Gaema

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CAPÍTULO 27

Sus pasos continuo yendo hacia la oficina del médico Lee quien al verla le dedico una gran sonrisa en son de burla por su apariencia.

-Luces terrible-dijo el médico.

-Juro que volveré a tomar vino-dijo está acariciando su frente.

-El baña está listo para ti-dijo tomando su caja de madera-Volveré al rato.

De su oficina salió yendo al palacio de la reina Soo quien se encontraba sentada en su cama con su rostro más pálido de lo usual. En cuclilla se colocó examinando la frágil mujer quien mantenía sus ojos cerrados.

-¿Qué tiene la reina, médico Lee?-preguntó la cama de la corte Woo.

-Su pulso es muy frágil-hizo una corta pausa-El de ambos-finalizó.

-¿Qué podemos hacer?

-Le recetaré unos medicamentos, debe de guardar mucho reposo y por lo que sea que no haga movimientos bruscos-dijo este saliendo de los aposentos de la reina luego de darle a la dama Woo los medicamentos a tomar.

Mientras tanto en el baño de la oficina del médico se encontraba la joven general quien su cuerpo limpiaba en el agua caliente de la bañera donde se encontraba mientras en su cabeza planeaba el entrenamiento que ella daría a los iniciados en la guardia del rey.
Por otro lado del pasillo los viejos miembros de la corte real eran llamados de su jubilación al salón real donde discutían con el rey sobre los próximos reemplazos.

-Podemos instruir a los que sacaron el mejor puntaje del Kwa Ku en lo que queda del año, así es el año que entra ya estén en la corte real-dijo el antiguo ministro de guerra.

-Me parece perfecto-argumentó el rey-Que así se haga.

-Su majestad es muy sabio-dijeron los viejos al unísono.

Los miembros de la corte salieron del salón real donde solamente se quedó el rey y su nuevo viejo concejero real que había logrado escapar de la masacre del bárbaro.

-¿Cómo está la reina?-pregunto el rey.

-Se encuentra muy delicada de salud, majestad-contesto el viejo.

-¿Es probable que pierda la vida?

-Muy probable, majestad.

-Necesito una nueva reina que pueda darme a mi heredero-dijo de manera fría.

-¿No es muy pronto, majestad?

-Mi reina está muy débil y necesito un heredero debido a las constantes amenazas de muerte.

-¿Y tienes alguna candidata en mente?

-Aún no estoy seguro-dijo acariciando su labio inferior pensando en la joven general quien se dirigía al salón de arena donde se encontraban los nuevos reclutas cuyos ojos se fijaban en la joven mientras esta les instruía.

Comenzó con una fuerte actividad física teniendo en mente el recuerdo de los arduos entrenamientos que su padre la obligaba hacer, su mente aclaró observando como los nuevos reclutas rogaban por su descanso. Sus ojos se abrieron de par en par sorprendida ante la situación haciendo que su cuerpo ardiera de enojo.

-¿Qué creen que están haciendo?-dijo enojada la joven.

-Están cansados general Woo-dijo el capitán entrando a la arena observando el espectáculo.

-¿Cansados?-dijo de manera burlona-No hemos ni empezado y ¿ya están cansado?

-General Woo.

-Encárgate de ellos-dijo está saliendo de la arena siendo seguida por su capitán.

-Son nuevos, aún no están acostumbrados a esa clase de entrenamientos.

-Tienen que, así no sirven para nada.

-¿Estás escuchando lo que dices?

Sus pasos detuvo acariciando su frente la cual sentía un agudo dolor en esta, sus manos pasaron a sus cabellos sueltos soltando un fuerte suspiro.

-La verdad es que no-contestó-Aun así creo saber a lo que me refiero.

La mano del capitán tomo la muñera del brazo de la joven mujer que se encontraba elevado apartándolo del bello rostro de esta mientras con la otra tocaba su delicada frente apartando los cabellos que caían sobre esta. Su temperatura tomaba cerciorándose de que esta se encontrase bien, sus ojos se cruzaron con los de ella percatándose del ligero sonrojo que se encontraban pintando sus pómulos. Sus ojos verdes desviaron tragando con fuerza sintiéndose incómoda ante la cercanía del capitán.

-Los nuevos te esperan-dijo casi en tartamudeo.

Su mano alejó del rostro de la joven soltando su otra mano, yendo de vuelta a la arena donde instruiría a los nuevos mientras la joven general se encaminaba hacia el palacio real a reunirse con su majestad el rey como era de costumbre cada tres días.

-Majestad, el general Woo-anunció el eunuco.

La joven ingresó al lugar donde se encontraba su majestad el rey sentado frente a su escritorio mientras escribía sus memorias.

-General Woo-dijo sonriendo el rey quien dejó de lado el pincel que tenía en mano.

-Es bueno verle tan saludable majestad-dijo el general de igual forma sonriendo.

-Lo mismo digo general, luces increíble.

-Gracias, majestad.

-¿Te preocupa algo general?

-No es nada majestad.

-Jae Dong somo amigos ¿no?

-Claramente lo somos

-Entonces puedes contarme lo que te incomoda-menciono juntando sus manos sobre la mesa.

-Comienzo a sentir la espada pesada, majestad-dijo en tono serio.

-¿A te refieres con eso?-pregunto intrigado.

-Sé que no llevo un año como general en el palacio-habló dudosa de sus palabras-Aun así llevo buen tiempo dentro del campo de batalla arriesgando mi vida, ya he vengado a mi padre y acabado con un fuerte enemigo de Joseon, creo que ya es hora de retirarme.

-¿Retirarte?, ¿quieres dejar tu puerto y tu espada?, ¿Por qué?

-Majestad no soy un hombre, soy valiente y fuerte como uno aun así no puedo dejar que el resto de mi vida tenga que ver con el manejo de una espada.

-¿Y qué piensas hacer al renunciar?

-Quiero hacer mi vida, pienso trabajar con mi tía por un tiempo quizás llegar a casarme y crear una familia.

Un bufido escapo de la boca del rey quien no podía creer las palabras de la joven mujer.

-No puedes irte así como así-dijo este-Necesito que te quedes en el palacio, en algunos mejes mi reina me dará un heredero y la vida de él podría correr peligro.



Dilv Gold

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En el texto hay: romace, historia, corea del sur

Editado: 14.02.2019

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