Geal Ali Crónicas: Poder Absoluto.

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Capítulo 2.

Capítulo 2, Tacto de sangre.

 

Los escombros podían verse por todas partes y la chica llamada Am vestía como para un fetichista asiático, con pantalón, corsé y chamarra negra debía ser una vestimenta militar en Otpige, en su mano había un objeto parecido a una pistola, pero sin gatillo. El arma tenía un tubo pegado por la parte de las balas insertado color violeta, cuando observé a Am más cerca, vi que era un metal brillante y negro en forma de un Glock 17.

 

Me tendió su mano para sujetarla, me levantó con una fuerza que superaba la mía. Logré sentir su nivel de poder, su energía no era común para un peleador humano que práctica artes marciales, esto era mejor y excitante.

 

Las pocas personas sobrevivientes se ayudaron entre sí, levantando gente herida, no sabían que los había golpeado, otros pensaban que era un ataque terrorista de los sicarios del sur, lo primero que hice fue ayudar a familias con niños gracias a Dios no había ningún niño muerto, pero sí lastimado.

 

Sergio estaba mal herido a unos metros, en su pierna había un gran agujero, sangrando con rapidez. Am se acercó y le hizo un torniquete arrancando parte de la camisa blanca que estaba debajo de esa chaqueta de color camuflaje azul, que llevaba puesta Sergio desde el bar.

 

—Alfairos. — Am dijo con la rara pistola en una mano y con su otra mano a gran velocidad hizo que la pierna de Sergio dejara de sangrar.— Están aquí— me miró.— Sólo nosotros los podemos ver— explicó con la mirada alrededor de los escombros y pedazos de aviones que sufrieron el impacto.— Debes estar preparada no te servirá de nada estar sin armas, tómala— señaló una especie de placa de metal en su cinturón, uno al que se podía observar pequeñas líneas plateadas que brillaban por partes, con las luces del edificio que se apagaban, se prendían hasta fundirse. Como neón.

 

— ¿Qué es eso? — pregunté, la muñeca que me habían obsequiado estaba despedazada a mi lado, y tomé la placa metálica.

 

—Un arma— al responderme sus ojos se volvieron demasiado blancos como si controlara ese efecto aterrador con la pupila felina. — Están aquí, debemos tener cuidado, princesa.

 

Nunca me enfade tanto por no conocer más sobre mi propia especie su nivel de pelea de la chica de nombre Am estaba aumentando, al oprimir mi mano en la placa de metal comenzó a estirarse formando un sable delgado, la transformación fue igual que cuando observas el propio mercurio moverse. Mi ira debió activar la extraña arma.

 

—Nuestra debilidad es también nuestra mejor arma. — Am menciona con la voz agitada. — El mercurio insertado en tu cuerpo sería mortal. Otra cosa importante, no confíes en nadie que no sea congresista, debes entenderlo. Lo que sigue se pondrá muy feo.

 

— ¡Entiendo! — dije, sonreí al sentir el arma tan delgada, me gusto en absoluto, si tuviese otra placa igual sería mejor que una. — Entonces, ¿Cómo son los alfairos?

 

—Buena pregunta— continuó. — ¿Has visto a alienígenas de la televisión? Los cazadores de ovnis, locos diciendo que existen y te muestra muñequitos blancos o grises por ahí.

 

—Sí.

 

—Esa es tu respuesta. — ella parecía conocer a la especie humana y sus costumbres a pesar de estar lejos del hogar como yo y la comprendía, la Tierra era un lugar perfecto— ¡Hay dos aquí!

 

—Lo sé, lo siento, como los extranjeros su piel había cambiado—recordé que ella no había estado en el bar.

 

Podía notar la presencia de algo maligno, no los podía ver había algo diferente en esa especie de alienígenas algún truco para ser invisibles, Am sonrió y disparó al aire matando dos alienígenas iguales que los que me atacaron en el bar, me daban terror los ojos escarabajos de esos seres.

 

—Tu nivel de pelea— dije asombrada por ella. — ¡Es increíble!

 

—Soy extremo clase cinco. Un paso más y estaré lista para el absoluto, sólo los Otpiges de sangre real pueden hacerlo es raro para un humano idee noble sería la primera— comprendió con mi rostro que no entendía nada entonces me miró a los ojos y con los suyos completamente raros. — ¡No lo creo! — se dijo a sí misma. — ¡Debes ser más poderosa que yo! Pero...



Geasul Oropeza

Editado: 14.10.2018

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