Garras Rojas: Noche Oscura

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VII

Ambra entro a la sala con la cara totalmente inexpresiva.

Un hombre había llegado de pronto hasta nuestra puerta exigiendo tener una charla con nuestra madre. Ella, bastante interesada en el joven vampiro, menor que ella por al menos la mitad de todos su años, bajo al primer piso a reunirse con él. Desde mi habitación podía oír todo y aún más, desde mi cumpleaños podía conocer parcialmente el lugar desde donde provenían los sonidos, como si un mapa mental apareciera en mi cabeza al escuchar un ruido. Sabía perfectamente sin salir de mi habitación que Gio acababa de cambiar uno de los cuadros por una estatua recién esculpida de un par de alas protegiendo dos pequeñas figuras abrazabas en un hueco dentro de la base aun sin haber visto la escultura presencialmente antes y que mi madre bajaba las escaleras que unían el segundo piso con el primero. Podía "ver" de la misma forma como su vestido bailaba sobre sus caderas de forma descaradamente coqueta. Era una habilidad extraña de la que no había comentado nada a nadie y a pesar de que me aprecia bastante inquietante, también era muy divertido para mí.

—Señora D'Rame, buenos días, es un honor para mí estar frente a vuestra tan distinguida persona —el joven vampiro hizo una reverencia ante ella. Definitivamente soy el mejor espía que pueda existir, pensé para mí mismo en ese momento, acomodándome en la cama junto a la hoja con un dibujo a medio hacer de la escena.

—Buenos días para usted también joven... —Ambra se debutó al pie de la escalera, ofreciendo su mano al hombre de crespos cabellos.

—Bonheur, Ivo Bonheur, a sus órdenes mi señora —susurro este, tomando la mano de ella suavemente para besar el anillo de la familia sobre sus dedos.

—Es un placer conocerle, joven Bonheur, me sorprende tener al asistente de mi padre en casa tan de improviso —el tono de Ambra había cambiado sorprendentemente al escuchar el nombre del visitante, reconociéndolo de inmediato como parte de los sirvientes de Theodore II.

—A diferencia de lo que usted pueda pensar, mi señora, debo recordarle que a pesar de la difícil situación que se vive fuera respecto a los nuestros, no podemos dejar de cumplir con nuestras obligaciones y bien sabe usted que es tiempo ya de que sus hijos menores se presenten en casa de vuestro honorable padre —Ivo parecía bastante tranquilo a diferencia de mi madre que, de un momento a otro dejo de moverse del todo—, pero claro, no estoy aquí para llevarme a los jóvenes señores, si no para informarle de la vista que su padre llevara a cabo hasta este castillo cuando le sea posible.

— ¿Él... vendrá? —las palabras salieron lento desde el interior de su garganta, confundida y apesadumbrada por la mala noticia.

—Si, como he dicho, vendrá cuando le sea posible. Él amo Theodore quiere por sobretodo que se enseñe a los jóvenes durante el periodo que deban permanecer en casa, digamos, para no perder el tiempo —concluyo Ivo. Estaba claro que no podríamos libraríamos de las dichosas clases de Theodore D'Rame de ninguna forma, el hombre estaba empeñado en instruirnos en toda materia que le fuese de interés para llenarnos de sus ideas caprichosas.

Salir del castillo sonaba bastante mal luego de enterarse de nuestro verdadero origen. Era imposible que el abuelo quisiera tener mestizos entre los suyos y no teníamos realmente ánimos de saber qué ocurriría con nosotros si él se enteraba de todo.

Ivo se giró lentamente entonces, al tiempo que la sirvienta de esta década entraba cargando cuatro maletas de grueso cuero y finas monturas de plata pura. El frio choque de los metales unos contra otros era realmente desagradable para unos oídos tan desarrollados como lo eran los míos ahora, asi que perdí la concentración en los sonidos provenientes de los pisos inferiores y por tanto, la imagen. Lleve ambas manos a mis orejas, dándoles suaves golpes para quitar la desagradable sensación de sordera.

—... Claus... —Light dejo asomar sus ojos por entre las colchas de la cama. La habitación estaba iluminada de forma tenue por las velas del candelabro en medio del cuarto donde algunas de las velas se habían consumido por completo.

— ¿Qué quieres? ¿No puedes dormir otra vez? —le pregunte con desgana.

—Sabes que no es eso —murmuro sentándose sobre la cama— quería preguntarte sobre nuestro padre. Tu seguro debes saberlo. Siempre sabes todo.

Una leve sonrisa se extendió por mi rostro durante un par de segundos por las palabras de Light. Creía que él no era capaz de darse cuenta de nada, pero no era tan despistado como parecía.

—A pesar de tu consideración, no sé nada sobre ese tema. Estoy en la misma posición que tu —dije recostándome en la cama y tomando el dibujo que había estado haciendo.

Light se acercó un poco, inclinándose para mirar también.

—Es igual a mamá —la admiración se fugaba por sus poros junto con el orgullo. Tales sentimientos de bondad me hacía sentir mal por odiarlo tanto, era incómodamente cálido, por lo que huir de ello de inmediato.

—Bueno —dije dejando el dibujo sobre la mesita de noche— ¿porque no bajamos a la biblioteca y vemos si hay algo sobre esos Annahis de los que hablaban los mayores?



Camila Díaz R.

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En el texto hay: vampiros, licantropos, guerras

Editado: 26.02.2018

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