[gay] Lo mejor está por venir

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Lo inevitable, volver a la capital y prepararse para el trabajo. Marissa y Saúl se harían cargo de acompañar a Regina durante el tiempo que pasaría en el hospital, su madre se había ofrecido a ayudar a ambos en esos momentos en que ambos debían irse a trabajar y no hubiera quien se quedara en el hospital. Laura se había llevado a la bebé consigo, y mientras no llegara el fin de semana largo él se quedaría en casa de sus amigos para estar pendiente de Elisa.

Averiguar la identidad y paradero del padre biológico de la niña le tomó a Joanna más tiempo del que había esperado, casi una semana de llamadas e interrogatorios sutiles para conseguirlo.

—¿Boca del Río, Veracruz? —preguntó incrédulo—, Regina había dicho que él había pedido su traslado a Monterrey…

—Pues supongo que eso es lo que a ella le dijeron por petición de él, o yo qué sé… —respondió Joanna apurándose la taza de café americano caliente que aromatizaba toda su oficina.

—Y hasta resulta que dejó de trabajar para la dichosa empresa comercializadora… —repasó la información en voz alta—. ¿Cómo se supone que sepa si de verdad sigue viviendo en Boca del Río?

—Bueno, supongo que la dirección que me dieron después de mucho preguntar podría darnos alguna pista —sugirió Joanna—. Lo único que se me ocurre es ir y averiguarlo, el problema aquí es conseguir el permiso del jefe para ir hasta allá; no se me ocurre algún pretexto válido para que nos manden…

—Boca del Río… —susurró mirando las notas de Joanna detenidamente—. Quizás si ofrecemos una campaña publicitaria a la comercializadora donde él solía trabajar…

—Pero su matriz está en Puebla, no en Boca del Río…

—Cierto…

—Alguna empresa de por allá que nos resultara conveniente —pensó la mujer en voz alta—. Yo podría buscar alguna…

—A ver si por ese lado lo logramos, si no es así voy a tener que esperar al fin de semana largo —dijo más resuelto—. Sólo es más tiempo…

—¿Ha pasado algo con el tema del marido abusador?

—Siguen sin encontrarlo, y probablemente así siga por un rato porque su amigo en la procuraduría debió haberle sugerido esconderse por algún tiempo, hasta que se nos pase la emoción del momento, me imagino —dijo con ligera molestia.

—Tenía que ser… —bufó Joanna con indignación—. ¿Un amigo en la procuraduría, de verdad?

—Sí, para terminar de empeorar las cosas; le dije a Saúl que sin importar nada sigan insistiendo a la policía para que no deje de haber presión por nuestra parte, eso nos da un poco más de tiempo.

—Voy a buscar algo para que nos hagan ir hasta allá; falta casi un mes para el puente, no tenemos un lujo tan grande —la escuchó decir decidida, la vio tomar su taza y encaminarse a su escritorio en las afueras de su oficina.

Suspiró cansado. Había sido una semana cansada después de todo, la casa de Laura y Rogelio quedaba más lejos de su trabajo y debía levantarse más temprano para llegar a tiempo, sumado a la falta de sueño de algunas noches porque Elisa lloraba de vez en cuando. Recargó la espalda en el respaldo de la cómoda silla en la que pasaba sentado casi ocho horas de lunes a viernes. Fijó su mirada en el blanco techo de su oficina, como si quisiera buscar algo que se le había perdido allí.

El sonido del teléfono sobre su escritorio le atrajo de vuelta a la realidad. Estiró el brazo y cogió el auricular del aparato.

—¿Diga? —respondió casi en automático.

¿Señor Olivares? —escuchó una voz masculina desconocida para él al otro lado de la línea.

—Sí, soy yo, licenciado Marco Olivares a sus órdenes—contestó—, ¿con quién tengo el gusto?

Buenas tardes señor Olivares, soy el licenciado Román Castrejón; le llamo porque su secretaria ha hecho algunas llamadas, porque usted está buscando a uno de nuestros ex trabajadores, el licenciado Gabriel Sotomayor, por un delicado asunto personal de carácter urgente.

Miró a través del umbral de la puerta, Joanna le miraba con amplia sonrisa y en señal de celebración la vio levantar el pulgar de su mano derecha. Suspiró.

—Así es, estoy tratando de contactarlo porque una prima mía tiene un hijo suyo —mintió suplicando que su interlocutor tuviera la amabilidad de darle la información que buscaba.

Entiendo —le escuchó decir en un tono que le pareció indescifrable—; verá, por lo general no podemos dar esa clase de información personal, sobre todo porque el licenciado Sotomayor ya no labora con nosotros y no podría garantizarle que la información siga siendo válida.

—Lo sé, pero me es urgente; verá, se necesita una donación de médula porque la criatura está muy enferma…



Saga Zuster

Editado: 06.01.2019

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