una persona así. En todo caso me encontraría maravillado por toparme con una mente así de brillante y desequilibrada en mi vida. Sería, por decir poco, la pareja perfecta para mí. Pero como ya lo dije, no creo que pase, sus sentimientos y el agradecimiento a su Dios mantendrá esa mente maniatada e impedirá que despierte…



Oscar H

Editado: 29.12.2018

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