Febo... La historia de una bruja malvada.

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El rey

Los días siguientes al entierro de los reyes fueron un caos, Febo no hacía mucho, todo el mundo estaba tan inmerso en sus ocupaciones que nadie se fijaba en la lúgubre hechicera, lo cual representaba un alivio para ella, no podía con la culpa y el temor de que alguien la descubriera.

La mañana de la coronación, apenas dos días después de que los reyes yacieran bajo tierra, Febo apareció en el dormitorio del príncipe.

Adam la miro sorprendido, no acababa de acostumbrarse a la presencia de la mujer entre humo verde.

-Febo ¿Qué haces? No aparezcas así.

-Lo lamento, tenía que verte… - soltó algo temerosa.

-¿Qué sucede? – Adam se acerco a ella y la tomo por los hombros.

-Es solo que… la culpa, está acabando conmigo Adam… no puedo soportar… yo… asesine… a mis monar…

-Shhh – Adam cubrió su boca con su mano. – No digas eso jamás Febo.

Febo asintió, nerviosa.

-Lo lamento. – pasaron unos segundos en silencio. Adam se volvió y continuo vistiéndose.

-Hoy es un día especial.

-Sí, lo es… - el príncipe parecía orgulloso, mucho más de lo usual. –Hoy seré rey.

Febo bajo la mirada. Rey… pero a qué precio…

Adam pareció notarlo, su mirada cambio, a una cálida, y se acerco a Febo de nuevo.

Tomo sus hombros, con ternura esta vez y poso su frente en la de la hechicera.

-Todo esto, es por nosotros… todo esto… es por el bien de Encantidea.

Febo asintió, cerro sus ojos y dejo que Adam la consolara con su calidez. Lo había extrañado tanto los pasados días, no la había visitado y ella a él tampoco, quería respetar su duelo, después de todo, había enterrado a sus padres.

Lo miro y sonrió. En sus ojos oscuros se mostro el orgullo.

-Serás un gran rey.

Adam sonrió de lado.

-Lo sé.

 

 

Febo observo a Adam caminar hasta el trono. Su capa roja de terciopelo lo hacía verse tan gallardo. La corona atestada de rubíes le quedaba a la perfección. Era el rey.

La hechicera casi soltó un par de lágrimas. Amaba a Adam más que a su vida. Verlo realizar sus sueños representaba todo para ella, la lleno e orgullo que gracias a su magia él hubiese podido llegar hasta ese trono.

Febo esperaba que esa misma noche, en el baile en celebración al nuevo rey, Adam la proclamara como su futura esposa, o al menos, que diera a conocer su relación. Pero las horas pasaban, mientras ella en un rincón lo miraba ir y venir, charlando con los duques, condes y demás cortesanos. De pronto, el corazón de Febo se detuvo. Las puertas del salón e abrieron, dando paso a una comitiva elegantemente ataviada.

En el centro de la multitud recién llegada, la princesa Matilda, en un vestido amarillo con plata, caminaba hasta Adam, con su esplendorosa sonrisa y sus pestañas revoloteando.

Febo trataba de pensar en Adam, y ella, yaciendo en la cama del príncipe después de amarse, cuando le susurraba que la amaría hasta que muriera. Si, la princesa Matilda no era nada para él… entonces ¿Por qué la recibía con tanto gusto?

Es su obligación, se recordó, después de todo… es su prometida aun. Seguramente Adam aprovecharía esta visita de la princesa para dar por terminado su compromiso.

Febo tomo aire cuando vio al ahora rey y a la princesa caminar con los brazos entrelazados hacia los jardines.

Se hizo más menuda de lo que de por si era y se arrincono aun mas en las sombras.

No debía seguirlos, no debía espiar, no… ella confiaba en Adam.

Pero sus dudas y celos la hicieron ir tras ellos de todas formas.

La princesa Matilda era tan hermosa. Su cabello era cálido, del color del sol, sus ojos, verdes como dos gemas y sus labios rosas. Era joven, aunque bastante aventurada en los temas de amor, por ahí se decía.

Febo los miraba caminar desde las sombras, parecían dos enamorados, para ojos extraños eso eran, un par de jóvenes enamorados tomados de la mano. De pronto, pararon de andar, sus sonrisas eran resplandecientes, sus labios se unieron y Febo pudo escuchar el tronido de su corazón al romperse.

No pudiendo soportarlo más, salió de su escondite, ellos ni siquiera se dieron cuenta de su presencia hasta que estuvo demasiado cerca. Sonrió como si fuese una casualidad haberlos encontrado, aunque la mirada que le dio al rey era helada.

Adam hincho el pecho.

-Febo… nuestra hechicera real… Matilda, no recuerdo si has tenido el honor de conocerla en alguna de tus anteriores visitas.

-No en persona, aunque he escuchado mucho de ti – soltó la princesa más que amable – me han contado que haces los más hermosos vestidos. Oh, no puedo esperar a ser reina, y tenerte como mi hechicera.

Febo ni siquiera respondió, ni siquiera sonrió, miro a Adam quien parecía más que nervioso.

-Si… ammm, ya veremos. – La sonrisa de Adam era tensa y tras inclinar la cabeza a Febo como despedida continuo su caminata con la princesa de su brazo.

Febo se quedo ahí, en mitad del jardín y dejo que un par de lágrimas mancharan sus pálidas mejillas.



Frann Gold

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En el texto hay: bruja, bruja antes de ser malvada, bruja malvada

Editado: 14.01.2020

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