[gay] Inesperado

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V. Ten fe y lo conseguirás

Durante un par de semanas, después del incidente en su habitación, estuve acompañando a la pequeña Laurianne a sus cursos de natación y piano por lo que casi no pude verlo; sobre todo porque, como ya le habían dicho, comenzaría con los cursos de medicina que su propio abuelo le impartiría. Supongo que ese tiempo me sirvió para darme cuenta que él era, en realidad importante para mí, tanto que evitaría a toda costa lastimarlo o que resultara lastimado por mi causa; estaba dispuesto a mantenerlo todo en secreto siempre con tal de saber que estaba bien y que algún día podríamos estar juntos, sin necesidad de escondernos o de temer.

— ¿Estás bien Jukka? —Me preguntó la pequeña mirándome con preocupación, supongo que mientras hacía su tarea me quedé absorto durante bastante tiempo.

—Sí señorita Strauß, no se preocupe —respondí reaccionando—. Sólo me duele un poco la cabeza, nada serio, se me pasará en unos minutos.

—Ve a descansar, los dolores de cabeza deben ser tomados en serio —me dijo aún con esa expresión de preocupación que tanto me recordaba a su madre aquel día que me salvaron la vida.

—Lo haré, gracias señorita— dije aliviado, no podía explicarle que lo que sucedía era que deseaba ver y estar con su hermano, eso sería no sólo imprudente, sería estúpido.

Salí de la habitación de la pequeña Laurianne y caminé hasta las escaleras donde Jürgen se encontraba ayudando a Lucien a levantarse, no podía ser obvio en mi preocupación, si no era discreto todo se nos vendría abajo sin remedio.

— ¿Sucede algo? —Pregunté con la mayor frialdad que pude.

—El joven Strauß se desplomó hace unos minutos pero ya está mejor, ve por una jarra con agua muy fría— me ordenó con su clásica expresión de desprecio por lo que evitando perder el tiempo corrí hasta la cocina por la jarra con agua helada para llevarla hasta la alcoba de Lucien.

—Aquí está —dije entrando sin hacer aspavientos.

—Bien, quédate aquí un momento en lo que el joven Strauß se restablece, después vas directo a tu habitación hasta la hora de cenar —me dijo saliendo de la alcoba sin siquiera dirigirme una mirada.

—Sí —dije evitando confrontaciones por sus pésimos modos de ordenar las cosas. Pese a que me molestaba por sobremanera su falta de educación estaba donde quería estar, sobre todo porque él no se encontraba bien—. ¿Estás bien? —pregunté preocupado.

—Estoy mareado, supongo que es cansancio acumulado. Pero estaré bien —me respondió con esa sonrisa que tanto me gustaba ver dibujada en su rostro. Podía infundirme calma con un sólo gesto suyo, con una mirada.

—Es que… —intervine aún con preocupación en mi interior siendo silenciado por sus cálidos labios sobre los míos, aquel sencillo contacto me hizo estremecer tanto o más que la primera vez que me besó entre aquellos arbustos el día de su cumpleaños.

—Voy a estar bien, sólo necesito descansar —me dijo acariciando mi rostro, apenas separando sus labios de los míos por unos milímetros para volver a besarme. Me puse muy nervioso, si seguía besándome y acariciando mi cara de esa manera no podría disimular lo que sentía por él y todo se vendría abajo.

—No lo hagas —supliqué con los ojos inundados, quería seguir besándolo pero si lo volvía a hacer no podría detenerme.

—Entiendo… —musitó con esa mirada comprensiva que tanto me reconfortaba, me abracé a su cuerpo tomándolo por sorpresa, me sentía feliz de verlo, de estar a su lado.

—Te dejaré descansar. Por favor, no te esfuerces demasiado —dije al tiempo que me levantaba de su lecho para caminar hacia la puerta de su habitación, después de todo Lucien lucía mejor y la hora de la cena se acercaba, no podía retar las órdenes ni de Michael, ni de Jürgen por más que yo quisiera—. Kiitos[4] —dije saliendo por la puerta y cerrándola detrás de mí sin dar ninguna explicación.

Me dirigí a mi alcoba sin hacer ruido alguno, me sentía feliz. Sólo mirarlo sonreírme me hacía sentir de esa manera; estaba de verdad comenzando a pensar que todo estaría bien mientras nadie supiera lo que pasaba entre ambos. Esperé de forma paciente, la hora de la cena para dirigirme a la cocina y ayudar a Helga, la cocinera, a servirle a la familia Strauß mientras Jürgen y Michael les llevaban la comida hasta la mesa.

—Estás muy contento hoy, ¿verdad? —me dijo Helga sonriente.

—Me siento bien de estar aquí —me limité a responder para evitar más cuestionamientos, tonto yo, Helga era más que curiosa.

— ¿Saliste hoy, o encontraste ese ‘bienestar’ aquí en esta casa? —Me cuestionó de nueva cuenta, dejándome frío; supongo que mi expresión le suplicó que no dijera nada más—. Aquí… —musitó mirándome de reojo mientras hacía toda clase de suposiciones en su cabeza.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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