Fria como el hielo

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 23: No puedo perderlo.

Jade 
 

Me pregunto si alguna vez alguien ha sentido como si un interruptor se bajara en su interior y apagará todas sus emociones. Cómo todos los sentimientos van siendo drenados de su ser lentamente, para que al final no quede…nada. Absolutamente nada. 
 

Porque eso es exactamente lo que siento. Si es que aún puedo sentir algo.  
 

Ver a Grayson tirado en el asfalto, completamente estático, activó ese interruptor que me vació de emociones. 
 

Cuanto desperté de mi inconsciencia, provocada por el golpe mi cabeza contra el volante, y vi por el retrovisor a Grayson caminando hacia mí, pensé que estaba ileso. Pero presenciar cómo su cuerpo perdía fuerzas me aterró.  
 

Salí del auto lo más rápido que pude, grité su nombre, corrí para tratar de alcanzarlo, pero nada funcionó. No llegué a tiempo. Su cuerpo se desplomó en el pavimento sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo. 
 

Y aquí estoy, arrodillada a su lado, con su mano entre las mías, comprobando sus signos vitales, que noto cada vez más débiles, y mi corazón se rompe poco a poco. 
 

¿Por qué tuve que reaccionar de esa manera? ¿Por qué tuve que ser tan impulsiva? Él sólo quería ayudarme, quería hacerme entender. Hacerme feliz. ¿Y yo que hice? Huir. 
 

Todos mis sentidos se apagan. No veo, no oigo, no digo ni siento nada.  
 

Así que, cuando un paramédico se acerca a nosotros para atendernos, mi reacción es de terror ante la sorpresa de no haberlo visto antes.  
 

—Señorita, ¿podría seguir a mi compañero para que la revise mientras yo atiendo a su amigo? 
 

—No es mi amigo, es mi novio—no sé cómo recupero la voz, pero lo hago para responderle, sin apartar la mirada de Grayson, y aunque parece absurda una aclaración de ese tipo en una situación como esta, no me importa—. Y no. Estoy bien y me pueden atender aquí. No me pienso separar de él así que atiéndannos aquí. 
 

—De acuerdo. 
 

Los paramédicos comienzan a hacer su trabajo en silencio, y gracias al cielo es así, porque no quiero hablar, no puedo hablar. Pero tengo una duda que debe ser contestada. 
 

—El conductor  que venía en dirección contraria. ¿Qué pasó con él?—le pregunto a nadie en específico, mirando al vacío. Sólo espero que alguien me conteste. 
 

—Era un joven alcoholizado y tenía una sobre dosis de drogas—me informa uno de los paramédicos. 
 

— ¿Era? —pregunto. 
 

—Sí, señorita. El joven murió de un paro cardíaco al momento del choque.  
 

Asiento. No me alegro, pero cada quien tiene el destino que merece. Ese tipo fue un imprudente al colocarse tras el volante en un estado en que no debía. Por su culpa Grayson está así. Aunque yo también… 
 

Mi línea de pensamiento se ve interrumpida por un grito desesperado. 
 

— ¡Déjenme pasar, es mi hijo! ¡DÉJENME PASAR! —definitivamente es la madre de Grayson. 
 

Dios, ¿cómo voy a ver a sus padres a la cara? ¿Qué pensarán de mí? De seguro creen que soy una lunática, pues, ni siquiera los había conocido formalmente y me comporte como tal. Y ahora Grayson está así por mi culpa. 
 

Desvío la mirada de Grayson un par de segundos para ver cómo su madre se dirige hacia nosotros. Tras ella viene su esposo, Liv, Ben y Angie, supongo que 

Sam se quedó con Lily. Dios, Lily, ella ama tanto a su hermano, ¿qué le voy a decir? 
 

—Oh, Dios mío, mi bebé, no puede ser mi bebé—el observar cómo la madre de Grayson se aferra tan fuerte a su esposo, no sabiendo qué hacer con su dolor, el verla llorar, contribuye a la paulatina destrucción de mi interior—. Billy, mi bebé.  
 

—Jade…—comienza a decir Liv, mientras se acerca para arrodillarse a mi lado. 
 

—No. Ni siquiera te acerques—la miro—.  Tú, pudiste haber detenido todo esto. 
 

—Yo…— al mirar a mi hermana, y ver el dolor que mis palabras han provocado en ella, hace que me arrepienta inmediatamente, pero ya es tarde, ya las he dicho. 
 

—Señorita—el paramédico interrumpe el momento en que iba a ofrecerle una disculpa a mi hermana—, ¿puede soltar la mano del joven? Debemos llevarlo con urgencia al hospital. 
Asiento. Con todo el dolor del mundo dejo ir la mano de Grayson que no había dejado de aferrar en todo este tiempo. 
 

—Iré en la ambulancia—les informa la madre de Grayson, aun sollozando, a los paramédicos—. Nos vemos en el hospital, tú ve con Lily y Sam, deben estar preocupados sin saber nada—dice esto último a su esposo. 
 

También quiero ir en la ambulancia, pero entiendo a su madre, quiere estar a su lado. El ver cómo la ambulancia se aleja de mí, es muy doloroso. Por cada metro que me distancia de Grayson hay una nueva grieta en mi corazón. La única esperanza que me queda es que Grayson esté bien, que lo ayuden en el hospital, que nada malo le pase. Porque, de lo contrario, no me lo perdonaría.  

●●●●●●● 

Tuve que dar mi declaración y llenar unos cuantos papeles antes de que me dejaran ir. Estaba tan angustiada, queriendo llegar al hospital lo más rápido que pudiera.  
 

Liv no me volvió a hablar, y me sentí culpable con ello. La trate muy mal y sin razón alguna. La acusé, en pocas palabras, de tener la culpa del accidente, cosa que es una completa mentira. No es como si Liv le hubiera dado el alcohol y las drogas a ese chico o lo hubiera puesto tras el volante. Fui una idiota con ella y le debo una disculpa. 
 

Supongo que les debo una disculpa a todos por mi comportamiento. A todos los he lastimado.  
 

En estos momentos, cuando vamos en la camioneta de Ben rumbo al hospital, el silencio que hay en el auto es asfixiante. 
 



G. Spin

Editado: 22.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar