Forest´s Shadows

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CAPÍTULO 2

Había una oscuridad aplastante alrededor de ella; un silencio insólito que invadía el bosque en mitad de la noche y una neblina casi agónica que embadurnaba a su alrededor casi tanto como los escalofríos que recorrían su piel. Selene no pudo reconocer su rostro pero podía sentir sus latidos, acelerados a un ritmo que a ella perturbaba.

Su cabello se enredó entre la maleza y chilló escandalizada. Estaba completamente asustada pero no se rindió, y, luego de liberarse continuó en la carrera. A Selene le tomó algunos segundos deducir que esa mujer estaba huyendo, aunque no sabía aún de qué o quién.

Pasó junto a ella y se resbaló algunos metros más adelante, chillando nuevamente, antes de que las sombras aparecieran y la rodearan como en una horda, envolviéndola en el manto oscurecido característico. Selene, invadida por el pánico no reaccionó de inmediato, observando omnipresente de la manera en que las sombras tomaban la vida de aquella mujer entre jadeos y forcejeos.

Intentó seguirla pero sus pies estaban atrapados entre la maleza y las ramas de los asbestos que tenía a su lado. Remeció incontables veces sus piernas y pidió auxilio a gritos cayendo en el temor de la situación.

A su alrededor, las sombras comenzaron a acercarse, notándola vulnerable ante ellas y casi como un soplo del viento se desvanecieron en su piel, plasmándose con ella.

En un último alarido abrió los ojos a la oscuridad de su habitación y se aferró a las sábanas aún inquieta por la pesadilla. El rostro aterrado de aquella mujer le resultaba familiar, sin embargo no la halló en su memoria; así como tampoco pudo hallar la calma tras aquel vistazo de la agonía de la misteriosa entidad.

Perdió el interés en volver a conciliar el sueño y para cuando llegó al instituto el peso de las horas de sueño que le había arrebatado la madrugada comenzó a recaer en efecto.

Ariadna fue la primera en notarlo y se sintió aún peor al hacerlo evidente frente a la clase de gimnasia. Sus ánimos no estaban para esa materia precisamente esa mañana.

— ¿A quién se le ocurrió que debíamos tener deporte a mitad de mañana? —Refunfuñó la morocha—. Cuando la hora acabe iré a quejarme con…

— ¡Simmons, menos charla y más trote! —La profesora de deporte llamaba la atención de Ariadna.

— ¿Y esa quién se cree? —Continuó, agitada—. Espera a que hable con el consejo estudiantil y…

— ¡Simmons! —Nuevamente gritaba la profesora—. ¡Cincuenta flexiones junto a las gradas!

— ¡Pero si ni siquiera estaba hablando! —Protestó Ariadna, pero la profesora, de semblante firme, agravó su expresión—. Demonios, encuéntrame a la salida.

Selene la despidió con una mueca y se apegó a las órdenes de la profesora para evitar un posible castigo; había apenas iniciado el día pero sentía que ya no tenía fuerzas para continuar ejerciéndolo. Entre sus pensamientos, aquella inusual pesadilla despertaba su inquietud, y las atemorizantes sombras que perseguían a la misteriosa mujer, continuaban causándole escalofríos.

Se tomó un receso para refrescarse de la carrera y halló a Seth observándola como el día anterior, indescifrable.

—Te ves agotada, Selene, ¿has dormido bien anoche?

Su pregunta la tomó por sorpresa, no esperaba ser demasiado transparente para que todos notasen que estaba afectada por algo.

Acomodó su cabello en una coleta y esbozó una mueca.

—Perfectamente —tomó su botella de agua vacía y comenzó a llenarla bajo el grifo.

—Ya veo, es que escuché que las clases para ti son aburridas —comentó, refiriéndose a su micro siesta en química. Selene no respondió—. ¿De dónde vienes?

—Gardnerville.

—Nevada —alzó las cejas—, ¿y por qué estás aquí?

Hablar de su pasado la colocaba en una posición de desventaja; se tensaba, balbuceaba y no conciliaba cubrir las emociones que llevaba arraigadas al sentimiento de abandono de su familia.

—Con Ari necesitábamos un poco de libertad.

—Se oye como un escape fortuito —repuso él acariciando su mentón lánguidamente.

—Tal vez lo fue.

— ¿De tus padres?

—Puede ser.

— ¿Maltrato, abuso? ¿Rebeldía?

Selene cerró la botella y enfrentó el abismo oscuro de los ojos de Seth. En ellos, sólo pudo observarse a sí misma, temblando por la sensación de invasión de espacio personal que Seth fraguaba a su alrededor.

Pero repentinamente se sintió abatida por el recuerdo de sus padres y la lucha consigo misma por olvidarlos en su pasado. Una repentina sed de calma se plantó en su pecho y suspiró agotada.

—Mis padres son judíos muy devotos —explicó ella—, y yo no estoy de acuerdo con ellos. Así que nos distanciamos un poco.



Miss Wonderland

Edited: 22.01.2019

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