Falling in Love Magically

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Capítulo 3 - Alana

 ─Hola, guapas ─dijo Josh dejándose caer en el asiento frente a Rachel.

Nos encontrábamos en nuestra mesa de siempre en el comedor interior de la secundaria, por suerte los tres teníamos la misma hora de receso, por lo menos si nuestras materias no coincidan teníamos algún tiempo juntos. Josh era el típico nerd, utilizaba lentes y su cabello estaba desordenado, era como si recién se hubiera levantando de la cama, era una de las personas más inteligentes de toda la secundaria, aunque siempre le restaba importancia a sus notas.

 ─Hola ─murmuré mirando mi plato. Había tenido una pésima mañana.

 ─Hola, Josh ─sonrió Rachel utilizando ese tono meloso exclusivo para él.

Josh había sido nuestro compañero en una actividad de grupo el año pasado y desde ahí empezó a comer con nosotras, al principio fue raro, siempre habíamos sido Rachel y yo, y tener que ser tres fue un choque a nuestra rutina, lo bueno es que nos acostumbramos a tenerlo cerca, era una muy buena persona.

Él estaba interesado mucho en Rachel y mi amiga no le era indiferente, siempre estaban enviándose sonrisitas tontas el uno al otro. Sin embargo, ambos eran tan tímidos que no podían hacer un movimiento hacia el otro y confesar de una vez por todas lo que sentían. Yo rodaba los ojos cada vez que los veía interactuar y no hacían nada al respecto. A veces, tenía las locas ganas de lanzar un hechizo de amor entre ellos para que por fin estuvieran juntos como pareja y que la magia se encargara de todo lo demás.

 ─¿Cómo las ha tratado el primer día, bellas damas? ─preguntó mientras yo alzaba mi cabeza, no me perdí el guiño que le había dado a Rachel y como ella se sonrojaba por completo.

 ─Mal ─mascullé mientras que Rachel decía─: Bien.

 ─¿Qué sucedió Alana? ─preguntó Josh.

 ─De todo ─llevé una cucharada de mi ensalada de papas a mi boca.

Josh miró a Rachel por una explicación y mi amiga sonrió tímidamente hacia él, agarró su botella de agua y tomó un gran sorbo antes de contarle que había sucedido. En la clase de cálculo fui la gran afortunada de tener que resolver un ejercicio en el pizarrón, me quejé varias veces e inventé excusas para no pasar, aunque podía utilizar magia para que hacer que se olvidara de mí, pero no la utilice. Sin embargo, el profesor no iba a ceder, así que después de unos largos y tediosos minutos, decidí a regañadientes pasar al frente.

Después de hacerlo y llevarme una felicitación del profesor haciéndome que me encogiera en mi gran sudadera, mis zapatos decidieron resbalarse por el linóleo y tuve una espantosa caída que todo el salón vio y rió. Me había puesto roja antes de levantarme y correr a mi asiento, me dolía toda mi parte trasera del golpe y sabía que mi día solo iba a empeorar cada vez más. Solo quería terminar lo más pronto posible para ir a casa y refugiarme debajo de mil cobijas, y olvidarme para siempre de ese horroroso día.

 ─¿Viste al chico nuevo? ─preguntó Rachel con curiosidad a Josh.

 ─Sí ─asintió de mala gana e hizo una mueca─. Tuvimos historia juntos.

 ─¿Es tan guapo como dicen? ─mi amiga miró a su bandeja de comida mientras apretaba sus labios juntos con impaciencia.

 ─Puede ser ─Josh se encogió de hombros y miró a otro lado─, tampoco es que me esté fijando en chicos.

Suspiré mirándolos, podía notar a simple vista que Josh estaba celoso, muy celoso de que Rachel preguntara por alguien más, y más aún que ese alguien más fuera un chico. Me sentí mal por él, pero al estar en una secundaria con muy pocos estudiantes y donde todos conocían a todos, un chico nuevo era el revuelo de chismes y susurros en los pasillos. Nadie esperaba que alguien viniera al pequeño pueblo de Chester, en el lejano Connecticut.

Muchos teníamos el sueño de dejar atrás al pueblo y conocer el mundo, tal vez vivir en las grandes ciudades que nunca dormían o disfrutar de esas maravillas que solo se veían en películas o en fotografías en el Internet, nadie lograba entender porque alguien a voluntad propia quisiera venir a vivir a este pueblo olvidado por Dios.

Le había preguntado a mi abuela porque no nos íbamos del pueblo, a buscar un lugar donde hubiera más personas, ella había contestado que era mejor estar lejos de la civilización cuando eras alguien como nosotras, los pueblos pequeños eran un sitio cómodo para vivir y a la vez peligroso, si no sabías como mantener tus manos atadas, yo había fruncido el ceño por esa paradójica explicación.

Siempre tuve la sensación de que Chester estaba demasiado escondido del ojo curioso y principalmente alejado de donde sea que mi padre viviera, era como si el pueblo mantuviera el secreto de quien era y él no pudiera venir a buscarme.



Kath

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В тексте есть: amor, brujas, magia

Отредактировано: 10.06.2018

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