Falling in Love Magically

Размер шрифта: - +

Capítulo 8 - Eliot

Me encontraba recostado contra los casilleros en una esquina oculta a simple vista para poder mirarla caminar hacia su próxima clase sin que se diera cuenta de que la observaba. La forma en que ella había actuado cuando me senté en su mesa fue muy rara y un poco hiriente, tal vez estaba sintiendo lo mismo que yo y no estaba dispuesta averiguar qué diablos nos estaba pasando. Suspiré, no podía dejar de mirarla, aunque lo intentará, era como si mis ojos fueran atraídos hacia ella. Como si fuera el centro de mi vida y girará a su alrededor, rodeé mis ojos por ese pensamiento ilógico.

Todo lo que estaba sucediendo al verla no lo comprendía, ni mucho menos como mi cuerpo reaccionaba de esa manera tan insólita cada vez que nuestras miradas se encontraban. Era algo fantástico sentir las cosquillas subir por mi cuerpo, no podía describir la sensación exactamente, pero era algo muy diferente a cualquier sensación que hubiera sentido antes, y nunca con una chica o con una simple mirada, solo con ella sucedía.

Con mis exs novias nunca tuve esa sensación, tal vez lujuria, las hormonas alborotadas y las mariposas que todos sentíamos al comienzo de una relación, pero nada comparado con lo que sentía solo al verla. Era algo más, no llegaba a entender qué, pero era algo más, mucho más lejos que una simple lujuria o un amor fugaz. Mi móvil sonó y me sacó de mis pensamientos, sacudí mi cabeza mientras lo extraía de mi bolsillo, bufé al ver el nombre de mi padre tintineando en la pantalla.

No quería hablar con él, nuestra relación no era mejor después de que se divorciara de mi madre. Ella se había recuperado milagrosamente del cáncer que le habían diagnostico meses antes, y estaba muy feliz de que haya derrotado una de las enfermedades más catastróficas del mundo. Después de su curación, mi madre decidió que quería el divorcio y después de una larga disputa legal, y de muchas comparecencias frente a un juez por mi custodia y la separación de bienes del matrimonio, ella obtuvo su apreciada libertad a cambio de mi custodia, la había cedido sin pensarlo dos veces a mi padre cuando la tinta de su separación todavía estaba fresca en el papel.

Tenía dieciséis años cuando la única familia que tenía y conocía se quebró por la mitad, cada uno había tomado una decisión y yo era quien pagaba los platos rotos. Resoplé dándole al ignorar, no tenía los ánimos ni la fuerza para escuchar lo que sé que tenía que decirme, sabía muy bien que cuando llegará a casa iba a recibir un sermón de siempre responder cuando él me llamaba, que podía ser urgente y bla bla bla.

Cuando mi padre había sido trasladado, por motivo de su trabajo, a este pueblo olvidado por Dios no tuvo ni el cinismo de preguntar si estaría de acuerdo con dejar mi vida en la costa este para venir a vivir a un lugar con casi tres mil habitantes y donde todos se conocían desde los pañales. Sería el chico nuevo en mi último año de escuela y lo odiaba con fervor, no estuve muy feliz de hacer maletas y dejar todos a mis amigos atrás, solo porque mi padre quería un nuevo comienzo. El traslado solo había sido la excusa perfecta para él, para huir de los recuerdos.

Mi padre era tonto, uno nunca podía huir de los recuerdos, esos siempre estaban en nuestras mentes y corazones. Me encontraba a mes de cumplir la mayoría de edad, algún pequeño respiro en la correa que sentía en mi garganta, después del divorcio mi padre no había vuelto a ser el mismo. Ya no era el hombre que siempre sonreía y amante a los deportes, aquel que iba a mis partidos y estaba cuando lo necesitaba, ahora solo era el cascarón de la persona que solía ser, siempre estaba enojado y gritaba cuando las cosas no salían como deseaba.  A veces sentía que él ya no era mi padre.

Sacudí mi cabeza cuando mi móvil volvió a sonar, rodeé mis ojos esperando ver la palabra padre en la pantalla y me llevé la sorpresa de mi vida al ver el nombre de mi madre destellando, hace mucho que no recibía una llamada de ella así que empecé a caminar mientras deslizaba el dedo por la pantalla y llevaba el teléfono a mi oreja.

  ─Hola, mamá ─saludé intentando sonar feliz y no sorprendido.

  ─Hola, Eliot ─escuché la sonrisa en su voz─, ¿cómo estás, hijo mío?

  ─Bien, ¿y usted? ─pregunté por cortesía.

  ─Feliz ─rió─. ¿Cómo está Arizona?

  ─Es Connecticut, madre ─rodeé los ojos, le había dejado un mensaje informándole que nos estábamos mudando.

  ─Oh. ¿Cuándo se mudaron?

  ─El fin de semana ─llegué a mi casillero y lo abrí mordiendo mi lengua para no decir algo que lastimé a mi mamá.



Kath

#22 в Joven Adulto
#43 в Fantasía
#15 в Magia

В тексте есть: amor, brujas, magia

Отредактировано: 20.04.2018

Добавить в библиотеку


Пожаловаться




Books language:
Interface language: