[gay] Lo mejor está por venir

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Llegó a casa de Rogelio y Laura pasadas las nueve, la pequeña Elisa dormía plácidamente y decidió tomarse una última taza de café en compañía de sus queridos amigos. Les hizo saber que gracias a los esfuerzos de Joanna podrían viajar a Veracruz en una semana más para buscar al padre de Elisa. Acababa de terminar la campaña publicitaria que tenía pendiente, sólo le restaba presentársela al cliente y estaría libre para convencer al cliente de Veracruz que Joanna había conseguido.

Estaba cansado, pero escuchar que Regina también estaba poniendo de su parte para solucionar el problema le animaba a no detenerse. Con suerte, Tomás se retractaría y haría a un lado sin más; con tal de evitar problemas legales.

Rogelio parecía entusiasta respecto a cómo iban moviéndose las cosas, a sus ojos el hecho de que Regina no retirase los cargos a pesar de la amenaza de su suegra era una buena señal. Tenía buenos amigos en la procuraduría y solía pedirles consejo cuando sus casos necesitaban de cierto apoyo extra.

Esa noche durmió a pierna suelta. Como no había dormido durante el último mes, cuando menos, desde que había iniciado con su aventura de querer mudarse. Tenía un viaje que planear con Joanna, no podía darse el lujo de desvelarse o conducir cansado. Ya podría descansar una vez que la situación se calmara.

Por la mañana se levantó minutos antes que el despertador sonara, se duchó y desayunó en compañía de sus amigos, la pequeña todavía dormía y había sido una noche bastante pacífica.

—¿No planeas llevarte a la niña, verdad? —le preguntó Laura con preocupación.

—No, sería una imprudencia de mi parte; quizás se la lleve a mi madre para que puedan descansar ustedes —dijo resuelto—. Supongo que me tomará un par de días laborales encontrarlo y poder hablar con él.

—Puedes dejarnos a Elisa, no hay problema con ello —insistió Laura, sorprendiendo a Rogelio—; yo no estoy trabajando, y de alguna manera me mantiene ocupada…

—Sí, supongo Lau; pero cuando Regina salga del hospital, Elisa se irá con ella…

—Sí, lo sé…

—No quiero que se encariñen de más y luego resulten lastimados por ayudarme en esto.

—Entiendo… —respondió su amiga con decepción trazada en el rostro—. Tienes razón.

—Bueno, me voy al trabajo; los veo en la noche —dijo tras tomar su portafolios para irse.

—Yo también me retiro —dijo Rogelio—. Voy a ver a Regina hoy, para adelantar lo que sea posible; sirve que así presiono a la policía un poco más.

—Tampoco te extralimites —le pidió Marco con preocupación—. No sé de qué tanto sea capaz Tomás, la verdad no lo conozco.

—Mira, los tipos así no tienen escrúpulos; y en su caso particular no tiene mucho que perder, pero es precisamente por eso que debe ser detenido, o no seré yo a quien joda, sino a Regina…

—Déjalo hacer su trabajo, Marco; él ya ha atendido casos como este antes —insistió Laura con total confianza—. Mi Rogelio es un excelente abogado.

—Sí, lo sé… —admitió más tranquilo—. Tienes razón.

—Bueno, me voy —dijo Rogelio tras besar a Laura en los labios a modo de despedida—. Nos vemos en la noche amor.

—Sí, que te vaya bien.

Laura permaneció asomada en la ventana conforme se alejaba en su auto. Imaginó que era rutina de ellos el despedirse de aquella forma. Le encantaba ver la interacción que sostenían como pareja, aunque se sentía más allá de incómodo por ser un intruso en la intimidad de su casa. Suplicó mentalmente por que la situación de Regina se solucionara pronto. Aborrecía con honestidad ser una molestia para cualquier persona, más todavía para sus queridos amigos.

Las cosas en la oficina parecían ir de acuerdo a lo que había imaginado. Joaquín parecía complacido y contento con el resultado de la campaña publicitaria que él y Joanna habían llevado a cabo durante los últimos cinco meses; la reunión de presentación con el cliente se llevaría a cabo esa misma tarde a las seis, lo que le provocaría los nervios suficientes para no tener ganas de comer antes que eso ocurriera, a pesar de la desbordante confianza que su asistente manifestaba sentir respecto al trabajo realizado.

—Deberías comer Marco, no es bueno malpasarse, luego la gastritis y después las úlceras gástricas, no, no —la escuchó reprenderle en un tono que le resultó casi cómico.

—Sólo algo ligero —concedió mirando el menú del pequeño restaurant al que habían asistido—. Un sándwich será…

—Es mejor que nada —la escuchó decir mientras se encogía de hombros—. Pero tienes que reconocer que es prioritario cuidar tu salud, sobre todo con todo lo que ha pasado y el viaje que vamos a hacer…

—Sí, sí… —respondió sin ganas de darle más vueltas al asunto, ya tenía suficiente con los nervios por la presentación de la campaña.



Saga Zuster

Editado: 06.01.2019

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