Eternamente Tu [parte Uno]

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CAPÍTULO II

—Déjenla en paz

Déjenla en paz. —Escucho la voz de un hombre.

Miro a mi alrededor y es como si yo fuera la espectadora.

Me veo forcejeando con Demián mientras que Said, intenta forcejear con otros dos tipos y evitar que Colton siga haciendo cortes en su piel.

Demián me golpea, intento acercarme y evitar que me siga golpeando, pero no lo consigo, es como si fuera un fantasma.

Luego corro hacía dónde están Said, Colton y los dos mastodontes, me colocó frente a Colton y su navaja atraviesa mi cuerpo, pero no siento dolor. Se aleja y toma un garrafón con un líquido que vierte sobre el cuerpo de Said, que se deja caer al suelo mientras se queja del dolor.

Miro a todos lados sin saber qué hacer, ya estoy harta de vivir esto una y otra vez.

Demián me suelta, y la otra parte de mí, ve a Said en el suelo lleno de sangre, entonces se vuelve a repetir la historia, me desmayo y luego todo de vuelve borroso. —Déjenla en paz. —Escucho la voz de un hombre.

Said, ¿qué sucedió esa noche? ¿quién me violó?

—Nena, despierta.

Said, vuelve, dime que fue lo que paso.

—Siomara, no me asustes.

No, suéltenme me lastiman.

—Lombardi, arriba. —Me grita y yo abro los ojos.

Veo a London asustada y yo bañada en sudor.

—Fue... real, aún no se con exactitud qué fue lo que sucedió esa noche. —Comienzan a brotar las lágrimas.

—Shhhhhh, tranquila, fue sólo una pesadilla. — Me abraza London, y comienza a acariciar mi espalda de arriba a abajo.

—¿Crees que pueda superarlo algún día? — Me aferro a ella.

—Cuándo salgamos de aquí, te lo aseguro que sí. Y yo te ayudaré, nena. — Dice un tanto triste.

—¿Sabías que eres mi mejor amiga? —Limpio mis lágrimas.

—Si, y la única, obviamente. —Ambas reímos.

—Gracias por todo, London. —Me apoyo con una mejilla en su hombro.

—Gracias a ti, por ser como una madre para mí. —Suspira.

—¿Dormirías esta noche conmigo? —Pongo cara de perrito.

—¿Como negarme? —Suelto una risita. — Anda, date prisa o no dormiremos nada.

Apaga las luces de nuevo, y nos acostamos a dormir. La cama, aunque no es de lo más cómoda, es lo suficientemente grande para ambas.

A los pocos minutos me quedo dormida de nuevo, y sin pesadillas.









—¡Hora de despertar, reclusas! —Oigo gritar a los guardias, al mismo tiempo, que golpean las rejas con sus macanas.

Por suerte, hace unos minutos ya estaba despierta.

Han pasado aproximadamente tres semanas desde la última vez que vino Kenneth, incluso creó que quizá ya no será más mi abogado.

Evito pensar en la punzada de dolor que me provoca siquiera pensarlo.

Si eso sucede, Max y yo, tardaremos otros ocho años, en poder salir de aquí, para entonces, Max ya será todo un adolescente.

Y yo, yo seguiría lamentándome por no hacerle caso a London.

—¿Lista para un día más de trabajo, Siomara? —Me habla London medio adormilada aún.

—No tengo otra opción, ¿cierto? —Ambas negamos. — Lo supuse. Me voy, nos vemos más tarde.

Tomo mis cosas y me dirijo hacia los pasillos.

—¡No hagas locuras! —Le grito mientras camino.

— ¡No mamá! —Grita y suelto una carcajada.

Todas las mañanas son igual.

Levántate y vete a bañar, de ahí a desayunar y luego a hacer tus deberes.

Es como un protocolo, es costumbre.

Llego a las duchas y por suerte, no veo a ninguna pareja teniendo relaciones sexuales, o algo parecido, lo cual es bastante extraño, ya que siempre, desde que llegue aquí, lo he visto, a todas horas.

Después me dirijo al comedor. Siento una extraña opresión en el pecho, como si algo malo estuviera a punto de suceder, pero intento alejar todo pensamiento malo de mi cabeza, mientras bebo un poco de agua y como una manzana.

Termino y me dirijo al área de visitas, con todo lo necesario para comenzar con mi trabajo.

Logré quedarme aquí en esta área, debido a que casi tuve que comprar a la encargada de los trabajos.

No quería estar en lavandería, ni haciendo trabajos de electricidad, ya que ambos implementan una gran responsabilidad.

Es decir; si en lavandería, te equivocas con una prenda, y se la das a otra persona, la dueña de esta, te aniquila.



Daniela Martínez

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En el texto hay: soledad, abandono, romance

Editado: 29.04.2019

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