Fría como el hielo

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Capítulo 51

Skay

Parpadeé varias veces o al menos eso creo que hice, no sentía nada y todo a mi alrededor era borroso. De repente, escuché unos llantos y mi visión se clarificó. "Alice" pensé al instante al ver a una muchacha agachada junto a mí, llorando a lágrima viva, a la vez que se ponía a propinar puñetazos al suelo para después calmarse y acercarse a mí de nuevo.

Lloraba sobre mi inmóvil cuerpo de forma desesperada, con una tristeza entremezclada con una rabia tan poderosa que nunca antes había visto reflejada en la mirada de nadie.

"No, tú no eres Alice" pensé a continuación. Sin embargo, sí que me pareció que era ella, aunque su cabello ya no era claro, ni tampoco su piel o sus ojos.

"¿Quién eres?" quise susurrar, pero no logré pronunciar ni una sola palabra.

"¿Por qué lloras? ¿Qué ha pasado para que haya tanto odio en tu interior?" pensé e intenté de nuevo volver a pronunciar aquellas palabras, pero no lo logré.

"No llores" quise consolarla.

No tardé mucho en darme cuenta de que aquello no era real, por mucho que pudiera sentir su cuerpo llorando sobre mi torso desnudo tendido en el suelo o sus lágrimas todavía calientes mojarme entero.

 - Quiero que vivas. - consiguió articular sin detener el llanto que se había apoderado de ella - Vivirás. Juro por todos los Dioses que pagarán por esto, aunque me arriesgue a un destino peor que la muerte, aunque pueda acabar en el infierno por la eternidad. Tú volverás a mí. - aseguró con determinación.

- Alice... - conseguí pronunciar por fin, demasiado seguro de que era ella.

La muchacha escuchó mi murmullo sin lugar a dudas, ya que se giró rápidamente a un lado y a otro para buscar de dónde provenía el sonido de mi voz.

- ¿Estás aquí? - dijo ilusionada, levantándose de un salto para poco después pararse en seco y poner una expresión confundida. - ¿Alice? ¿Quién es Alice? – preguntó al aire, frunciendo el ceño.

Quise volver a murmurar algo, pero parecía que mi boca estuviera sellada. De todas formas, no tenía importancia porque tan solo se trataba de un simple sueño, ¿verdad? Yo no estaba allí, ni tampoco aquella chica tan parecida a Alice. Acababan de paralizar mi cuerpo, no sabía qué estaba pasando a mi alrededor y era incluso probable que los fríos fueran los responsables de que yo estuviera viendo aquellas imágenes para confundir la realidad, para olvidarme de quién era. Sin embargo, no pude evitar sentirme reconfortado de poder verla, aunque tan solo se tratara de una ilusión. Así el sueño profundo en el que me había sumido por completo al haber sido mi cuerpo congelado, no sería tan negro.

***

Alice

Un sueño profundo me embriagó justo en el momento en que cerré los ojos y me rendí completamente a él.

Me encontraba en una playa de arena blanca, con la estrella Aludra resplandeciente en un cielo despejado, el mar era de un color turquesa y sus transparentes aguas rozaban mis pies desnudos, podía escuchar pájaros cantando y el agradable sonido de las olas. Más allá de la playa, podía ver verdes acantilados, cuya extensión de árboles iba mucho más lejos de donde llegaban a ver mis ojos. Podría haber dicho que me encontraba en el mismísimo paraíso.

Sentí unas ganas terribles de nadar, sumergirme en aquellas aguas de increíble belleza y bucear para descubrir también el fondo marino. Me quité la simple túnica blanca que cubría mi cuerpo, sonreí por lo hermoso que parecía aquel sueño y empecé a meterme en el agua que se encontraba a la temperatura perfecta.

“No quiero despertar” pensé, mientras avanzaba cada vez más profundo en el mar.

- Podrías haber tenido todo esto. – escuché de repente una voz grave y masculina que me erizó la piel, haciendo que me detuviera cuando el agua me llegaba a la altura de las caderas. A continuación, me giré y lo vi.

Un hombre alto, fornido, de oscuro y largo cabello, vestía con una túnica larga del mismo color que dejaba ver sus bíceps y sus ojos profundamente negros me observaban y repasaban sin ningún tipo de reparo.

“Tan solo es un sueño” dije para mis adentros, intentando que mi corazón no se acelerara por el pánico que empezaba a sentir. No sabía por qué, pero sentí como si hubiera algo en aquel hombre que me instara salir huyendo.

- Hasta el paraíso habría sido tuyo… - volvió a hablar, mirándome atentamente como si no quisiera perderse un solo detalle de mí - Pero ya es demasiado tarde para eso.



Emma Aguilera

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En el texto hay: elementos, amor y magia, mundos

Editado: 11.09.2019

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