Fria como el hielo

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Capítulo 19: Los ojos del chico que amo.

Jade 
Las manos de Grayson recorren mi cuerpo con suma delicadeza, como si fuera una muñeca de cristal a punto de quebrarse.  
 

Es mi primera vez así que, no sé lo que debo hacer. Lo que pienso es en las inmensas ganas que tengo de tocarlo, de sentirlo, de abrazarlo, de besarlo. Y es justo lo que hago.  
 

Con mis manos recorro su rostro, su pecho, su espalda; sintiendo su camisa como una barrera innecesaria. Introduzco mis manos por debajo, y cuando hacen contacto con su piel, hace el sonido más sexy y excitante que he escuchado. 
 

Grayson tira de la camisa que llevo por encima de mi cabeza, con sus manos recorre mis costados hasta llegar a mis shorts, que también me quita. No llevo sujetador, así que lo único que me hace no estar completamente desnuda son mis bragas.  
 

Él aún está vestido. Lleva unos pantalones grises de chándal que le caen ligeramente sobre las caderas y una camiseta blanca de tirantes. 
 

—No creo que esté en una posición muy justa—digo tirando de su camiseta.  
 

—Tienes razón—me sonríe con un poco de picardía. 
 

Claro que tengo razón. Yo estoy prácticamente desnuda y él está completamente vestido, y bueno… eh… ¿Qué decía? Creo que se me olvido. Todos mis pensamientos se paralizan al darme cuenta de que Grayson se está desvistiendo. Y vaya que está bien dotado, no es ni extremadamente flaco ni sumamente musculoso, está bien constituido en los lugares correctos.  
 

Cuando ya sólo se encuentra en calzoncillos, toma  un momento y se sienta sobre sus talones para observarme. Me siento increíblemente expuesta, y me toma un gran esfuerzo no rodearme con los brazos. Lo único que me lo impide es la mirada que tiene en su rostro, una mirada que me demuestra y confirma cuán amada, querida y deseada soy por Grayson.   
 

Su mirada se pasea por todo mi cuerpo, como si quisiera detallarme centímetro a centímetro, grabando un mapa en su mente. Recorre mi rostro y se desplaza hacia abajo, por mi garganta y mis pechos, los cuales se endurecen ante la intensidad de su mirada. 
 

—Eres tan hermosa—lo dice como si le costara hablar. Bien, pues somos dos, estoy tan embelesada viéndolo que no se si pueda formular una frase coherente—. Solo quiero besarte y demostrarte cuánto te amo. 

—Hazlo. 
 

Bueno, al parecer, sí puedo pronunciar una palabra con coherencia, y es la mejor palabra que pude haber dicho, pues Grayson baja con lentitud hacia mí y hacia el espacio que abrí entre mis piernas para que se posicione entre ellas. 
 

Como ya no hay ropa, aparte de mis bragas y los calzoncillos de Grayson, que obstaculicen que nuestras pieles se friccionen, todo se siente más real, más íntimo, más… carnal.  
 

Los besos de Grayson van desde mi mandíbula hacia mi clavícula y de regreso, mientras mis manos hacen un viaje por sus anchos hombros y por toda su espalda. Aunque aún lleve sus calzoncillos, la fricción que hace contra mi centro es exquisita, es una sensación que nunca antes había sentido pero espero seguir sintiendo solo con Grayson.  
 

De repente sus besos toman otro rumbo, y de mi clavícula descienden directamente hacia mis pechos. Los besa, los acaricia, y ocasiona un sin fin de sensaciones indescriptibles, pero maravillosas. 
 

—Por favor, dime que pare ahora si es lo que quieres. 
 

Sé perfectamente que dice eso más por mí que por él, tiene miedo de lastimarme y me está dando la opción de detener las cosas si lo deseo.  
 

La cuestión es, que no quiero parar.  
 

Sí, es mi primera vez, y sí, sé que dolerá; pero no sé con quien más podría hacer esto si no es con Grayson. Sé que él me sostendrá cuando sienta que caiga, que me consolará cuando esté triste, que me aconsejará cuando me encuentre confundida, que me defenderá y protegerá cuando quede indefensa; pero sobre de todas las cosas, sé que me amará pase lo que pase.  
 

Y si un día se le olvida como hacerlo, me encargaré de demostrarle cómo. Así que no, no lo detendré, porque sé que esto, con Grayson, es correcto. Hoy, mañana, siempre. 
 

—No, por favor, no te detengas. Ni hoy, ni nunca—mientras lo digo lo miro a los ojos, para que vea en mi mirada que estoy segura de esto, como nunca en mi vida he estado tan segura de algo. 
 

Al parecer percibe lo que trato de decirle con mi mirada, pues se lanza a mis labios como si su vida dependiera de ello. Luego vuelve a bajar sus labios a mis pechos, provocando que una muy agradable sensación se vaya formando dentro de mí, y que toda ella se dirija al sur de mi cuerpo. 
 

—Grayson, por favor—suplico con un jadeo porque ya no puedo más. 
 

No sé en qué momento se estira y saca de su mochila un preservativo. Antes de abrirlo, agarra mi ropa interior y, con delicadeza, la desliza por mis piernas. 

Sus labios regresan a los míos y una de sus manos vaga por el interior de mi muslo, hacia un lugar que ningún hombre, antes que él, ha tocado. Dejo salir un largo suspiro entrecortado, y siento como mis piernas comienzan a temblar con cada movimiento que da su mano. 
 

Con la mano que tiene libre se baja los calzoncillos, deslizándolos con rapidez, como si ya no soportara que haya un obstáculo más entre nosotros. Se coloca el preservativo con la misma rapidez y se posiciona en mi entrada. Antes de realizar cualquier otro movimiento me mira a los ojos pidiendo aprobación. 
 

Como respuesta, tomo su rostro entre mis manos y lo beso. Lo beso con pasión, pero sobretodo, con amor; espero lograr transmitirle todo lo que siento por él en este beso. 
 

Con un pequeño y lento movimiento se empuja dentro de mí, quedándose quieto por momento, para que yo pueda acostumbrarme. Siento como si me hubieran pellizcado internamente, así que cierro los ojos con fuerza para tratar, de cierta forma, dejar de lado el dolor.  
 



G. Spin

Editado: 22.07.2019

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