Feliztreza

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II.- Quizás

Mentira, sentí que era mentira, quise creer que escuche mal o solamente estaba ilusionando. Exigí que vuelva a repetir lo que dijo, lo hizo, entonces caí en cuenta que no estaba razonando mal, era cierto, pero en ese entonces la luz llegó a mí.

-¿Por qué lo haces?

Negando con la cabeza soltó un gran suspiro.

-Lo hago porque odio verte decaída, y lo peor es que yo cause eso. Sé que odias tocar este tema hija, pero...

-¡Yo no soy tu hija!

Ese fue la última gota que derramó el vaso.

» ¡Yo no puedo ser hija de una persona como tú, solo causas en mí repugnancia, por más que trates nunca te veré con otros ojos, arruinaste mi vida, me quitaste a la persona que en verdad me quería, la que me decía que siempre estaría a mi lado, la mujer que tú dices que amabas! Te odio, y siempre será así. Tú no mereces que te llame padre, y tampoco que te den la gracias, esta libertad que me estás dando lo considero como un milagro por parte de Dios, espero nunca volverme a cruzar en tu camino así como también pagues por los actos que hoy en día cometes.

Echa un mar de lágrimas salí de allí, de distintos sentimientos, cada palabra que salió de mi boca ese día no me arrepiento de haberlo dicho. Pero no término allí, yo me propuse buscar nuevas esperanzas para mi vida, hallar a la persona que perdí, con el propósito de empezar desde cero.

-Yo te garantizo una nueva vida.-habló una voz masculina.

Cesando mi llanto, busque al dueño de la voz, encontrándome con el hombre misterioso.

-¿Cómo?

-Haciendo un trabajo fácil.

Me lo pensé un largo rato, sabía que si yo salía de ese lugar nadie vendría a ayudarme o a ofrecerme algo, pero también sabía que las personas que iban a ese lugar no eran ningunos santos en los negocios.

-¿De qué trata?

-Te daré toda la información, pero este lugar no es el indicado para hablarlo, ¿Te incomodaría acompañarme hacia un lugar mejor?

 

El tono de su voz sonó muy amable, dándome un poco de confianza.

-No, acepto ir con usted.

Sonriendo, curva su brazo hacía mi dirección dándome a conocer que debo cruzarlo con el mío, accedí. Me guía hacía la salida, no puedo mentir que en ese momento sentí nerviosismo.

Ya que desde muchísimo tiempo no veía la verdadera luz natural, ni sentía el aire puro.

Cruzando la entrada/salida volteé la cabeza viendo el lugar en donde estuve casi tres años, pasando por muchas cosas, humillaciones, maltratos, ser obligada a tener sexo con hombres viejos, pero eso cambio porque sentía que nunca más en mi vida volvería a un lugar como ese.

Bostezando una sonrisa significativa de muchas emociones volví mí vista hacia delante encontrándome con un gran destello de luces, y siendo golpeada con fuertes ráfagas de aire, y yo misma me sentí sorprendida por haber sonreído después de tanto tiempo.

-Veo que le agrada estar afuera.

Habló el hombre con el mismo tono que había usado anteriormente.

-¡En mucho tiempo que no veo esta maravilla!- exclame felizmente.

-Pues déjame decirte que hoy es tu día de suerte.

Podría estar segura que en esos momentos mis ojos podrían parecer luceros con tanta luz que deslumbraba la cuidad, el auto se movía muy rápido dando mejor imagen al sitio. También me encontraba muy sorprendida por que en tan solo tres años la pequeña cuidad en la que vivía creció y modernizó muy rápido.

Poco a poco las luces se iban alejando dando la bienvenida a descampados, temí, pero después de un rato volví a ver reflejar luz más adelante de la carretera. Me di cuenta que nos estábamos acercándonos a una gran mansión blanca con jardines hermosos, no pude ver más ya que era de noche y la oscuridad me obligaba a no proseguir con mi curiosidad.

Era la primera vez que veía una gran casa de cerca, hasta creí que me vería como un cocodrilo tomando sol -con la boca abierta -, imaginé tener algún día uno de esas.

-Sígueme.- habló el hombre.

El paso de aquel hombre eran zancadas muy largas dejándome atrás.

Y sí dije que la mansión era hermosa por fuera, por dentro es maravillosa, las paredes era un color humeado, diamantes colgaban desde el techo con luz en el medio -nunca había visto uno -, sofás color caoba, casi por todos lados había cuadros con diferentes figuras, había una enorme escalera en una esquina, pasillos por todo lados, el piso era de cera, a simple vista ese hombre tenía mucho dinero.

Me guía hacia un pasillo del lado derecho, pasamos la primera puerta, ya en la segunda se posicionó a un lado y me hizo un ademán para pasar primero.

Un gran escritorio me llamó primero la atención, después de eso las sillas a su alrededor, una repisa con libros bien ordenados, y una pequeña mesita con licores.

-Toma asiendo.

Hice caso a su orden.

Él tomo asiento al frente mío, me removí incómoda. Empecé a jugar con mis dedos, pensé que quizás yo empezaría la conversación, cuando estuve a punto de abrir la boca, la puerta del despacho se abrió dejando ver una gran mujer, vestía un vestido muy apretado pero elegante, de color negro, unos tacones del mismo color, y llevaba un el cabello suelto, por lo visto era casi de la misma edad del hombre.



Andrea Rebatta

Editado: 30.07.2019

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