Febo... La historia de una bruja malvada.

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El verdadero Adam

Adam entro en sus aposentos cuando el castillo quedo en silencio.

-Febo… escucha – le suplicaba.

La hechicera ni siquiera lo miraba, se dedico a ver los jardines por la ventana de su alta torre.

-Aun no puedo decir nada de lo… nuestro. Tengo que seguirle el juego a Matilda… solo por un tiempo más.

-¿Por qué?

-Su pueblo, tiene un enorme ejército. ¿Qué crees que hubieran hecho si la hubiese rechazado esta noche? Una guerra es lo último que quiero en mi primera noche como rey.

-No tenías que besarla.

-Ella me beso, no podía apartarla, por más que quisiera.

Febo resoplo, recordando el beso entre la princesa y el nuevo rey.

-Febo – el rey la tomo por los hombros y acaricio sus brazos suavemente – sabes que te amo, no dudes jamás de mi amor… pero ahora… como rey… tengo otras prioridades.

-¿Y cando harás publico lo nuestro? Por eso hicimos esto… por eso yo…

-Pronto. Lo prometo.

-Haz que se vaya.

-En cuanto me sea posible.

Adam beso su hombro, su cuello y su mejilla, lentamente, sin ninguna prisa. Febo aun estaba molesta con él, pero sus besos tenían algo, que la desarmaban. La hacían olvidar todo. Así que no se resistió.

Cuando despertó, como era lógico, Adam no estaba a su lado.

Febo tuvo que soportar ver a Adam del brazo de la princesa Matilda por un par de semanas más. Cada noche, el príncipe subía a sus aposentos y le aseguraba que todo era por el bien de la paz del reino. Que no tenía ningún interés por la princesa y que pronto la mandaría a su reino, del que no volvería.

-¡Pero es por esto que asesinamos a los reyes! – grito la hechicera una noche, ya harta de la situación. – Para poder estar juntos…

Adam la tomo por la mandíbula con fuerza, había algo terriblemente oscuro en sus ojos.

-Jamás… repitas eso… ¿escuchaste?

-Me lastimas.

-No “asesinamos” a los reyes… tú lo hiciste Febo… tú fuiste quien entro en sus aposentos reales y vertió el veneno en su jarra. Yo… estuve cabalgando la mañana entera.

Un par de lágrimas cayeron de los ojos de la hechicera.

-Tú me pediste que lo hiciera…

-¿Yo? ¿Estás demente? ¿Por qué lo haría?

-Adam…

-¿Por qué lo haría? – soltó furioso, apretándola aun más fuerte.

-Para poder estar juntos…

Entonces soltó una fría carcajada.

-¿Yo? ¿El príncipe, ahora rey de Encantidea con la hechicera oscura y demacrada de la torre?

Febo sintió como su corazón estallaba dentro de su pecho.

-Adam…

-Nadie te creería… podrías incluso ir a la horaca por difamar el nombre de tu rey.

Adam la lanzo contra el frio suelo en donde la hechicera permaneció, tratando de calmar sus lagrimas, sin fuerzas ni siquiera de levantarse.

El rey se puso en cuclillas y tomo su mentón, con delicadeza esta vez.

-Ahora Febo, no me hagas enojar. Tú… y yo… esto – dijo señalándose a sí mismo y después a ella – esto, tal vez haya afuera no lo comprendan pero es real. ¿De acuerdo? No importa lo que pase… sabes que te amo ¿cierto?

Febo no respondió, estaba demasiado ocupada pensando en que había visto dos Adams, demasiado rápido como para saber cual era en realidad el real.

-¿Lo sabes, Febo? – pregunto de nuevo tomando su mandíbula con fuerza otra vez.

-Si… - soltó la hechicera.

-Bien… - Adam golpeo su mejilla un par de veces, sin afán de herir realmente pero con la intención de dejar en claro, que podría hacerlo. – Esa es mi chica.

El rey salió de la torre de Febo dejando una pesada tensión. Febo sentía mucho frio y se dio cuenta de que estaba temblando. Adam acababa de golpearla y amenazarla, ese no era el chico del que se había enamorado y estaba empezando a pensar que el chico amable y dulce del que se había enamorado, jamás había existido.

La noche siguiente, Adam llego a sus aposentos, como si nada hubiera pasado. Sonriendo y bromeando, como si no se hubiera pasado la tarde entera sonriéndole y acariciando a la princesa Matilda.

Febo frunció el ceño cuando la quiso besar.

-Apestas a licor.

-Los chicos y yo… estábamos celebrando…

-¿Qué celebraban? – pregunto de brazos cruzados.

-Escucha… esto sonara mal al principio… pero… recuerda que todo, todo lo que hago, es por el bien de Encantidea…

Febo levanto una de sus negras cejas.

-Me he… comprometido con Matilda.

-¿Qué? – fue apenas un murmullo.

-En realidad estamos comprometidos desde que nacimos, solo le hemos puesto fecha a la boda.

A pesar de todo lo que Adam había demostrado ser, el amor de Febo no podía simplemente marchitarse. Y esto le rompió el corazón… por tercera vez.

-Lo sé… lo sé… pero escucha… el reino de Matilda es rico en recursos… en… minería… y… muchas otras cosas. El nuestro… no lo es tanto.



Frann Gold

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En el texto hay: bruja, bruja antes de ser malvada, bruja malvada

Editado: 14.01.2020

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