Estrella Fugaz

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Epílogo

Me he sumido en mis recuerdos. Miro el reloj. Son cerca de las doce… Me ha sacado de mi ensimismamiento el bullicio de la gente que sale de misa.

Después de todo no creo que valga la pena escribir el diario. Al parecer ya le he olvidado y su recuerdo parece no doler más.

Me he quedado mirando fijamente el reflejo de mi rostro en una charca. Tengo esa estúpida sonrisa y vacía mirada. Tal vez la enfermedad esté avanzando. La bolsa con alpiste se ha volteado y ahora tengo el pantalón y los calcetines llenos de grano. Las palomas revolotean a alrededor mío, han llegado más y comen tranquilas, picoteándome los muslos y jalándome de los calcetines. Madre se pondrá furiosa si le digo que he olvidado entrar a misa. Pero dudo que las fiebres, le den permiso para que piense y recuerde con soltura.

Llevo varias horas recordándole, sanándome.

Me parece que estoy listo; para un nuevo amor.

Dirijo la mira hacia el periódico con decididas ganas de leerlo. El encabezado dice: <<Otra desaparecida>> y pronto veo el rostro de ella impreso a todo color. Lleva los labios rojos brillante y el crispado cabello negro intenso.

Salió de su trabajo en la calle N y nunca llegó a su casa…

Así empieza la nota… no logro evitar soltar una lagrima. No entiendo cómo es qué le ha pasado a ella… no puedo aceptarlo. Cierro el periódico y lo azoto en la banca. Las palomas espantadas emprenden el vuelo.

Me levanto mareado. Atravieso el parque sin abandonar esa estúpida sonrisa mía. Puedo verme reflejado en las charcas al caminar. La gente me mira, tal vez por el grano  aun pegado a la ropa, tal vez por la mirada vacía y aterrada.

Odio que me miren así. Los odio a todos.

Lo único que me consuela es que a la muerte no escapa nadie. 

Nuestra existencia es sólo comparable al paso de una estrella fugaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Oscar H

Editado: 29.12.2018

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