Fría como el hielo

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Capítulo 38

Diana

Escuchar detrás de las puertas era un hábito muy feo que había adquirido al cabo de los años en palacio. Sabía que estaba mal escuchar conversaciones ajenas, pero no había podido evitar poner la oreja y escuchar toda la conversación que Skay había mantenido con su padre.

Todavía me encontraba abatida por las palabras del muchacho. Había sido rechazada de forma definitiva y creí que me ahogaría en mi propio llanto. Dicen que el amor es el sentimiento que te puede hacer más feliz, pero también más triste y yo tuve la mala fortuna de poder comprobarlo. No podía dejar de pensar en cómo me había correspondido con aquel beso apasionado hacía muy pocos días y me sentía engañada, como si me hubieran clavado una puñalada y estuviera sangrando hasta morir. Tal vez algún día me diera cuenta que lo que sentía por Skay no era amor, sino un sentimiento de responsabilidad o simplemente de querer sentirme querida por la única persona que se negaba a sentir algo por mí, pero en aquel momento, el rechazo dolía más que cualquier otra cosa que hubiera sentido antes y me negaba a pensar con claridad.

Lo que siempre había querido había sido ser correspondida, pero el amor no se puede forzar y quizá no estuviera hecha para Skay. Probablemente, no tuviéramos la conexión necesaria para poder estar juntos, pero dolía demasiado empezar a aceptar todo eso.

No podía dejar de llorar y se me había formado un nudo en la garganta que hacía que respirara con dificultad. Sin embargo, tenía la corazonada de que algo no estaba marchando como debía, así que hice lo que cada vez que me querían esconder algo hacía: escuchar a través de las puertas.

Pero esta vez, me pasé más de la cuenta. La conversación que estaba teniendo lugar en la sala real, me llegaba a trozos y con dificultad, pero logré comprender lo que decían. Ahogué un grito cuando escuché que Alice era hija de Ageon, creada para servirle como un arma mortífera. Aquello significaba que la chica a la que había intentado entrenar, aquella que me había parecido una “debilucha” incapaz de hacer dos flexiones seguidas, era en realidad una híbrida. Un ser que hasta este momento había creído que era imposible de concebir y cuyo poder sobrepasaba con creces el de los reyes ancestrales.

Ciertamente, me encontraba un poco en estado de shock. Tenía un aspecto lamentable y debería de haberme ido a mi habitación para llorar en silencio, ya que las criadas que pasaban por ahí me miraban con preocupación y no tardarían en avisar a alguien conocido para que viniera a consolarme. Yo no quería charlas, ni siquiera quería estar sola, tan solo quería que me sacaran aquel dolor inaguantable.

No odiaba a Alice por haberme robado la remota posibilidad de que Skay acabara enamorándose de mí. Su simple existencia ya era mucho más complicada que la mía y lo último que necesitaba era que le pidiera explicaciones acerca de los sentimientos de quien había sido mi prometido, hacia ella. Por eso mismo, cuando escuché que se había marchado hacia territorio de fríos, me asusté por ella, Alice no tenía ni idea de dónde se estaba dirigiendo y aunque me costara admitirlo, no le deseaba ningún mal.

Por lo que parecía, Skay había sido privado de la posibilidad de impedir que Alice hiciera una gran locura, pero no había nada que no me dejara ir en su búsqueda. No debía de estar muy lejos, si salía justo en ese instante, tal vez podría evitar que la legítima heredera acabara asesinada o con la cabeza comida por el enemigo.

Odiaba admitirlo, pero ella era la única esperanza que nos quedaba para acabar la guerra. Con los Dioses de nuestro lado y con su fuerza y poder ancestral el fin de la guerra era más bien un hecho que una posibilidad.

Sin embargo, yo también tenía que estar muy loca como para salir de la barrera y exponerme a todo tipo de peligros. ¿Pero quién iría a seguirme? Estaba sola en aquello, ya que de momento, Alice seguía siendo un secreto para la mayoría y yo no tenía el permiso para que dejara de serlo. No podía ir a pedir ayuda a los soldados, ya que muy pocos sabían el paradero de la muchacha y lo que significaba. Debía ir a buscarla sola, quizá podría convencerla de que diera media vuelta. Puede que incluso de esta forma, Skay me mirara con otros ojos.

Todavía lloraba cuando decidí todo esto, incluso cuando separé mi oído de la puerta, todavía me dolía el corazón, pero sentí la necesidad de hacer algo útil por una vez.

Saldría al bosque y lucharía por mi reina o tal vez, fuera a luchar por mi misma, para olvidar el dolor que guardaba dentro o para que Skay volviera a mirarme con mi dignidad ya repuesta. Puede que no hiciera aquello por mi soberana, al fin y al cabo, pero necesitaba hacerlo, fueran cuales fueran mis motivos, saldría y regresaría victoriosa con Alice.



Emma Aguilera

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En el texto hay: elementos, amor y magia, mundos

Editado: 11.09.2019

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