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Tenemos toda la noche

Pronto la pista comienza a llenarse, ofreciéndonos lugar entre un mar de universitarios que ríen y se mueven todavía con torpeza al ritmo de la música. En este momento, las bocinas son la fuente de un ambiente divertido, energizante y ameno. La elección musical es realmente buena.

Pronto se acercan algunos amigos de Alex a bailar junto a nosotros, y no tardo en reconocer a algunos de ellos.

—¿No que no? —exclama Daleck por encima de la música, rodeando los hombros de Alex—. ¡Alana! Ya te extrañábamos —grita, ahora acercándose a mí para darme un abrazo. Cuando se aproxima puedo oler claramente el alcohol y río.

—Hola —respondo, esperando que mi palabra no se haya perdido entre las luces de la pista.

—Necesitas moverte más. —Antes de que yo pueda reaccionar, siento cómo toma mi mano, haciéndome girar sobre el suelo y obligándome a bailar con él. Aunque no puedo ocultar mi incomodidad, Alex simplemente se ríe de nuestros movimientos pero no decide ayudarme a salir de ésta.

Daleck me suelta y comienza a moverse de un lado a otro, primero junto a nosotros intentando que bailemos con él, luego se pierde entre la gente y llega hasta otras personas, mismas que también se ríen de sus pasos.

—Creo que acabará en el piso —suelto en dirección a Alex—. Le doy una hora más.

—20 minutos —responde después de voltear a verlo una última vez.

Reímos y bailamos un rato más junto a los compañeros de Alex hasta que algo nos interrumpe abruptamente. Siento un peso ligero sobre mi cabeza, y cuando llevo mi mano a ella descubro un sombrero gigante de plástico que prácticamente se está cayendo debido a su tamaño. Entonces miro a mi alrededor para encontrar que a todos les están regalando lentes fosforescentes, bufandas de plumas y todo tipo de cosas extravagantes y divertidas.

—¡Yo quiero pantuflas! —grita una chica con tacones gigantes antes de salir corriendo tras el joven que carga la bolsa con obsequios.

—Es muy temprano para pantuflas —corre otra muchacha tras ella, con mucha más agilidad en los pies—. Mejor la gorra.

Mientras tanto, nosotros continuamos moviéndonos al compás de la música. Sin embargo, pronto recuerdo que han pasado demasiadas horas desde que fui por última vez al baño. Así que, sí, en verdad necesito ir.

—¿Es en serio? No te puedes ir ahora, apenas comienza a tomar forma la música —reprocha Alex tomando mi muñeca despreocupadamente como si fuera costumbre, justo como lo hizo el día que nos conocimos.

—Es temprano, la pista va empezando y seguirá aquí —contesto con una sonrisa y camino en dirección a la entrada. Me abro paso entre la masa de universitarios danzantes hasta que siento la alfombra debajo de mis tacones, lo cual significa que he abandonado la pista y puedo acelerar mi paso.

La luz del pasillo es más clara y alcanzo a distinguir los baños justo al fondo. Recojo mi vestido para no tropezar y sigo caminando hasta que algo me obliga a voltear.

—¿Me estás siguiendo al baño? ¿En serio? —exclamo al observar que Alex viene justo detrás de mí, dejando una distancia prudente y caminando bastante despacio.

—Si lo dices así sueno como un acosador —bromea, balanceándose sobre sus pies.

—Lo eres —respondo siguiendo el juego.

Hace una mueca arrugando todo el rostro y negando con la cabeza.

—Yo jamás —ríe, seguramente recordando las veces en que en verdad me ha seguido. Por no mencionar cuando apareció en mi casa sin haberle dado la dirección—. Pero ya que salimos de ahí quería aprovechar para enseñarte algo más.

Asiento confundida, colocando las manos sobre mi cintura y aprovechando el movimiento para estirar un poco la espalda. Entonces observo el baño a nuestra derecha.

—Espera. —Cierro los ojos y frunzo el ceño—. Espera —exclamo un poco alterada—. Por favor dime que no estás hablando en doble sentido, por favor —expreso llevando mis manos a la frente, como si intentara cubrir mis ojos o el calor de mis mejillas.

—¿Qué? —Justo cuando escucho la desorientación en su voz me atrevo a mirarlo. Claramente no sabe de qué hablo—. Oh por Dios —dice con una creciente risa que amenaza con estallar—. Alana, ¿de verdad? ¿De dónde? —pregunta con la boca abierta, mostrando clara sorpresa y diversión ante mi comentario.

—Contigo siempre hay que preguntar —me excuso encogiéndome de hombros.

—Por Dios, ve al baño —dice todavía riendo.



Tono Cristal

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En el texto hay: apuesta, amor, chicomalo

Editado: 29.07.2019

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