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SONRISA

Cada mañana, apenas al abrir mis ojos, mi cerebro se comunica con un solo recuerdo, una sola imagen. Es siempre ella, es tan clara la imagen que puedo ver.

 -¿Por qué no la puedo tener?

¿Por qué no acepta salir conmigo?-

Me deprimo aun sin salir de la cama, sigo recostado viendo hacia el techo, mi mente sigue dando vueltas, tratando de encontrar una respuesta.

-¿Acaso soy feo?

¿Acaso no he le dicho bien mis sentimientos?-

La he conocido desde que me mude aquí, a este vecindario. El día que yo llegue a esta nueva casa, estaba muy triste.  Mis amigos estaban ahora lejos. La niña que me sonreía cada día en la clase, está lejos ahora.

Tenía tristeza, esa tristeza que se siente cuando uno deja todo lo que aprecia atrás, y mi tristeza seguía durante todo el camino. Mis padres intentaban consolarme, recuerdo a mi madre, me tenía en sus brazos y de vez en vez me decía que en donde llegáramos iba a tener nuevos amigos pero, yo no quería nuevos, yo ni siquiera quería amigos, yo solo quería a aquella niña que me sonreía.

Recuerdo el rostro de mi padre, era un rostro duro, un rostro con carácter, siempre que le veía sentía un cierto temor mezclado con respeto, pero ese día, al igual que mi madre, tenían en su mirada una brillo de tristeza, un brillo que yo veo cuando lloro.

-Este es el vecindario- dijo mi padre a mi madre y a mí.

Mire hacia afuera y si, lo admitiré, era un vecindario con calles limpias y casas hermosas, me sorprendió lo diferente que era a donde antiguamente vivíamos. Todo gracias al nuevo empleo de papá.

-¿Acaso no es muy lindo, Diego? Mira ahí, hay un parque con porterías. Podrás venir a jugar.-

Su voz como siempre era dulce y sé que hacia esos comentarios para que yo olvidara mi tristeza y mi antiguo lugar, pero era difícil, ella no sabía que no estaba triste por habernos mudado, si no por no sentir felicidad al ver una sonrisa.

-¡No me importa el parque, ni el futbol!-

Mi frustración se convirtió en coraje, y solté esas palabras a gritos, y sucedió lo que tenía que suceder, mi padre me grito, me regaño y me dijo que seguiríamos cuando hayamos llegado. Todo el resto del viaje fue en silencio, mi madre aun me tenía en sus brazos pero solo se limitaba a ver a través del cristal.

Y llegamos, todos bajamos del auto, yo aún tenía presente que apenas bajáramos mi padre se acercaría a mí y me daría una buena nalgada, pero no sucedió, en cambio mi padre solo miro a la casa, nos abrazó y nos dijo que una nueva vida empezaría.

Empezamos a bajar las pocas cosas que pudimos traernos con nosotros, y fue ahí, cuando la conocí, fue ahí cuando una nueva sonrisa lleno mi corazón de felicidad.

Seguía recostado en mi cama, seguía viendo el techo blanco, y seguía pensando en ella, ahora fue como la conocí. Sonó la segunda alarma de mi teléfono. Eran ya las siete menos quince.

-¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhh!-

Había escuchado que antes de levantarte totalmente de la cama, un buen grito hacia que tu cerebro despertara del todo y no te sintieras somnoliento.

Tome unos jeans azules despintados que tenía tirados en el cuarto, tome una playera negra que tenía de imágenes al Capitán América, Batman, Superman y a Spiderman, ya todos ellos ancianos jugando a las cartas. Me puse mis Jordán negro. Me dirigí al baño, tome con mis manos algo de agua de la llave y me la eche en el cabello, me vi al espejo, revolotee mi cabello hasta que quedara de una forma que me agradara y cepille mis dientes, no eran perfectos, pero eran limpios.

-Hoy le volveré a preguntar.-

Sabía que me volvería a rechazar, que me diría que me prefería como un amigo y que no quería que lo nuestro se acabara por algo como el amor.

-Aun así lo intentare.-

Tenía todo preparado, antes de dormir había planeado un discurso con el cual no me podía decir que no. Y, si me decía que no, solo quedaba una opción.

-Ella me va aceptar-.

 

El trayecto de mi casa a la escuela fue tedioso, a pesar de que me desperté aun cuando la luna estaba en el cielo, la gente ya había abarrotado las avenidas con sus automóviles, y un accidente también ya había ocurrido, así que hubo momentos en que el auto escolar iba lento y a veces simplemente se detenía.



Dan Callejas

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En el texto hay: amor, amor amistad juvenil, enganos

Editado: 13.06.2019

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