[gay] Inesperado

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XI. Resolución

Nos quedamos dormidos sobre su cama, creo que estábamos cansados y el haber llorado había logrado que liberáramos todo aquello que nos hacía presas de pensamientos idiotas y autodestructivos.

Desperté y él ya no estaba a mi lado, fijé mi vista en el techo de la habitación para ver si concentrándome podía escuchar algún sonido que me dijera que estaba sucediendo algo extraño en la casa Dupont. De pronto le vi salir del baño de la habitación, estaba arreglado, mi angustia desapareció al momento de verle y me senté sobre la cama, al verme sonrió como pocas veces le he visto sonreía, aún hoy no olvido esa hermosa sonrisa que iluminó su rostro y me la dedicó a mí, fue por mí y para mí.

— ¿Descansaste? —Me preguntó sonriente acercándose a mí para depositar un beso sobre mis labios.

—Algo, ¿tú?

—Un poco, pero debo admitir que me siento mejor que ayer. Mi padre y abuelo ya llegaron, voy a ver en qué van las cosas, Laurianne debe estar en el pasillo, voy a decirle que se quede aquí contigo, no la dejes sola, por favor.

—Pero…

—Por favor Jukka —interrumpió con un dejo de preocupación en su mirada—. Necesito hacer esto, Laurianne se preocupa de más y si está sola sólo va a provocar algo que no tendrá marcha atrás.

—Sólo porque tú me lo pides Lucien —dije preocupado, me levanté de la cama y acomodé mi cabello para que la pequeña entrara en la habitación de su hermano.

Laurianne entró a la habitación mientras Lucien cerró la puerta para ir a donde su madre charlaba con su padre y abuelo, la pequeña estaba nerviosa, lucía entre molesta y angustiada, era como si todas aquellas ideas de libertad se hubieran esfumado por algo terrible.

—Todo va a estar bien —dije tratando de tranquilizarla y tranquilizarme a mí mismo, buscaba el autoconvencimiento.

— ¿Tú crees? —La mirada de Laurianne buscaba mi tranquilidad para calmarse, ambos estábamos nerviosos por lo que pudiera pasar, y la incertidumbre de no saber lo que estaba ocurriendo ahí era todavía peor.

—Lo creo, así será.

—De acuerdo —dijo sentándose sobre la cama con la mirada fija en la ventana, como buscando algo.

—Ten fe Laurianne, tu hermano y tu mamá van a arreglar las cosas; tiene que ser así.

Laurianne me miró unos segundos y sonrió ligeramente sin decir una palabra más, era como si hubiera comprendido a la perfección que yo también necesitaba convencerme para estar lo más tranquilo posible. Pasaron cerca de diez minutos sin que, en realidad, dijéramos algo en serio, bromeamos sobre el viaje y sobre lo que a la pequeña le gustaría conocer de España, hasta que decidimos ir a ver, por nuestros propios ojos y de forma discreta, lo que estaba sucediendo ahí.

Permanecimos afuera del estudio donde estaban charlando sólo ellos 3, con nosotros estaban los abuelos de Lucien y Laurianne, curiosos de lo que pasaba dentro…

—Por momentos se oye que discuten fuerte —murmuró la señora Dupont en mi oído para que Laurianne no escuchara—. Parece que el señor Strauß está muy molesto y mi yerno no está muy contento tampoco.

—Era de esperarse, les gusta tener el control sobre las cosas, las personas y las situaciones mujer —intervino el señor Dupont con molestia marcada en el rostro —, tenemos que hacer que se vayan y ya.

Laurianne se acercó a la puerta para poder escuchar lo que pasaba dentro, su rostro era inexpresivo, por momentos manifestaba sorpresa o enojo; estaba preocupado, las cosas parecían empeorar por momentos, sobre todo cuando se escuchaba gritar reclamos al viejo Strauß y Lucien le callaba a gritos también.

Cerca de quince minutos después se abrió la puerta del estudio y pudimos ver salir al viejo Strauß y su hijo Herman, lucían furiosos, era como si no hubieran logrado lo que querían lograr, la señora Lorraine salió enseguida pidiéndole a su madre hielo, Laurianne y yo nos miramos el uno a la otra; y ella entró corriendo a ver si su hermano estaba bien mientras yo me encargaba de cuidar a su madre y sus abuelos.

—Vas a terminar volviendo Lorraine —sentenció el viejo Strauß con mirada amenazante.

—Los quiero fuera de mi casa a los dos y ya, o voy a llamar a la policía —amenazó el señor Dupont mientras entraban su hijo Gerard y un par de empleados del viñedo.

—Ya te lo dije Herman, quiero el divorcio, mis hijos se quedan conmigo, y tú te dedicas a tu hospital, que es lo único que les importa a ti y tu padre —la señora Lorraine se veía segura, molesta pero convencida de lo que pedía, era como si tantos años de abusos hubieran terminado de un solo golpe—. No vas a ponerle un solo dedo encima a mi hijo, jamás.

—Es un Strauß, debe ser obediente al destino de la familia Lorraine, aunque nos separemos no deja de ser mi hijo también.

—Él debe volver a Alemania con nosotros y completar sus estudios en medicina, eso no es una opción —interrumpió el viejo Strauß con molestia. Lucien salió del estudio acompañado de Laurianne, tenía un par de golpes en su rostro, mentiría si dijera que no hizo hervir mi sangre el verlo así.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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