[gay] Inesperado

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XII. Destino…

Esa noche transcurrió en absoluta calma, no pude evitar estar pendiente de Lucien, me tenía preocupado y mucho, sólo quería que descansara y recobrara fuerzas para disfrutar de su libertad al lado de su madre y hermana en Nantes.

Me quedé a su lado, permanecí despierto por un rato y finalmente al tranquilizarme me quedé dormido en el sillón que estaba cerca del ventanal de su habitación. Por la mañana escuché el ruido de la regadera logrando hacerme reaccionar, abrí mis ojos con pesadez; aún estaba adormilado pero logré darme cuenta que estaba recostado sobre la cama de Lucien, él me había pasado a su cama y yo no me había dado cuenta de ello, de hecho ni sabía cuánto tiempo llevaba acostado ahí, lo que sí pude imaginar es que él no llevaba mucho tiempo de pie porque solía bañarse casi enseguida de levantarse.

— ¿Dormiste bien? —me dijo saliendo del cuarto de baño, lucía mejor que como se encontraba la tarde anterior.

—Sí, gracias —dije apenado—, ¿tú cómo estás?

—Mejor, un poco adolorido, pero creo que el morado me sienta en el rostro, ¿no te parece?

— ¿Estás loco? —pregunté logrando hacerlo reír a carcajadas por mi respuesta a su tonto comentario.

—Bueno, al menos puedo decir que le partí un metacarpo al viejo al intentar golpearme de nuevo —rió sentándose sobre la cama, junto a mí. Le miré extrañado sin saber qué decir a su último comentario, rara vez lo veía así.

— ¿Estás bien, Lucien? —pregunté preocupado.

—Sí, la primera vez que me golpeó me lo gané, yo lo insulté, así que estos moretones en mi rostro yo los conseguí, pero cuando intentó tocar a mi madre no se lo permití, así que quiso golpearme y tomé su mano, creo que apreté muy fuerte porque escuché que algo tronó.

—Imaginó que en parte eso fue lo que lo enfureció.

—Supongo, la verdad es que dijeron tanta estupidez que nada es rescatable, sólo que mi madre les dijo que se largaran y no volvieran, que quería el divorcio y nada más, le dijo a mi abuelo que podían quedarse con todo el dinero, que a ella no le interesaba eso, que sólo quería que ellos estuvieran lejos de nosotros y ya.

—Tu madre es una mujer muy fuerte.

—Ya lo creo, pero le tomó tiempo, no te creas.

—Ya le conté todo a tu mamá —dije mirando su expresión de sorpresa—, me dijo que me quedara porque yo quisiera hacerlo, no porque yo sintiera que les debía algo a ustedes.

— ¿Y bien?

—Me quedo porque quiero Lucien, por fin me siento parte de una familia, difícilmente podría renunciar a ello.

—Lo sé, y de verdad me da gusto que desees quedarte con nosotros— su abrazo logró hacerme temblar, ansiaba tenerlo cerca, oler su esencia, sentirlo, besarlo…

Besó mis labios con lentitud mientras sus manos recorrieron mi espalda causándome espasmos, estaba con él por fin, sin miedos, sin dudas; sólo estábamos ahí sobre su cama besándonos y tocándonos. Retiró esa playera blanca de mi cuerpo sin dejar de observarme, acarició mi piel mientras acercaba sus labios a mi cuello para besarlo, yo sólo podía aferrarme a las sábanas de la cama concentrándome en todas y cada una de las sensaciones que estaba recibiendo en ese momento, no sólo estaba entregándole mi cuerpo sino mi vida entera.

Se detuvo un momento para mirarme a los ojos con esa expresión que tanto adoraba ver, su mirada me decía todo, las palabras estaban sobrando sabía que me amaba, lo sentía, podía verlo a través de él. Recorrió cada milímetro de mi piel con sus manos y sus labios haciéndome disfrutarlo, desearlo más con cada segundo que pasaba, me abracé a su cuerpo para disfrutar de su piel también, de la calidez de su cuerpo sobre el mío, esa mañana fue inolvidable para mí, su alma fue mía a partir de ese momento, y aún lo es.

Caímos dormidos sobre su cama, abrazados, estábamos exhaustos, pero yo me sentí pleno a su lado, extasiado con cada roce de su piel sobre la mía, tan sólo recordarlo ahora me hace ensoñarlo. Debimos dormir cerca de tres horas porque Laurianne llamó a la puerta logrando despertarnos, eran cerca de las cuatro de la tarde, Lucien se cubrió con una bata y entreabrió la puerta para atender a su hermana mientras yo me enderezaba para esperar que cerrase la puerta e irme a duchar.

— ¿Qué pasó? —pregunté caminando hacia la puerta del baño interior mientras él me observaba sonriente.

—No mucho, querían saber si comeríamos algo, así que le dije que en un momento saldríamos porque estábamos dormidos todavía, lo supusieron por el estrés de ayer —rió acercándose para depositar un beso sobre mi frente—, dúchate, yo lo haré después.

—Bien, no tardo.

Entré al cuarto de baño y me duché, pocas veces había disfrutado tanto de la caída del agua tibia sobre mi piel, estaba disfrutándola de veras. Salí del baño y ahí estaba él, mirando a través de la ventana, atiné a llamarle para que reaccionara y se duchase, rió al darse cuenta que estaba absorto en sus pensamientos, me senté sobre la cama para esperarlo, no tardó más de diez minutos en salir y ambos salimos de su alcoba con rumbo al comedor, su abuela nos había esperado para comer, mentiría si dijera que no me sentí apenado por ello, pero disfruté mucho comer con la señora Dupont, Laurianne nos acompañó y bromeamos sobre varias cosas, la señora Dupont contó varias anécdotas sobre sus nietos mientras Lucien y Laurianne reclamaban por ello y yo reía por las peripecias de ambos y sus primos.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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