[gay] Inesperado

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VI. Realidad

Durante los siguientes dos meses todo parecía en absoluta “normalidad”, o al menos yo ya había entendido la verdadera dinámica de la señora Lorraine y sus hijos con el abuelo Strauß; era complejo, todos le daban por su lado siempre, nadie cuestionaba ninguna de sus órdenes aunque en varias ocasiones lográbamos ver la molestia marcada en los rostros de los tres.

Odiaba ver a Lucien cansado, débil por tanto estudio; casi no estaba descansando y creo que tampoco estaba comiendo bien; sólo podía mirarlo demacrarse sin poder hacer nada y eso me hacía sentir furioso. Creo que la pequeña Laurianne estaba dándose cuenta de mi creciente interés en su hermano mayor y que las pocas veces que él estaba con nosotros en su alcoba sólo me miraba de reojo de forma obvia; lo sé porque, aunque jamás dijo una sola palabra en esos dos meses, se salía de su habitación con cualquier pretexto dejándonos solos por unos minutos, minutos que me hacían feliz por completo.

— ¿Estás bien Jukka? —Me preguntó la pequeña mirándome con preocupación, esa mirada que sólo hacía cuando veía a su madre o hermano enfermos.

—Sí, no se preocupe señorita Strauß —respondí volviendo en mí.

—Es que estábamos hablando y de pronto te quedaste callado, como si no estuvieras aquí —me dijo tocando mi frente para saber si tenía fiebre.

—Me siento bien, sólo me quedé pensando, gracias por preocuparse —dije tratando de calmarla, tenía que hacer algo para poder estar a solas con él y averiguar qué estaba pasándole, me tenía muy preocupado y eso me impedía cumplir mis obligaciones como debía ser.

—Eso espero —me dijo sentándose frente a mí una vez más sin despegar su mirada de mi rostro y mis reacciones—. Como te decía, mi abuelo partirá con papá en un par de días rumbo a Berlín para un congreso, eso nos dejará descansar a todos de sus regaños y órdenes—

‘¿El viejo Strauß y el señor Herman se iban de viaje?’ eso era lo mejor que podía pasar, podría escabullirme con él y poder charlar, tenía tanto tiempo que no charlaba con él y que sólo lo veía por pequeños ratos.

— ¿Irá alguien más con su abuelo señorita? —Pregunté interesado, creo demasiado, tanto que lo notó.

—Supongo que Jürgen o Michael, no creo que lleven a mi hermano. Mi abuelo dice que aún es demasiado bruto para valorar un congreso de médicos —dijo imitando la voz de su abuelo de manera burlona; logró hacerme reír tan sólo de imaginar al viejo Strauß diciéndolo con las muecas que hacía la pequeña.

—Vaya…—dije tras reírme un par de segundos más—. Pues ojalá usted y su familia puedan descansar con la ausencia de su abuelo y su padre.

— ¡No sólo de ellos! — Me dijo con cara de hastío—. También cualquiera de los buitres de mi abuelo, son un completo fastidio; sería genial que se los llevara a los dos para que los cuiden —dijo casi a gritos, sólo pude observarla con sorpresa, tanto que al mirarme se quedó callada y ruborizada por completo.

— ¿Pasó algo? —pregunté tratando de recuperar la cordura.

—Creo que me exalté, ¿verdad? —preguntó apenada.

—No, es sólo que ellos dos se la pasan vigilando todo lo que sucede en esta casa y luego van a contar sus versiones a su abuelo —dije en voz baja.

—Ya lo sabíamos —me dijo obviando la situación—. Mi mamá no los soporta, mi hermano y yo tampoco, al principio pensé que terminarías siendo uno más del montón de buitres que vienen a trabajar a esta casa.

— ¿Yo? —pregunté sorprendido.

—Sí, lo siento. Pero eso fue lo que pensé al principio, ahora ya no, creo que eres buena persona.

—Gracias señorita Strauß.

— ¿Puedo hacerte una pregunta Jukka? —Murmuró, sólo atiné a asentir con la cabeza evitando hacer cualquier ruido—. Tú y mi hermano, ¿tienen algo? —La pregunta fue tan directa que no pude evitar sorprenderme; tenía razón, la pequeña Strauß era muy observadora.

—Preferiría no hablar de ello aquí —musité por si había alguien escuchando detrás de la puerta.

—Entiendo, no necesito más —me dijo con alivio en su rostro—. Sólo cuídalo —musitó una vez más con un guiño. No pude evitar mirarla desconcertado, parecía que en estos meses que tenía conviviendo con ella había logrado descifrarme más que lo que cualquiera hubiera logrado antes.

— ¡Jukka baja enseguida! —Logré escuchar la voz de Jürgen llamándome desde las escaleras, suspiré y me levanté para dirigirme hacia donde se me llamaba.

—Cuídate Jukka —dijo la pequeña sonriente.

Sólo atiné a asentir un poco, antes de retirarme de su habitación, caminé a través del pasillo hasta donde estaba aquel “buitre” esperándome con su mirada de desprecio de siempre.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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