Expediente Saturno.

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xxiv. Epílogo.

EXPEDIENTE 35 - CENTRO FARK, HOUSTON.

NOMBRE: Emmeline Marie Hoffman.

EDAD: 17 años.

FAMILIARES: Lucille McLoyd y Bruce Hoffman.

FECHA DE INTERNACIÓN: 13 de Enero de 1987.

NÚMERO DE HABITACIÓN: 6, Planta alta, sección C.

ESPECIALISTAS A CARGO: James K. Morton (psiquiatra) y Jacob R. Turner (psicólogo clínico).

DIAGNÓSTICO: Esquizofrenia paranoide. La adolescente en cuestión presenta comportamientos de aislamiento social, agitación, falta de autocontrol, movimientos repetitivos, delirios, desorientación, creencia de que los pensamientos no son propios, euforia, sensación de desconexión con sigo misma, alucinaciones frecuentes, paranoia, y miedo.

MEDICACIÓN ASIGNADA: Antipsicóticos y rehabilitación neuropsicológica.

TIEMPO DE INTERNACIÓN: Indeterminado.

La secretaria guardó el expediente de la nueva paciente en el archivero. Digirió los últimos trozos de tostadas y bebió un poco de café que ahora estaba algo frío por el tiempo que había pasado sobre la mesa ratona que tenía a un lado de ella, reacomodó sus papeles por color sobre su escritorio de vidrio recién comprado. Una de las ventajas del nuevo centro en el que trabajaba. Estiró sus piernas y revisó sus tobillos. Últimamente tenía dolores en esas partes y tal vez pensaba en que sería buena idea visitar a algún médico amigo. Mientras terminaba de realizar sus estiramientos y analizar las posibilidades de daño, observó como el mejor psiquiatra del centro se aproximaba a la señorita de negro en la sala de espera.

James la saludó tendiéndole su mano, lo cual era extraño, no solía establecer contacto con otras personas, prefería mantener distancias con los familiares de los pacientes debido a que les parecía demasiado susceptibles e impredecibles a alguna muestra de comprensión por parte del médico, él no buscaba amigos y no quería que ellos pensaran que lo era, por esas razones solo aparecía en situaciones extremas; cuando el paciente estaba al borde de la muerte o ya estaba muerto.

─ Sé que esto debe ser menos que un placer pero es normal su situación, señorita McLoyd, mi nombre es James Morton, soy médico psiquiatra y estoy a cargo del caso de su hija, y no es propio de mi persona dar presentaciones pero creo que la situación lo amerita─la voz gélida del doctor y sus ojos azules vacíos le causaban una sensación de inseguridad a Lucille, pero como el hombre poseía un título universitario y una carrera confiable, decidió descartar sus vacilaciones y responder a todo con completa sinceridad.

─ No comprendo, ¿a qué se refiere con que lo amerita? ─interrogó con una mezcla en su pecho de culpa y confusión que parecía carcomer su rostro, estaba débil e inestable, probablemente por su mente se cruzaban miles de ideas disparatadas sometidas por la angustia.

─ ¿A qué me refiero? Su hija es uno de los casos más extraños y enigmáticos en los cuales probablemente trabajaré, sería irrespetuoso no presentarme con su madre, supongo entonces, que esta situación la tiene bastante afligida, pero no debe preocuparse. El centro Fark es uno de los mejores de Galatea─informó, su tono había cambiado, ahora parecía más arisco, como sí el hecho de que la madre de su paciente fuera tan ingenua ante sus tan comprensibles palabras.

─ No podré pagar el centro, sólo quiero saber los de las alucinaciones, ¿podrán detenerse en algún momento? ─consultó dándole vuelta a la cinta que se desprendía de su vestido. El hombre meditó su respuesta unos segundos antes de cometer algún error.

─ No lo sabemos, Emmeline necesitará de tiempo y mucho esfuerzo para poder estabilizarse, por el momento está en medio de un cuadro de euforia. Debemos hacerla regresar a la Tierra─alegó, de sus palabras dudó hasta él, pero la señora no tenía apoyo donde caer y lo único que le quedaba era creerle.

─ ¿Dónde está ahora? ─preguntó con ingenua esperanza en su voz aún perdida entre el bullicio.

─ En Saturno ─afirmó el médico, Lucille parpadeó varias veces y analizó la posibilidad de volver a realizar su pregunta, pero Morton no parecía en posición de volverla a responder, entonces su réplica fue el silencio vacío y roto de una madre desorientada.

Entonces la señorita McLoyd, aún atónita palpó el ambiente buscando el soporte de algún mueble en el cual apoyarse o algún asiento para sentarse y pensar mejor la circunstancia, pero sólo había ausencia y el sonido de los murmullos; de doctores y locos.

─ Acérquese y dígame, sí le dijera que hay posibilidad, aunque sea la más minima, de sacar a Emmeline de allí, ¿usted me daría el permiso de hacerlo? ─de la nada, la voz del doctor se vio dulce y melódica, la señora levantó la mirada y con sus ojos hechos de lágrimas sólo pudo asentir ante su proposición─ Es experimental, ─siguió─Lo hemos trabajado este último tiempo con mis colegas, pero para esta enfermedad no hay cura, la mente de su hija, es una tormenta en este instante, y la tormenta será eterna.



Lia Wolfhard

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En el texto hay: investigacion, casos sin resolver, amor lgbt

Editado: 16.07.2019

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