Garras Rojas: Noche Oscura

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V

— ¡Sabía que algo saldría mal! ¿Qué haremos ahora? No podemos enviarlos con tu padre, ¡va a matarnos! —exclamaba Gio desde la cocina, el lugar donde Ambra y su esposo iban cada vez que discutían. Este se encontraba en el primer piso, casi en un subterráneo, dada la forma de la casa, pero a pesar de eso, Light y yo podíamos oír todo con suma claridad desde nuestra habitación a cuatro pisos de distancia.

— ¿Crees que no lo sé? ¡No pensé que fuese tan evidente! —Ambra gritaba con molestia, podía oír sus pasos ir y venir por el piso de piedra.

— Ah, lo siento pero... Si tan solo hubieses sido más cuidadosa... —la voz de Gio se apagó de pronto.

— ¿Cómo iba a saber que serían tan distintos? ¡¡Solo era un Annahi!! También somos hijos de ellos, ¿no?

— ¡Si, Ambra! ¡¡Pero ellos están vivos!! Entiende... su... su... su parte lobo esta... viva... los niños son…

De pronto todo se volvió silencio. Light me miraba desde la cama donde terminaba de colocarse la ropa. Sin vacilar, le señale la puerta y el, confiado, se acercó a mí para bajar todo el castillo hasta llegar a la cocina que funcionaba más como un almacén pequeño para la sangre.

— ¿Madre? —pregunte empujando lentamente la puerta de pesada madera y dejando el espacio suficiente para que mi cuerpo y el de mi hermano ingresaran al cuarto.

 

—Niños... —Gio, quien había estado sentado frente a Ambra en la mesa de vieja de roble, se puso en pie rápidamente al vernos— vengan...

Light me miro como pidiendo aprobación para ingresar. Yo lo tome de la mano, intentando contagiarme de su increíble tranquilidad en el asunto.

Ambra había atado su largo cabello negro en un peinado alto y voluptuoso, adornado con perlas blancas unidas en cadena que hacían juego con su pálida piel. No pude evitar mirar mi mano derecha unida con la izquierda de mi hermano. Ambas, como siempre, compartían un tono idéntico de piel que esta vez, se acercaba más al tono rosa claro que al blanco perfecto de Ambra y Gio.

Light y yo nos sentamos frente a madre en la mesa llena de manchas rojas secas y esperamos a que Gio tomase asiento junto a ella del otro lado para hablar.

—Los escuchamos gritar desde arriba... —dije simplemente.

Ellos se miraron mutuamente, suspirando antes de que Gio señalase a su mujer con la mano para indicarle que hablara. Ella, a regañadientes, obedeció.

—Supongo que esto pasaría tarde o temprano... —murmuro Ambra, suspirando con pesar— Fue hace mucho tiempo... Cuando Sienna y Marcus habían cumplido sus 13 años vampiros, viajamos a casa de mi padre para que comenzaran sus estudios y entrenamiento. En el trayecto nos encontramos con un grupo de nómadas, un campamento muy tradicional que habitaba el terreno junto un lago. Nos detuvimos, sinceramente, guiados por la curiosidad de ver por primera vez a los Annahis viviendo de esa forma —Ambra sonríe ligero, sin fijar la vista en nada en particular, solo recordando—. En aquel lugar, había un hombre, un chico en realidad, tenía unos veinte años humanos pero era muy maduro, fuerte. Su cabello era negro como la noche y sus ojos de un amarillo intenso como las llamas del sol... Su nombre era Kena y era el hijo del alfa de los annahi...

 

—No entiendo —dije de repente, interrumpiendo la historia de madre y sorprendiendo a los presentes— ¿Que es un Annahi?

—Los padres de nuestra raza, Claus. Los vampiros descienden de ellos, de una parte al menos... Ambra y yo, a diferencia de los demás vampas no sentimos ese odio o resentimiento por los hechos del pasado... por eso nos acercamos —intento explicar Gio con delicadeza.

— ¿Cuáles son los hechos del pasado? —preguntó Light, sin dejar de mirar a nuestro padre adoptivo.

—Bueno... Antiguamente, los annahi intentaron acabar con los vampas, somos considerados conflictivos para ellos y una responsabilidad peligrosa, por lo que mataron a muchos de los nuestros hace siglos —dijo Ambra restándole importancia—. Ahora bien. El grupo de Kena no tenía tales pensamientos hacia los vampas, por lo que nos dejaron pasar un tiempo con ellos. Paso poco tiempo para que él y yo comenzáramos una relación... Ellos no sabían que Gio era mi esposo, pero él si sabía y permitía mi romance con Kena.

—Eran tiempos difíciles para nosotros, nos casamos casi por obligación… No te amaba como lo hago ahora —comento él, sacando una suave risita de Ambra—. Además Kena era increíble, justo, valeroso, fuerte. Un hombre fiel a sus tradiciones; cualquiera se hubiese sentido honrado de recibir un poco de su atención —agrego Gio, pasándose la mano por el cabello negro. Me detuve un poco a mirar su rostro. Él era tan blanco como nuestra madre, más alto que ella definitivamente y poseía unos ojos azules de lo más brillantes. Su nariz larga y bien esculpida le daba una imagen refinaba y elegante, así como sus labios delgados le dotaban de una sonrisa llena de maliciosos misterios. El tal Kena debía haber sido toda una joya para que un vampiro le considerase de tal manera, sobre todo un D’Rame.



Camila Díaz R.

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En el texto hay: vampiros, licantropos, guerras

Editado: 26.02.2018

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