Febo... La historia de una bruja malvada.

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En la plaza

 

Febo despertó al ser arrastrada por un par de guardias. Todo daba vueltas, estaba confundida y asustada... ¿en dónde estaba? ¿Por qué era arrastrada...?

Todo llego a ella de golpe. Adam... los guardias, las crueles palabras del rey...

Se dio cuenta de que la llevaban por la plaza... hacia... la horca.

¡No!

Comenzó a retorcerse pero los guardias eran mas fuertes. La ahorcarían, y tal vez después quemarían su cuerpo, solo para estar seguros de que estaba bien muerta.

Su bebe...

La pequeña criatura que llevaba en su vientre, fruto del amor que sentía por Adam... él no debía de pagar por... por ella. por haber sido tan estúpida, por haber confiado en Adam.

Ella debía escapar, salvar a su hijo de morir, sin siquiera haber nacido.

Las personas estaban congregadas alrededor de la plaza, esperando a ver el morboso acto de ser muerte.

Malditos.

De pronto, Febo sintió la misma fuerza que había venido a ella en la torre. Tanta magia... jamás había sentido tanto poder.

Lanzo a los guardias volando, cada uno cayó a un lado de la plaza. Febo se levanto, vertía el mismo vestido que llevaba la noche anterior. Miro a todas direcciones hasta que lo encontró.

El rey estaba lejos de ahí. Sentado sobre un trono, esperando a verla morir.

Ella sabía que no llegaría pronto a él, no si tenía que pasar por entre la multitud. Por lo que decidió pasar sobre ellas.

El rostro de Adam fue magnífico. Pánico total. Y el de la reina... oh, sin tan solo existiese alguna forma de plasmar un momento para siempre...

Febo casi sonrió, pero pensó que eso le quitaría seriedad al asunto, después de todo, nadie reía.

Una vez que llego hasta él, lanzo a todos los guardias lejos, cada uno cayó con fuerza sobre el suelo de piedra. Ella no dejo de ver al rey en ningún momento. Y a pesar de que quiso gritar estas palabras, solo un susurro salió de su garganta.

-Mandaste matarme... querías matarme... a... nuestro hijo.

El rey abrió la boca pero Febo sabía lo que saldría de ella, solo mentiras, por lo que levanto la mano y lo silencio.

-Hubieras sido todo... todo lo que alguna vez soñaste... conmigo de tu lado. Pero ahora... - se permitió lanzar una sonrisa torcida porque simplemente esto era tan satisfactorio – ahora sabrás lo que es el infierno, maldito.

La reina soltó un chillido. Algo que debió haber evitado, porque solo llamo la atención de Febo.

La miro, poso sus ojos en ella sin mover un ápice del resto de su cuerpo.

-Y tú... reina mía... ¿quieres lucir lindos vestidos? ¿Si? ¿Es lo único que te importa? – soltó con falsa dulzura. – Bien...

La reina comenzó a negar, totalmente horrorizada de lo que Febo haría a continuación.

-Les daré un valioso consejo... - soltó en voz alta, para que la escuchara todo el pueblo – Nunca... sean tan estúpidos... - soltó esto mirando al rey, quien seguía sin poderse mover, Febo le tenía sujeto de la mandíbula con sus largas y negras uñas – como para molestar a una bruja... Mucho menos... si esta... espera un hijo vuestro.

Los ojos del rey se abrieron con intensidad y el pueblo entero contuvo un grito.

-Ahora... sus majestades... acabo de recordar... que jamás les di mi regalo de bodas...

Ambos reyes negaron, suplicando con la mirada que se guardara su regalo. Pero ella sonrió, mostrando todos sus blancos dientes.

-No sean modestos, no es ninguna molestia... mi regalo para ustedes... será... mmm, ¿Qué se les puede dar a una pareja que... ya lo tiene todo? Oh, ya se... tendrán, la peste.

La reina grito, el rey trato de hacerlo pero solo salió un sonido extraño por su garganta.

-Oh, pero descuiden... no morirán... no, no, no, yo lo prohíbo. Padecerán, si. Pero no podrán morir... aunque rueguen por el descanso eterno... sus cuerpos no perecerán. – Mientras su maldición se efectuaba, una nube verde comenzó a cubrir el cielo azul.

Febo soltó al rey y se irguió cual alta era, solía encorvarse, porque su altura solía darle vergüenza... hasta que una vez Adam le había dicho que las mujeres altas le gustaban, entonces no lo hizo más, no era necesario, Adam era mucho más alto que ella, y junto a él se sentía... pequeña. Ya no más. Ahora se sentía grande, y veía a Adam como lo que era. Un insecto, al que ella aplastaría... no sin antes cortarle las patas, las alas... y al final... solo al final... solo hasta haberlo hecho sufrir tanto que sus gritos la fastidiaran... cortaría su cabeza.

Así que se alejo, con pasos lentos... se alejo hasta que llego al bosque, en el que se adentro, poco a poco. Sabía que no la seguirían y los retaba a que lo hicieran. Aun había mucha magia en ella por liberar... pero poco a poco, todo a su tiempo... la venganza es un plato que se sirve... frió... y verde.



Frann Gold

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En el texto hay: bruja, bruja antes de ser malvada, bruja malvada

Editado: 14.01.2020

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