Feliztreza

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I.-Libre

¿Qué es lo que piensan esos hombres al venir a un lugar como este? Era una pregunta estúpida de mi parte, podía ser por muchas razones, la mayoría de los hombres que iban a ese prostíbulo eran casados, viejos, y repugnantes que daban asco. Como decía, algunos eran casados con esposas, hijos, una familia “feliz", entonces ¡¿porque perdían el tiempo yendo a ese sucio lugar?! y si ellos ya tenían todo lo que un día yo soñé.

¿Algún día podría salir de ese lugar?

Poder respirar aire puro, no humo de cigarrillos.

Ver la luz natural del sol, no luces multicolores y a punto de quemarse.

Comer hasta donde ya no pueda.

Salir a fiestas.

Pasar días especiales con las personas que más quería, sentir lo que de verdad es libertad.

Soñar no cuesta nada.

—Mira.

Un susurro poco audible provino detrás de mí, antes de que pueda ver a la dueña de aquella voz proveniente, alzó su mano señalando la entrada de “La Postrada". Apareciendo un hombre muy elegante, regularmente con unos cuarenta años, cabello como el carbón, y una mirada desafiante. Pasó de largo hacia la oficina del “Jefe" y sin esperar ninguna invitación ingreso rápidamente. Segundos después los murmullos por parte de las demás fue muy escandaloso, cada una tenía su duda, se preguntaban quién era ese hombre y que hacia aquí, nunca fue visto por nosotras o es lo que yo recuerdo. Algunas lo veían como carne fresca en el sexo y otras simplemente con miedo y temor que podrían ser escogidas por él.

Por mi parte, se me hacía extraño que aquel tipo haya entrado a la oficina del escoria de mi padre y no a oler el trasero de algunas de nosotras. Pero también le agradecía, sería menos un pedazo de mierda en algunas de las chicas o quizás en mí.

Ese día me sentía satisfecha de mí misma de no haber tenido contacto con algún tipo asqueroso, me sentía limpia, hasta creí que lo consideraría como un gran logro y tranquilidad pasajera.

—Te encontré.

La palabra "Mierda" llego instantáneamente a mis pensamientos al oír aquella voz, parecía que ese día no consideraría nada, y mi tranquilidad se fue tan rápido como vino.

El deber de los padres es cuidar a sus hijos y no por obligación, sino a que no le pasen nada malo, ver triunfar a un hijo es un gran orgullo para ellos, están allí para alentar a sus hijos, les enseñan a nunca rendirse, muestran que caerse no de cuestión de rendirse sino de levantarse.

Darían todo por sus hijos.

En el caso de Christop Router nunca fue capaz de enseñarle todo eso a su única hija. Él era reconocido como ambicioso al dinero y a las mujeres. Sus socios se burlaban a sus espaldas por haber sido el títere de sus padres. Hubo un tiempo en el que se arrepintió, pero gracias a las falsas palabras de su madre hizo que cambiara drásticamente. De hombre débil a hombre con gran carácter.

Hombres como él ni siquiera deben ser mencionados.

La guerra entre acepto o no acepto estaban en él. Por una parte quería aceptar cuya propuesta, tendría más dinero y eso significaba más lujos. Pero en la otra estaba en negación, había algo que le impulsaba a que no aceptara, porque se llevarían una pequeña parte de él, que aunque no le halla cuidado y demostrado amor, era parte de él. Se prometió así mismo no causarle más daño. Y lo iba a demostrar.

—No. – habló firmemente.

El hombre de la propuesta trató de disimular su sorpresa, con un carraspeo preparo bien sus palabras.

—No pensé que un hombre como usted dejara pasar esta gran oportunidad.

—Admito que lo es, pero mi respuesta es no, la pequeña que usted quiere no esta venta, además tiene muchas opciones en vez ella, para hacerle entender mejor, la diablillo es la favorita de casi todos nuestros clientes .– sonrió cínicamente.

—Es muy sorprendente.

Aunque las palabras de aquel hombre no tuvieron esa expresión, no hice nada para cambiarlo. Él ya sabía eso, la presa que el proponía no solo era la “favorita", sino la más hermosa del dicho lugar, atrapaba a cualquier hombre sin hacer nada, no lo niega él también la desea pero ya la tiene para otros planes, y no piensa irse de allí sin ella.

—Así parece.

—Pero es una pena, una jovencilla linda como ella no debe pasar un infierno como esto, conmigo tendría todas las seguridades que aquí no las tiene.

—Como te dije, ella no solo es la única opción, hay muchas chicas más que sueñan con ser liberadas de aquí.

—Pero ninguna se compara con ella, tiene una pizca que la hace especial, y esa es su inocencia.

—No diga cosas que ya sé.

—Entonces, usted tiene una razón por la que no quiere venderla, quizás quiere más dinero ¿no es así?– arqueó las cejas

—No, usted no entien… .– su explicación fue interrumpida.



Andrea Rebatta

Editado: 30.07.2019

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