Febo... La historia de una bruja malvada.

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Segunda parte.- La princesa retorna.

Hizo una reverencia cuando su padre posó su mirada en ella, sus lacios cabellos cayeron por sus hombros. Sus manos temblaban mientras apretaban la tela de su vestido rosado.

-Sarah. Estamos tan felices de que al fin, estés con nosotros... donde perteneces. – dijo su padre.

Ella sonrió, sintiendo su corazón latir con rapidez. Había esperado este momento durante dieciséis años.

-Gracias, mi señor... no tengo palabras para demostrar mi alegría...

-Bien...yo he cumplido ya. – Soltó su madre con voz fría. El corazón de Sarah se detuvo u memento, entro en pánico. Su madre la dejaría ahora, aquí, en un palacio desconocido con personas desconocidas.

El rey no dijo nada, simplemente miro a Febo con una especie de odio.

Frente a ellos estaban el rey Adam, de mirada dura y barba castaña sentado en un enorme trono, la reina Matilda, una mujer rubia y de piel pálida que lucía mucho más vieja de lo que en realidad era, con el porte que solo una reina puede tener, y Erick, el príncipe, rubio, de ojos azules como los de Sarah, prueba de que la misma sangre corría por sus venas. Erick no parecía muy feliz de verla, en realidad, parecía molesto y lanzaba a Sarah miradas de odio cada vez que sus miradas se cruzaban. Y Elmerick el lúgubre mago real, en una de las esquinas oscuras.

-Aladin, se quedara con Sarah como su protector.

-¡No! – Soltó Adam – No permitiré que uno de tus secuaces se queden en mi palacio.

-Es el protector de Sarah siempre lo ha sido, temo que sin él... la princesa se sienta... totalmente sola.

-Estará con su familia, el muchacho no le será necesario.

Sarah miro a su madre y Al con desesperación, al ver esto, Adam soltó un suspiro y permitió que Al se quedara también.

Sarah agradeció con otra reverencia, y no paso por alto el bufido que Erick soltó.

Con las presentaciones hechas, Febo desapareció entre humo verde. Simplemente se fue...

Sarah aun no terminaba de sorprenderse por la abrupta partida de su madre cuando el rey se levanto y se acerco para darle un abrazo.

-Hija... te he esperado por dieciséis años... y al fin... estas con nosotros.

El cálido abrazo y las palabras de su padre le ablandaron el corazón. En secreto, siempre había querido conocer a su padre, saber cómo lucia y como hablaría... como la trataría y ahora... ahora al fin lo sabía.

El mismo rey la llevo a conocer su habitación. Su pequeño bolso de viaje café desentonaba tanto ante tal magnificencia. En cambio ella, con su vestido rosado y su porte gallardo, entonaban perfectamente. Como si hubiese vivido ahí toda la vida.

-Espero sea de tu agrado, yo mismo mande a hacer los grabados y las pinturas, solo para ti. – soltó el rey con orgullo.

-Muchas gracias mi señor, por tomarse tantas molestias.

-Nada de eso... llámame padre.

-Gracias... padre. – por un momento, la vida de Sarah fue mágica... bueno... mas mágica de lo usual... se sentía como una... princesa. No como la princesa que siempre había sido sino como... una princesa de los cuentos que Al solía relatarle.

Un carraspeo la hizo salir de su fantasía.

-¿Y mi habitación? ¿Puedo preguntar en donde esta?

El rey se volvió y con mirada asqueada soltó:

-Ah claro, tú habitación... como comprenderás no preparamos una pues no sabíamos que te quedarías también... pero, de inmediato mandare que te preparen una...

El rey la dejo para que se arreglara para la cena.

-Al, ¡esto es increíble! – soltó Sarah casi brincando de felicidad. – ¡Mira esto! – dijo abriendo el armario para encontrar decenas de vestidos de colores.

-Sarah, recuerda que...

La princesa se volvió y lo miro con fastidio.

-Lo sé, lo sé... no debo confiar en él.

-Tu madre te envió aquí a hacer algo...

-Así es... - se lanzo sobre la cama, suave y limpia – pero... déjame disfrutar hoy... mañana... comenzare con el plan. 

 



Frann Gold

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En el texto hay: bruja, bruja antes de ser malvada, bruja malvada

Editado: 14.01.2020

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