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¿Qué haces todavía aquí?

—En fin, no perdí la apuesta. Por eso te llamé —continúo, retomando el punto de todo esto.

—Dijiste que no irías a la cita. Eso me suena a perder la apuesta —comenta encogiéndose de hombros.

—Para empezar dije que sería mejor posponerla, porque tengo otros planes. Luego, ¿no que no haríamos nada que yo no quisiera?

—Me refiero a que no haremos nada con lo que me puedas denunciar por violación. Una cita es totalmente diferente.

«Este chico»

—Aun así ya te dije, tengo planes.

—Sí. Conmigo —afirma con total seguridad, abriéndole paso a una sonrisa—. No puedes simplemente salirte de ésta.

—¿Por qué no? —arrugo las cejas.

—Porque accediste a la apuesta... Yo no te obligué a nada. Por lo tanto, si no vas a la cita pierdes. No tengo ningún problema.

Ruedo los ojos y llevo mis manos a la cintura.

—De haber sabido eso nunca la cancelaba —sacudo la cabeza y llevo la mirada a él—. Alex, te recuerdo que no tengo miedo.

—Entonces recuérdamelo bien —añade y se aleja después de guiñarme el ojo—. Regresemos a clase, que seguro todos piensan que estamos haciendo lo que no quieres que piensen.

(...)

Más tarde, a la hora de la salida, vuelvo a encontrarme con Jade y Fernanda, a quienes estoy a punto de cancelarles el plan de mañana. Sin embargo, me lo pienso dos veces. ¿Qué voy a decirles? ¿Que saldré con Alex?

Sí, claro. Prefiero ingeniármelas para hacer ambas cosas a la vez. Al fin y al cabo la función es temprano.

Jade se despide y solo quedamos Fer y yo. Comenzamos a hablar acerca de la única clase que compartimos, que es arte. Específicamente, de un dibujo que tenemos que entregar en una semana y no he avanzado nada. Cuando nuestra conversación concluye, decido simplemente preguntar.

—Alguna vez has... —me rasco la nuca me aseguro de que no haya nadie alrededor—. Ya sabes, ¿quedado con alguien en el pasillo durante horas de clase para...? —me aventuro a articular casi susurrando.

Fer suelta una sonora carcajada.

—Claro —confirma como si no fuese la gran cosa—. Aunque antes de conocer a Eric, obvio —se apresura a añadir.

—¿Cómo es que yo no sabía que la gente hace eso? —cuestiono arrugando la frente.

—La pregunta es, ¿cómo te enteraste? —levanta una ceja y esboza una pequeña sonrisa inquisitora.

Justo en ese momento, su nombre suena en el altavoz, indicando que su papá ya llegó a recogerla.

—Luego me platicas —agrega guiñando el ojo antes de desaparecer detrás de la reja.

(...)

Bien, ya tengo aquí una hora esperando y no me gustaría quedarme ni un minuto más. Trato de marcarle a mi mamá pero me manda al buzón, mi papá está de viaje y obviamente Alonso está ocupado en la universidad.

«Se olvidaron de mí»

Estoy en el quinto intento de llamada cuando veo a Alex salir de la oficina de la directora, lo cual me resulta un tanto extraño dado que son casi las cuatro de la tarde y todos están ya en casa.

—Muchas gracias, en cuanto lo haga prometo traer el dinero —dice despidiéndose de la directora.

—Gracias a ti, Alexander —responde ella amablemente y procede a cerrar la puerta a sus espaldas.

Me parece que cualquier reacción se queda corta después de presenciar esta escena.

«¿Dinero

Eso en definitiva no es normal, aquí hay sin duda gato encerrado. Pero decido no darle más importancia de la que merece. Al fin y al cabo se trata de Alex, y no me importan los líos en los que esté metido. Inevitablemente se cruza en mi camino y, como siempre, no puede simplemente seguirse de largo e ignorar mi presencia.

—¿Qué haces todavía aquí? —pregunta con las manos en sus bolsillos.

—¿Qué haces tú aquí? —me apresuro a cuestionar, entrecerrando los ojos.

—Pregunté primero.

—Mi mamá ya viene. —Por alguna razón siempre me ha dado vergüenza ser la única que se queda como tonta esperando en la banca—. En algún momento.

—Se olvidaron por completo de ti, ¿no es así? —acierta de una manera inquietante.



Tono Cristal

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En el texto hay: apuesta, amor, chicomalo

Editado: 29.07.2019

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