Geal Ali Crónicas: Poder Absoluto.

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Capítulo 4.

Capítulo 4, Denia

Finalmente conocería a Denia quien es la causante de la destrucción de una familia y la verdadera razón en que los Otpiges tanto como los congresistas odian a todos los seguidores de mi tía... ¿Cuánto dolor ha causado?

Frerick corrió hacia el lago, el Napaleano lo siguió, yo decidí quedarme. Cuando ambos llegaron a la orilla del lago la sangre podía verse clara desde mi posición, comenzaron a flotar cabezas cerca del pie de Ryan, a él no le agradó lo que vio. Frerick quería seguir el espíritu de pelea de Denia para poder saber dónde estaba su paradero. Era posible que el Poder Absoluto estuviera cerca algo como eso se sabría incluso los humanos lo sentirían. De repente el lago se agitaba igual que sí un cocodrilo jugara para aparearse. Burbujeaba, algo andaba mal.

Ryan caminó despacio con dirección hacía mí de espaldas, sus sables volvieron a nacer para recibir la segunda amenaza ambos hombres estaban armados de dos sables, pero yo no.

Fuera lo que vendría estaría en peligro, sin un arma a mi lado no sería capaz de poder contra la propia Denia ni menos con un nivel más alto que el mío y es Denia quien sobrepasaba ese límite.

Salieron cascos de metal como cuando las tortugas emergen, eran robots que habían salido del lago, máquinas tipo humanoides por aquella razón no los detectaron, se movían hacía Frerick y Ryan.

Estaban hechos de lo mismo que Dante en el bar, alguna tecnología que podría manipularlos, era peligroso incluso para mi hermano, los robots parecían una especie humanoide con el fin de aniquilar lo que está vivo. Sin espíritu en su ser pasaron desapercibidos.

— ¡Geal! – gritó Frerick desde su posición. — ¡Corre!

—Mierda son muchos. — Ryan se quejó.

— ¡Ya sé! Y es tu turno. ¡No querías el siguiente!

No me moví a la orden de mi hermano, observé como los robots los atacaron ambos se defendían eran talentosos guerreros. Sus sables eran perfectos destrozaban en algunas ocasiones pedazos de máquinas con liquido plateado derritiéndose, algunos robots tipo humanoides eran tan fuertes, usando sus mismos brazos metálicos como armas para chocar con los sables.

— ¿Nunca habías visto nada igual? – escuché. Una voz femenina detrás de mí. Fue raro, el nivel de pelea de esa mujer era oscuro, pero no como la primera presencia que sentí. Miré el velo rojo alejarse con el viento.

Decidí ver a la mujer con mis propios ojos, la vi tan rubia como piel pálida sin recibir vitaminas, aunque la hacía lucir bella en una forma anti-humana, el parecido era casi igual a la familia. Ella era astuta que ocultaba bien su espíritu de pelea con el ataque de los robots. Vestía con ropa ajustada del color de la misma sangre, sus ojos eran tan azules como los del Napaleano, sus labios rosas, con una fresca y relajante sonrisa.

— ¿Denia? — me preguntaba en voz suave. La mujer sonrió como si fuese una divertida adivinanza.

—Geal Ali–dijo. Con un tono de voz tierno. —Un placer. ¡Increíble el parecido no, a tu estúpida madre la reina, Luz! ¡Patético no! Un estúpido nombre, sí jamás demostró luz para su familia. ¡Imagínalo! Usar el poder sagrado para contra su sangre– sus manos estaban relajadas no planeaba atacarme, aún.

—No deberías estar aquí– no sabía que decirle era parte de mi familia, la mitad de ella era mi sangre, una Otpige– Matar humanos está prohibido.

— ¡Enserio! — sonrió burlona. — Parte de mí no es Otpige, merezco hacer añicos a humanos, la mitad de mi es humano, algo a lo que mi padre conocía a la perfección al engendrarme con una hembra humana. Un Otpige y un humano cogiendo hacen un perfecto ser, por eso me temen. Soy la mujer más fuerte del universo. La perfección del futuro.

— ¿Qué es lo quieres? — pregunté.

Aún no sabía cómo evitarla.

—El Poder Absoluto. — Denia me sonrió extendiendo la mano hacia el frente.

Me asusté dando un paso atrás, el suelo se agitó algo salía escondido de la tierra, una tabla de plata, creada por una bola de mercurio. La especie de tabla la controlaba con su guante cual lucio brillante.

Denia subió encima de la tabla, en su rostro se expresó ira, sus manos estaban sobre mí con la rapidez de los Otpige y me había hecho subir. Con su control nos elevábamos pasando por grandes árboles, intentaba huir de sus brazos, pero la rubia era demasiado fuerte.

— ¡No luches! – gritó. Mis glúteos tocaban algo que no me gustaba, odiaba estar al tacto con una mujer con el alma oscura. — ¡Eres débil ante mí! Tu sangre no puede superarme por eso prohibieron el mestizaje con humanos. Sabes que los humanos son tan sagrados que pueden hacernos perfectos, aunque sean tan débiles.

No continué luchando por escapar. Dejé que me llevará a donde fuera lo que me preocupaba más era mi hermano y Ryan, los había distraído con los robots. Fue una gran idea. Era la primera vez que conocía una rubia con cerebro.



Geasul Oropeza

Editado: 14.10.2018

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