[gay] Inesperado

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III. Sueños y esperanzas

La primera vez que pude escuchar aquella conversación que Lucien sostenía todos los días con su padre sobre la obligación que tenía de estudiar medicina, fue a los cuatro días de haber llegado a Münich; estaba observando cada una de las reacciones de aquel sombrío chico mientras su padre insistía en la importancia de prestar atención y organizar sus tiempos. Era como si con cada palabra que salía de los labios de su padre viera más cercano aquel momento, para ser honesto yo casi no entendía nada de lo que charlaban; pero para poder hablar con su hijo, hacía que éste le esperase despierto hasta que él llegara del hospital, esa conversación siempre tenía lugar mientras el señor Herman cenaba y su hijo sólo lo acompañaba sin emitir una sola palabra, aunque no era necesario que lo hiciera, su sola expresión lo decía todo.

Tras terminar de cenar se levantaba dando un par de palmadas sobre la espalda de su hijo y se subía a su alcoba a descansar; esa noche sólo le miré sin decir nada, él me miró con ligera angustia y tras sonreír para ocultar su sentimiento de frustración se levantó de aquella silla y caminó despacio hasta el pie de la escalera para comenzar a subir.

—Buenas noches Jukka —me dijo continuando su camino a su habitación.

—Sí joven Lucien —respondí de forma casi inaudible.

—Lo mejor será que te mantengas al margen niñato —me dijo Michael, uno de los sirvientes del señor Lothar—. Es el destino de los Strauß ser médicos, y mientras el señor Lothar siga con vida eso va a llevarse a cabo, créeme.

—Aun así no se me hace justo —insistí mirándolo de reojo.

—Tú y yo no somos más que servidumbre en esta casa, sólo limítate a obedecer lo que se te dice, y procura hacerlo sin esa mirada retadora tuya, puede causarte muchos problemas, supongo que ya habías notado que fuera de la señora Lorraine tú eres el único extranjero en esta casa —me dijo en tono burlón.

—Sí, lo había notado, aunque ambos nietos del señor Strauß son nacidos en Francia —respondí en el mismo tono.

—Pero la nacionalidad de ambos será alemana, primero por derecho de sangre y después porque ya ha sido decidido quién será la prometida del joven Strauß, eso es algo que no se le ha comunicado aún, pero lo harán el día de su cumpleaños, es decir en un par de días —me explicó Michael jalándome hacia sí—; el señor Strauß fue un nazi activo... —musitó dejándome congelado para marcharse a su habitación. Me quedé ahí cerca de un par de minutos, aquella frase dio vueltas en mi cabeza varias veces durante el resto de la noche, de hecho me costó mucho trabajo conciliar el sueño.

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Aquel par de días transcurrieron en aparente calma, se llevaron a cabo todos y cada uno de los preparativos para celebrar el cumpleaños de Lucien quien lucía más distante y cansado, era como si sus fuerzas se hubieran agotado de repente. Se me pidió que lo distrajera durante ese día para que no estuviera pendiente de ningún detalle relacionado con su festejo de cumpleaños, caminamos durante algunas horas por las calles de Münich sin rumbo fijo hasta sentarnos en una banca en un parque cerca del centro.

— ¿No quiere estudiar medicina? —pregunté finalmente, esa pregunta me había dado vueltas en la cabeza desde ver su actitud durante aquella conversación con su padre.

—No —se limitó a responder—. Amo la música, adoro tocar el piano y la guitarra —me dijo mirándome con esa mirada iluminada que jamás había visto en él, una mirada que me dejó embobado, me estaba sintiendo extraño.

—Pero aún falta tiempo para que ingrese a la universidad, ¿no es así? —me limité a preguntar para desviar su atención de mis reacciones.

—Sí, pero mi abuelo quiere que comience el curso desde ya para ir adelantando créditos y asignaturas de la carrera para que pueda ayudarlos antes —me explicó volviendo a lucir triste—; ellos creen que no sé qué es lo que va a suceder hoy —dijo desganado—, van a presentarme a mi prometida Elizabeth Ström, la hija menor de una familia adinerada de Berlín, pero yo no tengo ni la más remota idea de qué hacer, decir o sentir al respecto.

—Seguro será una chica linda —dije sin pensármelo dos veces.

—Tal vez, lo cierto es que conmigo va a ser muy infeliz, no puedo más que sentir tristeza por ella —aquella respuesta suya me dejó curioso, ¿a qué estaba refiriéndose con eso? Miré mi reloj y me levanté de golpe.

—Es tarde, debemos regresar a su casa, la fiesta no debe tardar en empezar y me voy a meter en problemas por haberle llevado tarde —dije apresurándolo, tomé su mano y comencé a correr. Mi pulso estaba acelerado y no era sólo por la carrera hasta la mansión Strauß, sino por tener su mano en la mía, me detuve a unos cuantos metros de la mansión para soltarlo, si alguien veía que estaba tocándolo tendría muchos problemas, si lo analizo creo que ambos los habríamos tenido.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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