Eureka / Encontrarte fue sólo el comienzo

Tamaño de fuente: - +

C A P Í T U L O 4. «EL ROJO TE QUEDA MEJOR»

OLIVER

No he terminado de procesar las últimas palabras que dijo mi padre cuando de pronto mi teléfono comienza a sonar anunciando una llamada entrante.

Me levanto de la silla un tanto aturdido por la noticia sobre Alessa y mucho más por todo lo demás que dijo Richard sobre la salvaje y yo estando juntos bajo su aprobación.

«¿Me estará jodiendo?»

Camino de vuelta hasta mi cama para tomar el celular entre mis manos y contestar justo antes de que se vaya al buzón.

—Hola ¿Qué hay?

—¡Necesito un favor tuyo, princesa! —me pide Ed sin siquiera saludarme, mis labios forman una mueca al instante.

—¿Qué será...? —ruedo los ojos.

—Lisa cumple años mañana —me recuerda como si no lo supiera ya, ese ha sido el tema de conversación del último mes. En serio que está colado. Musito un «Ujum» por lo bajo para que continúe—. Bien, lo que sucede es que me compliqué aquí en la empresa con papá, tengo que culminar un proyecto urgente, y no puedo pasar a recoger las cosas que ordené para la fiesta ni el regalo que tengo preparado para ella. ¿Puedes ayudarme con eso?

—¿Acaso tengo opción? —suelto en un gruñido. Estos últimos días me los he pasado como un perro rabioso.

—Obviamente no, pero es descortés no preguntar por lo menos, amor mío —pronuncia muy apegado a su personalidad divertida y burlista.

—Dime lo que necesitas que haga —le pido, porque después de todo salir de la casa no me caería nada mal.

—Por eso es que te amo —se ríe triunfante al otro lado de la línea, tentando a su suerte y buscando que cuelgue la llamada y no le haga una mierda—. Te enviaré un mensaje con lo que debes ir a buscar y la ubicación. Cuando tengas todo lo dejas en mi casa.

—¿No quieres también que le decore el pastel?

—Mmm... bueno, juzgar por la decoración que le hiciste a los CupCakes de tu salvaje... yo diría que se te da muy bien, princesa —suelta entre risas, yo separo mis labios para mandarlo a la mierda, pero antes de que lo haga, él termina la llamada provocando que fulmine el teléfono con la mirada.

«Será imbécil»

A los cinco segundos recibo toda la información por medio de Whatsapp. El idiota de Ed ya lo tenía todo preparado, seguramente estando muy convencido de que iba a aceptar.

Me coloco la chaqueta que reposa sobre el respaldo de mi silla del escritorio, me calzo las botas y me paso las manos por el cabello antes de tomar las llaves de la Ducati que me gané en una partida de póker hace un mes atrás, cuando el imbécil con el que competía no consiguió otra cosa más que colocar sobre la mesa, y cometió el grave error de apostar su motocicleta.

Yo por supuesto, ya que lo vi tan empeñado en perder hasta su dignidad, fui lo más benevolente que pude, cumpliéndole sus deseos y ganándomelo todo.

Para que el mundo vea que no soy tan hijo de puta.

Salgo de mi habitación bajando las escaleras de caoba, le sonrío a Lupe quien está limpiando la cristalería que decora la casa, antes de cruzar la enorme puerta principal y atravesar los bien cuidados jardines frontales. El sol está en su punto, sin embargo, la brisa propia de la temporada me azota rozando mi piel y erizando mis vellos.

Camino hacia la motocicleta mirando hacia atrás y corroborando que en efecto mi padre cumplió su palabra y ya no hay nadie siguiéndome los pasos.

Me coloco el casco, los guantes de cuero, y me subo al asiento con las piernas a cada lado antes de encenderla y escuchar los rugidos que demuestran lo malditamente potente que es ésta máquina de dos ruedas.

Aunque cabe decir que a mí me van mucho más los automóviles, no lo puedo a negar. Nunca le he tenido especial afecto a las motocicletas, pese a que son mucho más versátiles para recorrer la ciudad sin sufrir el embotellamiento que ocasionan los vehículos convencionales, siempre las he visto como armas de doble filo. Son peligrosas. Por eso pienso venderla pronto, sin embargo, hoy me apetece correr un poco con ella y dejar que la brisa salada que llega desde la bahía, dé de lleno contra mi pecho pegándome la camiseta y haciendo volar mi chaqueta mientras recorro las avenidas llenas de palmeras que me llevan a mi destino.

Al cabo de quince minutos de respirar aire fresco, finalmente frente a mis ojos se alza una enorme infraestructura que pertenece a uno de los complejos comerciales más grandes de todo Miami.



Pao Molina

Editado: 05.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar