Geal Ali Crónicas: Poder Absoluto.

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Capítulo 7.

Capítulo 7, Armados

 Caminamos hacía las coordenadas que Frerick debía recordar y los príncipes lo seguían. Todos parecían cansados y mis pasos no eran tan rápidos como cada uno de ellos, era una de los últimos en la fila con Ryan a mi lado, a veces sentía que lo hacía apropósito por sí se ofrece algo, pero no lo creería de un tipo tan antipático como él, su preocupación era sólo ordenes que odiaba recibir, el Napaleano lo hacía porque sólo le importaba salvar su planeta y su especie.

 — ¿Debe ser duro para ti seguir a un Otpige? – pregunté casi a un metro de distancia, Mai caminaba lento justo a mi lado era de esperarse en un humano. Temblaba de frio, pero continuaba vivo, bebiendo sangre de destructor.

 —Es claro que le molesta. — Mai me responde por él con sus dientes chocándose uno con otro haciendo ese ruido molesto. — Pero peleamos por el mismo Dios así que es lo que tolera.

 — ¡Cállate humano! – Ryan gritó de enfado sin mirarnos. – ¡Cierra la boca, odio ese sonido!

 —Discúlpame. –sonrió junto conmigo.

 —Por cierto– Ryan menciona pausando nuestras risas. – ¿Cómo aprendiste Napaleano?

 —En la Tierra es japonés— respondí, entre ojos observando que Mai estuviera bien. —Me gusta suena sexy.

 — ¡Odio el Otpige! – Ryan movió la cabeza en forma negativa. – ¡Eso no es sexy! Es difícil prefiero español, es más fácil y simple, el inglés es fácil pero no lo pronuncio bien. Idiomas humanos no me motivan tanto.

 —Deberías escucharte como pronuncias el español– reí para mi junto con Mai.

 — ¡Simpática Otpige! – se quejó.

 A lo lejos Frerick percibe algo, nos gritó desde el otro extremo indicando que encontró la cueva, caminé más rápido en cuanto la vi fue fascinante un gran agujero en el suelo rodeado de nieve la cual en la entrada tenía tal vez agua congelada que lo hacía parecer una boca con colmillos. La entrada media unos cuatro metros de ancho y largo calculando mi altura y la distancia.

 —Enorme– Mai se asombró llegando al borde con los dientes chocándose cada segundo– ¿Cómo bajamos?

 —Saltando– responde Axtrex– ¡Mai! ¿Estás bien? ¿Puedes saltar?

 —Claro– dice entre dientes con una risa temblorosa y sus labios morados. — ¡Ahí estarás para cacharme! ¿Verdad?

 Hubo silencio mientras escuchábamos el sonido del viento frio a nuestro alrededor, recordaba que Rick había mencionado cueva de coalts. ¿Qué eran coalts?

 Nadie quiso hacer nada ni decir nada entre los minutos que pasaban, pero sabía que estaban pensando en algo grave respecto a lo que habita en ese tipo de zona. Recordé al extraño Napaleano que habíamos dejado a kilómetros. Algo importante me provocaba enfocarme en él, pero no comprendía nada.

 Rick mencionó robarle al rey legítimo de Napan antes que el mismo Rikka desapareciera, a veces suelo ser tonta, pero sabía más de Rick que el mismo.

 Rikka Saiko era el gran rey de Napan eso me confundía, incluso recordé que Rick y mi hermano hacían gestos iguales.

 — ¡Ay no! — dije, miré a Ryan de reojo. – ¿Exactamente cómo fue que tu padre subió al trono?

 —Ya te contaron– menciona con calma con la mirada en la cueva. — Era el mejor amigo y visir del rey Rikka, al desaparecer Rikka, mi padre tomó el trono. El familiar más cercano rechazó la corona, luego seguía mi Padre. ¡Suerte!

 —Ah– respiré y salté hacia el agujero. Caí como una gota de agua causando un pequeño cráter de nieve con la mano sosteniendo el peso de mi cuerpo con mis pies bien firmes, al levantarme sólo los escuchaba seis metros arriba.

 — ¿Qué haces Geal? – preguntó mi hermano desde su extremo.

 — ¡No hay tiempo! – dije entre las miradas de todos. – ¡Bajen! – indiqué con la mano que lo hicieran.

Frerick bajó cayendo ágilmente de la misma manera que yo, lo que podría encantarme de estar con personas como mi especie era mostrar mi habilidad sin temer del ojo humano desde que me topé con Denia me siento cada vez más fuerte debía ser el mestizaje al que temía que mi hermano conociera, lo pondría en desventaja todavía cree que es cien por ciento Otpige, el secreto debía permanecer en mi mente y en la de Mai.



Geasul Oropeza

Editado: 14.10.2018

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