Fenrir

Tamaño de fuente: - +

Capítulo Uno

El último día que pasé en mi manada, en las tierras del norte era un día nevoso de diciembre, durante mi cumpleaños número 18, mis padres habían organizado un leve fiesta en parte como mi fiesta de despedida porque quizá pronto desaparecería de la vida de ellos por un tiempo bastante indefinido.
Mi padre estaba tratando de aparentar su nerviosismo detrás de bromas y una sonrisa forzada al igual que mi mamá evitaba hacer mucho contacto conmigo dado que en sus ojos veía como se le nublaba la vista.
Cuando la noche comenzó a tocar el lugar alguien tocó la puerta y fui yo quién la abrió dando paso al mensajero de la manada central el cual paso de largo de mi para ir con mis padres e intercambiar unas cuantas palabras mientras que el resto de personas trataban de ignorar lo que decían, teniendo nuestra naturaleza teníamos un oído demasiado agudo pero no querían meterse en los asuntos de Alpha. Camino hacia la cocina y dejo mi vaso en la barra, pongo mis brazos en el borde y comienzo a mecerme de adelante hacia atrás esperando a que alguien viniera y me mandara por mis cosas o algo pero nadie se presentó en los siguientes minutos y mi ansiedad crecía dentro de mí. Cuando escucho los tan anhelados pasos levanto la mirada y me encuentro con mi mamá quien al verme se acerca y me estrecha en sus brazos mientras siento como se sacude producto de las lágrimas derramadas.

—Sabes que te seguiré escribiendo, ¿verdad? —pregunto dando un paso atrás y mostrando una sonrisa algo forzada.

—Lo sé Fen, pero simplemente no puedo creer que te alejen de mí, pensé que tendríamos más tiempo —murmura ella hipando.

—Cariño, no se va a morir — interrumpe mi padre.

En sus manos traía dos maletas que mi mamá me había arreglado hace unas cuantas noches mientras hablaba de lo maravilloso que era haber sido elegida aunque realmente yo pensaba lo contrario: descubrí la decisión de la elección cuando tenía 10 años y preguntaba a mis padres porque nadie se acercaba a mí. Al principio pensaba que tenía una enfermedad contagiosa y que eso les impedía a los demás de mi edad juntarse conmigo pero cuando me explicaron que era porque yo estaba reservada para el futuro Alpha me sentí como si fuera una mesa en el mejor restaurante sólo guardada para un chico en especial y eso también había explicado las clases especiales para saber como sentarme, hablar y comer correctamente.

—Tiene que irse, Carin — murmura mi papá de nuevo.

Mamá se separa de mí con sus ojos rojos y parte del maquillaje corrido, me toma por el codo y muestra una sonrisa mientras se acomoda un poco el maquillaje y me lleva a la puerta donde el mensajero esperaba y después de lo que parecieron siglos para despedirme de mis padres me encontraba en el asiento trasero del coche lujoso, los vidrios estaban tintados y ver hacia afuera parecía un gran reto. El mensajero iba de copiloto mientras un señor en traje manejaba con la mirada fija en el camino. Mientras nos acercábamos al límite del bosque los escuché, el aullido de mi manada, era una despedida de todos hacía mí y siguieron hasta que pasaron a ser un sonido lejano. Cansada y agotada me dejó caer en el asiento de piel y cierro los ojos deseando volver a mi casa. Mi hogar.

 

Cuando vuelvo a despertar me encontraba frente a una casa de aspecto elegante con sus grandes ventanales y paredes blancas, me bajo en cuanto el mensajero abre la puerta. El aire mañanero acaricio mi piel mientras que por encima de los pinos se comenzaba a ver el brillo anaranjado del amanecer, me dejo llevar por ellos hasta entrar a la casa de donde se denotaba más lo elegante que era pero no pude vislumbrar mucho porque unas señoras me tomaron de ambos brazos y me llevaron escaleras arriba hasta el primer piso donde me metieron en una habitación en la que primero temí que fuera de Alpha pero para mi suerte era una habitación sin usar, con puerta de roble y lugar amplio, la cama matrimonial estaba céntrica y cubierta por un mullido edredón violeta de lo que parecía eran plumas, las paredes estaban pintadas de blanco dando más luz al lugar. Del lado derecho estaba una puerta que daba a lo que parecía el baño y izquierdo había un amplio ropero de madera tallado con runas que parecían nórdicas y por un momento reí. 

Habían preparado la habitación para mi en honor a mi nombre: Fenrir, el lobo de Loki, dios nórdico.

Las señoras asumieron que la risa fue porque la habitación me había gustado porque en silencio tomaron mis maletas y las pusieron en la cama. En silencio una se va a la puerta derecha que me da la razón siendo realmente el baño, la que se quedó conmigo era una señora un poco alta que yo, algo regordeta y de cabello castaño ondulado.
Asumí que las habían asignado como para que estuvieran a mi servicio y me hizo sentir asqueada por un momento, en mi manada nadie necesitaba personal de servicio ni cosas así todo lo hacíamos por nuestra cuenta. 

—Alpha y Luna quieren verla en un rato, señora —murmura ella distrayéndome.

Asiento en silencio sin ganas de hablar pero en cuanto sale la otra señora ambas comienzas a quitarme mi ropa hasta quedar desnuda y avergonzada por mostrarme así ante gente desconocida, ambas señoras me bañaron en una espaciosa tina con agua tibia y aroma a vainilla. Con el cabello y el cuerpo oliendo dulzón me dan un toalla demasiado suave y me permiten secarme mientras salen a ver que ropa ponerme. 



Alysse Blake

Editado: 21.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar