Garras Rojas: Noche Oscura

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I

1456 d.C.

Castillo D'Rame, Italia.

 

Light miraba escondido desde la entrada del comedor a su madre y a sus tíos reunidos a la mesa. Junto a ellos también estaba el esposo de su madre, Gio; un vampiro de 900 años con el que Ambra había pasado la mitad de su vida, su hermano mayor Marcus y su melliza Sienna; hijos de Gio, la tía Vittoria y el tío Remigio, ambos hermanos de su madre, con Beatrice, la hija de este último. Todos ellos reunidos al calor de las velas que colgaban de las enormes arañas de cristal del techo, enfundados en los trajes más elegantes según la moda de la época. El pequeño sabía que no debía estar espiando tras la puerta a los invitados, pero le llamaba mucho la atención el curso que tomaba la conversación de los adultos. Su tío acabada de llegar al castillo de un viaje a Inglaterra y había comenzado a hablar sobre algo llamado el plan y sobre las aspiraciones de su padre.

—... la verdad, querida Ambra, nuestro amado padre parece estar cada día más convencido de sus ideales y con todo lo que le ha pasado al mundo en estos últimos años sus ideas no me parecen tan preocupantes después de todo —decía el hombre alto de negros cabellos que se encontraba sentado de espaldas a él.

—Remigio, tu sabes cómo son los humanos... a la primera señal de peligro huirán sin siquiera pensarlo. Padre te ha metido ideas nada realistas en la cabeza —le reprendió Vittoria.

Ambra por su parte, se limitó a suspirar, acomodándose el largo cabello laceo con un elegante y delicado movimiento para luego contemplar sus uñas rojas y brillantes.

—Está bien, ¿no? Que ese hombre loco haga como plazca, en tanto no perturbe nuestra paz entonces no hay razones para preocuparse, después de todo... ¿son los humanos algo más que alimento? —la voz de su madre era suave y hermosa, pero cargada de un tono despectivo al hablar de cualquier asunto que no fuese ella misma, que lograrían helar la piel de más de alguno.

Light esperaba que dijeran algo más, pero en ese momento, Fausto, uno de los sirvientes de la casa, hizo ingreso a la habitación, cargando una bandeja llena de copas de un espeso liquido color granate. El joven vampa pudo sentir como se le hacía agua la boca ante aquel delicioso aroma entre dulce y metal. Pudo oír también los pasos apresurados provenientes de los pisos superiores del castillo los cuales tardaron menos de un minuto en llegar hasta él. Esta vez Claus sonreía ampliamente mientras se acercaba a su hermano, quien, con confianza, le siguió dentro de la habitación aunque sintiera como su estómago se comprimía de una forma extraña, provocando que se apegara más al cuerpo de su hermano.

—Oh, niños, ¿estaban aquí? —pregunto Ambra con una sonrisa al ver a sus hijos al mismo tiempo que tomaba una de las copas de oro de sobre la mesa— acérquense y tomen una copa, al parecer la cacería fue por sobre todo abundante el día de hoy.

Claus miro a Light por sobre su hombro, notando lo incomodo que se sentía al estar rodeado de esa gente casi desconocida. El mayor se adelantó entonces, obedeciendo a tu madre, sacando una copa para él y su gemelo antes de dar media vuelta, indicándole a su hermano que le hermano que le siguiera al jardín. Una vez ahí, ambos niños se sentaron en la fuente sin emitir ruido alguno por un tiempo.

—Claus... —murmuró Light.

— ¿Si? —el aludido miraba el cielo nocturno con aquellos brillantes ojos amarillos al mismo tiempo que llevaba a sus labios la bebida tan preciada que contenía la copa.

Light se removió inquieto, inseguro si debía preguntarle o no a su hermano sobre ese asunto.

—Si quieres hablar hazlo, no es nada grato hablarle a alguien y luego callar —se quejó Claus, apartando levemente la copa de sus labios.

—Es solo que... quería preguntarte si sabes que es un humano. Escuche a los adultos hablar sobre ellos, dicen que nuestro alimento viene de ellos pero... creo que nunca he visto uno —Light se quedó contemplando el líquido rojo en su copa.

—Pues... Marcus dice que los humanos se ven como nosotros, viven en pueblos y ciudades, crían animales para alimentarse y también comen plantas... o algo así —Claus no sonríe esta vez, al contrario, hace una mueca despectiva peor que las de su madre, sabe que no importa como diga las cosas, sabe que su hermano no es normal.

Ambos se quedan en silencio mientras terminan de alimentarse. Light se va a su cuarto primero esa noche. Claus prefiere pasearse por el castillo, solitario, mientras los mayores platican antes que ir a acompañar a Light. Nadie lo sabe, pero él lo detesta. Lo detesta más que a Marcus y a Sienna, lo detesta más que las ordenes, más que a la sed y más que al encierro, él, él en realidad... lo odia



Camila Díaz R.

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En el texto hay: vampiros, licantropos, guerras

Editado: 26.02.2018

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