Flashback

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CAPÍTULO 11  

Salí de mi habitación cerrando la puerta lentamente, sintiéndome casi como una espía, mirando hacía todas las direcciones, deseando no encontrarme con nadie indeseado. Ya sabrán de quien habló, sí, me refiero al mismísimo Marcus Coop, que después de lo sucedido el día anterior en aquella acalorada conversación, de sólo recordarlo se me encendían las mejillas de la vergüenza, por eso quería evitar chocarme con él a toda costa.     

Giré la llave sobre la cerradura, una vez que la puerta estaba cerrada, guardé la llave en el interior de mi cartera. Me giré en dirección al pasillo, y fue allí cuando me percaté de aquello, aquella imagen me fue tan familiar que arraigó un escalofrió por toda mi espalda, y produjo un encendido calor ascendente, desde mi pecho a mis mejillas. Doblé mis rodillas hasta quedar en cuclillas, extendí mi mano y tomé aquello que había causado aquella sensación en mí. Una flor amarilla. Ya había visto esta escena antes, varios años atrás, en mi niñez. Mi corazón se aceleró como loco, palpitando descontroladamente.  

Llevé la flor a mi nariz, respiré profundo, percibiendo la fragancia de los pétalos, era tan dulzona y embriagadora. Una delicia. La vez anterior que había recibido una flor amarilla la había pisado con mi propio pie. Una acción cobarde y cruel por mi parte, debo confesar totalmente avergonzada. Pero, ¿Qué debería hacer esta vez con la flor?

Abrí mi bolso, mirando el interior con frustración, sabía que me arrepentiría de esta acción más tarde, no sé porque, pero estaba segura de ello. Tomé el libro de historia del arte, y abriéndolo por la mitad aproximadamente, coloqué la flor entre sus páginas, con sumo cuidado, mientras los dedos me temblaran ligeramente, como si estuviera cometiendo algún crimen, lo cerré y guardé el libro de vuelta en el bolso.

Me quedé unos segundos quieta, mirando a la nada, pensando en lo que acababa de hacer, ¿Acaso guardar aquella flor significaba aceptar algo?, no lo sabía con certeza, ni siquiera sabía que me había impulsado, en primer lugar, a conservarla.

Corrí por el pasillo de la universidad, pensando que llegaría tarde, me paré frente a la puerta del curso de anatomía, tenía historia del arte nuevamente, eso significaba sentarme junto a Lea nuevamente. Refunfuñé como si me encontrara rabiosa, esa idea no me agradaba ni un poco. 

Me senté en el banco que me había asignado yo misma desde el primer día, minutos después llegó la princesita, y como esperaba, me saludo con una estúpida sonrisa y se sentó a mi lado.

— ¡Buenos días, compañera! — ¿En serio, no podía poner una cara más estúpida en la mañana?

— Hola — le respondí secamente, mientras sacaba mi cuaderno y mi libro, dejándolos sobre la mesa.     

Minutos después entró el profesor, con un rostro muy poco amigable, parecía que se había levantado por el lado incorrecto de la cama. Se sentó en la silla de su escritorio, como si su cuerpo pesara una tonelada. ¿Qué le había sucedido?

— Disculpen la demora — comenzó a hablar, mientras fruncía el entrecejo al mismo tiempo — Tuvimos una junta con los miembros directivos, la institución está sufriendo muchos problemas eléctricos últimamente… — y como si sus palabras fueran algún tipo de invocación, repentinamente la luz se fue, dejando la sala a completa oscuridad, la única luz provenía del brillo artificial de los huesos plásticos de los esqueletos, parecía que estuviéramos en una casa de brujas, esa idea me causó cierta gracia. 

A mi lado alguien lanzó un grito agudo, que casi perfora mis tímpanos como si de una daga se tratara, me llevé el dedo índice al oído, realmente eso dolió. Un momento, ¿Quién había gritado?, ¿Lea?

— Diana, tengo miedo — me dijo la princesita mientras se aferraba a mi antebrazo como un parásito chupa sangre. ¿Esto es real?    

Sacudí mi brazo, intentando que la estúpida niña me soltara, pero parecía aferrarse aun más fuerte, ¿En serio esperaba que la consolara?

¡Esperen un momento!, ¿Ahora estaba llorando?

Escuché un pequeño sollozo proveniente de mí compañera de banco. Sentí un pequeño apretujón en mi pecho, como si mi corazón se encogiera, ¿Acaso estaba sintiendo lástima por ella?

― Diana, perdón, pero le tengo miedo a la oscuridad ― dijo aferrándose a mi brazo aun más fuerte. 

Levanté mi mano libre, y di pequeñas palmaditas sobre la cabeza de Lea, intentando tranquilizarla. Realmente no podía creer que yo estuviera haciendo esto.  

Volvió la luz, y sinceramente sentí su regreso como una clase de milagro, ya que no podía soportar más esta situación.

Miré a mi lado, percatándome del rostro de Lea, envuelto en lágrimas, se veía tan pequeña e indefensa, ¿Acaso eso es lo que le gusta a Nicholas?, ¿Alguien tan frágil que necesita ser protegido constantemente?, tal vez él lo veía tierno, pero yo lo tomaba como una persona patética, ciertamente no se merecía a Nicholas.   



Cynthia Soriano

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En el texto hay: drama, amorodio, frienzone

Editado: 19.01.2020

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