Falling in Love Magically

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Capítulo 2 - Alana

Llegué a la secundaria y suspiré mirando el hormigón, esa sería mi cárcel personal por los siguientes meses. ¡Qué felicidad!, pensé con sarcasmo. Dos grandes edificios me saludaron mientras empujaba la puerta para entrar, los alumnos de último año tenían clases en el edificio de adelante mientras que los de años más bajo estaban en el nuevo que quedaba atrás de donde yo recibiría clases.

Días anteriores había recibido la clave de mi casillero y su ubicación, podía dejar algunas cosas ahí, no quería andar con la mochila pesada todo el día. Caminé por el piso de linóleo gris haciendo un feo sonido con mis zapatos, fui directo a mi casillero, lo abrí sin demorar y empecé a guardar mis cosas dentro de él, algunos libros más que todos. Los profesores siempre tenían el mejor ánimo para empezar con las clases mientras que nosotros los estudiantes queríamos huir de ese lugar. Mi madre decía que no todos podemos estar felices por las mismas situaciones.

  ─La alegría de unos, es la tristeza de otros, Alana ─me dijo cuando era pequeña─, no todos somos felices por las mismas cosas.

Esa frase se había quedado guardada en mi mente todo este tiempo, y en ese momento era la mejor. Los profesores felices, los estudiantes tristes. Ironías de la vida. Suspiré y revisé mi horario de clases, la primera clase sería cálculo, los números alegraban el día, pensé con sarcasmos, tampoco eran mis mejores amigos, pero tenía que estudiarlos.

  ─Escuchaste que hay un chico nuevo ─dijo alguien pasando junto a mi casillero.

  ─Eso oí ─dijo otra voz.

  ─Está caliente ─rodeé mis ojos y bufé─, voy a conquistarlo.

  ─Estoy segura de que lo consigues.

Ambas rieron, era ese tipo de risa que hacían que los oídos te zumbaran, era como las uñas en una pizarra, muy molestoso. Tuve que reprimir las ganas de gruñir en voz alta. Las jóvenes de mi edad solo pensaban en dos cosas, en chicos y en más chicos, hasta la ropa quedaba en segundo lugar cuando había personas del sexo opuesto a diestra y siniestra, a veces era cansado y tedioso escuchar lo mismo y lo mismo todos los días. Sino era sobre amor, era sobre sexo, ambos términos me volvían loca. Los adolescentes eran un cúmulo de hormonas alborotadas. Más lejos de ellos, sería feliz. Cerré mi casillero de golpeé y coloqué el código, giré en mis talones, alcé mi cabeza rápidamente y el aire abandono mis pulmones, fue como un golpe en mi estómago, me encontraba vacía.

Sentí un extraño cosquilleo subir por mis pies hasta llegar a mi cabeza, mis ojos se encontraron con unos ojos azules y la persona poseedora de ellos se congeló al medio paso que iba a dar. Ambos nos quedamos estáticos mientras los demás seguían caminando y hablando a nuestro alrededor como si nada, como si no supieran que mi vida iba a cambiar ese día. Mi corazón dio un salto haciendo asustar, nunca antes había hecho algo así, todo esto era demasiado confuso y me sentía asustada, quería dar media vuelta y huí, pero era como si algo me detuviera de hacerlo, eran sus ojos.

Alguien colocó una mano en mi hombro dándome un susto de muerte, el chico seguía mirándome sin entender que estaba sucediendo entre nosotros. Tomó mucho esfuerzo de mi parte para desviar mi mirada de él y el trance en el que estamos se rompió como una burbuja de jabón al tocar el suelo, tomé una fuerte respiración y giré lentamente hacia la persona que me había sacado de mi embobamiento.

Suspiré aliviada al ver a mi mejor amiga, le sonreí agradecida por haber sacado de esa rara y espeluznante situación. Rachel era hermosa, tenía el cabello rubio y los ojos de muñeca de color celeste, era un poco más alta que yo y siempre le gustaba vestirse con faldas que le llegaban a la rodilla mientras ocultaba su cuerpo con grandes suéteres, éramos amigas desde el jardín de niños y nos llevamos muy bien. Sus padres siempre decían que parecíamos más hermanas que amigas.

Estaba segura de que, si ella no hubiera aparecido en el momento correcto, tal vez yo estaría siendo juzgada y quemada en la hoguera como en la edad media. Está bien, no de esa manera exactamente, pero si sería tachada de fenómeno o de rara, quizás fuera investigada y llevada a un manicomio o mucho peor que el gobierno empezara a experimentar con mi raza.

  ─¿Estás bien? ─preguntó preocupada.

  ─Sí ─asentí apretando el libro de cálculo sobre mi pecho y saliendo de mis pensamientos.

  ─¿Segura? ─me miró de pies a cabeza─. Te ves un poco pálida, Alana. ¿No quieres que te lleve a la enfermería?



Kath

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В тексте есть: amor, brujas, magia

Отредактировано: 18.04.2018

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