Fría como el hielo

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Capítulo 11

Alice

Skay se quedó mirándome atentamente durante unos largos minutos, hasta el punto de que empezó a hacerme sentirme incómoda el hecho de que me estuviera observando de aquella manera tan descarada. Empecé entonces a cuestionarme seriamente si aquel engreído muchacho tenía modales. Pero a pesar de esto, no pude evitar sentir que sus ojos tenían un efecto en mí. No era igual que cuando me miraba el resto de la gente, porque yo sabía que por mucho que él pudiera odiarlo, su reacción al verme en la habitación hacía apenas un rato, y sin ropa, había sido sorprendente.

Nunca nadie me había mirado de aquella manera… como si me deseara.

Pero Skay no fijó sus ojos en mí de esa forma esta vez, sino que pude entrever un resquicio de odio y repulsión en ellos.

Al cabo de un rato, decidí romper el hielo, porque si estaba en ese momento con un chico que parecía una antorcha en la oscuridad, era por un motivo muy importante y no había nada que quisiera saber más que mis verdaderos orígenes. Quería descubrir quién era yo en realidad, de dónde había salido y cómo había acabado viviendo en un mundo ajeno al mío.

- ¿Y bien?... ¿Vas a explicarme esa historia tan larga que necesita ser explicada justo en este lugar oscuro, frío y lleno de moho? – le pregunté a la vez que intentaba descubrir lo máximo que pudiera del sitio en el que nos encontrábamos.

Skay apartó la mirada en ese momento y me dijo con un tono serio y autoritario:

- Sígueme.

Puse los ojos en blanco, ya que detestaba la manera en la que parecía que siempre hablaba aquel chico, como si lo supiera todo y los demás, o quizá tan sólo yo (todavía estaba por descubrir), fueran inferiores a él.

A continuación empezó a caminar hacia delante y tuve que resignarme por mi propio interés, a seguir sin dificultad la engreída antorcha humana que caminaba con superioridad, iluminando los numerosos pasadizos secretos.

No recuerdo con exactitud durante cuánto tiempo estuvimos caminando, pero mi memoria indica a que caminamos por tanto tiempo que acabaron doliéndome hasta los pies. Aunque tampoco era muy extraño que me cansara de caminar, pues nunca había tenido una condición física destacable, más bien al contrario. Era bajita y, por tanto, mis piernas eran cortas. Además, tampoco había practicado nunca ningún deporte, ya que siempre me había dedicado únicamente en ir al instituto y volver a casa. Y para mí ya era un esfuerzo demasiado grande sobrevivir a eso como para ponerme a hacer deporte.

Finalmente, llegamos a nuestro destino y no pude evitar mostrarme visiblemente sorprendida y confusa. Se trataba de una pequeña habitación que pasaría inadvertida por cualquier persona, ya que su entrada estaba escondida entre dos paredes, pero no era una simple habitación como cualquier otra. Había algo en el aire que me dejaba una sensación extraña que no lograba descifrar.

Moví la cabeza a todos lados para visualizar la estancia con detenimiento. Numerosos retratos se extendían por las paredes de la larguísima habitación y al final de todo había una pequeña estantería con algunos libros.

Estaba tan ensimismada en lo que me rodeaba que me olvidé del motivo por el cual habíamos ido hasta allí, así que cuando Skay empezó a hablar, fue como volver a la cruda realidad del momento.

- Nuestro mundo, llamado Origin, nació hace más de doscientos millones de años. Los dioses lo crearon a su buen gusto, primero levantaron montañas, abrieron los continentes partiéndolos en dos y aparecieron los océanos. Sin embargo, a pesar de haber construido un hermoso mundo, sintieron que faltaba algo, más bien alguien, para cuidar de él en su ausencia. Por ese motivo, nació el primer ser cálido. Este fue creado a partir de la calidez de los sentimientos de uno de los Dioses más importantes, el Dios de Aludra, la estrella que permite que todavía incluso después de tantos siglos, sigamos vivos. Ella nos dio la vida en su momento y nos la sigue dando hasta hoy en día.

Parecía una historia muy bella, pero en ese momento no creí que fuera real en absoluto. Siempre había sido muy realista y no creía en la magia, la fantasía, ni tampoco en los Dioses. Sólo creía en lo que veían mis ojos.

- ¿Pero qué tiene que ver todo esto conmigo? Yo no soy como tú… - rechisté al darme cuenta de que la historia que me había explicado no cuadraba con mi realidad.

- Los cálidos vivieron durante un par de siglos en paz y tranquilidad, dando calidez y vida a los animales y las plantas que habían nacido un tiempo después de la creación de los cálidos. Pero todo esto cambió, un día común como cualquier otro. La paz que había conquistado nuestro mundo, se quebró por completo.



Emma Aguilera

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En el texto hay: elementos, amor y magia, mundos

Editado: 11.09.2019

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