Grande Amore—amor Perdido—

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Capítulo II

—Dormiste mucho— me dice Eric mientras yo me levanto de la cama— también te perdiste el desayuno, aunque bueno, no estaba tan bien.

Me estiro y suelto un bostezo, siento la fría brisa colarse por la ventana de la habitación así que busco en el armario algo más abrigado.

Siento como Eric sigue con su mirada los movimientos que estoy realizando, y recuerdo que no le he dicho una sola palabra desde que desperté y de seguro piense que estoy molesta.

Y no estoy molesta, no con él.

Luego de cocer la prenda, voy hacia la ventana y la cierro, si alguien no hacía esto ahora la brisa se iba a colar por ella y en la noche el cuarto estaría con un frío insoportable.

—Hoy es un buen día para bailar, hay que organizar un baile, invitaremos a todo el condado y hablaré con la señorita Merandus.

Merandus, Ariel Merandus es una chica que vive cerca de nuestro hogar, es una amiga mía aunque no nos vemos tantas veces como queremos, ella tiene que trabajar con su madre para poder ganar dinero.

Ella y Eric tienen cierta atracción mútua, hasta hicieron un pacto, no se casarán si no es el uno con el otro, y si no se puede esa unión morirán solteros, algo muy bello y mal visto en realidad, pero ahora que me casaré con el hombre rico tendrán algo de fortuna para vivir juntos.

—Sí, un baile no vendría mal, ¿dónde lo haríamos?

—En la propiedad que tiene el señor Weilburg en este contado, por supuesto.

Este hombre debe de descender de un gran linaje para poseer la gran fortuna que tiene, ya quiero conocerle.

—¿Sabes cuándo viene?, y ¿cómo sabes de su propiedad?

—Padre estaba hablando de él en la noche, nos contó mucho sobre él, lo hubieras sabido si no te hubieses dormido tan temprano.

—Cuéntame, ¿qué dijo padre?

—Te darás cuenta por ti misma luego.

¿Por qué no quiere decirme?, él y Benjamin siempre me cuentan todo, y yo a ellos.

—Siempre nos contamos todo.

—Y no contaste lo que sabías ayer.

Abro mi boca indignada y Eric sonríe.

En este momento entra Nicolas a la habitación .

—Buen día Collette, madre quiere verte en la cocina.

—Buen día, ¿tú me dirás qué es lo que tanto hablaban en la noche?

—¿Qué noche?—dice Nicolas con una sonrisa— Madre te nesecita, no la hagas esperar.

Ruedo los ojos y me salgo de la habitación dirigiéndome directamente a la cocina mientras me acomodó el cabello en un moño alto.

Al llegar encuentro a mi madre revisando las encimeras con frustración, en cuanto abre una cierta la otra de un golpe y así hasta que nota mi presencia y se gira con una expresión exhausta.

—El señor Weilburg vendrá en cualquier momento y no tenemos nada que ofrecerle, Collette necesito que vayas al mercado y traigas zanahorias, papa y... mejor te hago una lista yo misma.

Mi madre busca una hoja y un plumón que hay en una parte de la cocina y empieza a escribir.

A pesar de carecer de fortuna sabemos escribir y leer gracias a mi madre, ella aprendió en la casa donde vivía, su madre trabajaba para una señora de alto rango, ellas tenían una buena relación, así que le ayudó con su hija y le enseñó a leer y escribir, mi madre le enseñó a mi padre y hermananos, gracias a Dios estamos alfabetizados y reforzamos leyendo algunos libros que encontramos en la calle, bajo mi cama hay demasiados y la dedicatoria es mi parte favorita.

—Listo, aquí está— dice entregandome el papel.

7 zanahorias.
Dos libras de papa.
Dos libras de queso.
Arina, la cantidad de siempre.
Mantequilla.
2 cebollas.
Cilantro.
3 libras de ternera.
5 cabezas de ajo.
Pimienta.

—Esto es mucho, ¿de dónde sacaremos el dinero?

—Hija, solo di que pagas luego, cuando el señor Weilburg venga tendremos el dinero para pagar.

—Está bien, ¿qué piensas hacer de comer cuando él llegue?—pregunto, son muchos ingredientes más los que hay en casa.

—Estoy pensando en un pastel de carne y sopa-dice y yo sonrío inmediatamente soltando un chillido.

Tenemos demasiado tiempo que madre no hace un pastel de carne, me encantaba cuando lo haciamos, nos reuníamos en el jardín y moliamos la carne y luego la preparábamos entre todos, era bellísimo.

—Me encanta la idea, mejor voy rápido al mercado, adiós.

—Adiós, que no se te olvide ninguna cosa.

Asiento con la cabeza y me dirijo a la puerta para salir.

Veo a mis hermanos con padre preparando la carrera, seguro van a vender algunos trozos de leña, Christopher me ve y me saluda con la mano y una sonrisa, a lo cual yo le respondo igual, giro y sigo mi camino con la hoja en la mano, me pongo a pensar en lo que cambiará en mi vida a partir del momento en que conozca al señor Weilburg.

¿Cómo será su físico?, imagino que un hombre afortunado debe de gozar de buena apariencia, sí, de seguro es muy bello, con un buen porte y excelente ética, además de poseer grandes talentos.

Si es así será perfecto, aunque nada es perfecto y tampoco algo tiene que ser perfecto para poder ser maravilloso.

Lo que me hace recordar a Aspen, él es asombroso, si algún día te preguntan acerca de una persona que tiene menos de lo que en realidad se merece, ese debe de ser él.

Me siento fatal por eso, yo lo adoro, no quiero contarle la noticia de mi compromiso, se sentirá fatal, aunque si no le hablo yo al respecto se enterará de otra manera y malpensará la situación, le va a doler y eso me dolerá a mí.

Ya he llegado a el mercado de el condado, es grande en realidad, al rededor de este mercado está una botica y tiendas de ropa y telas, muchas, este condado tiene la fama de tener una tela de gran calidad, lo cual diría que es cierto, hasta los menos afortunados tienen buenas prendas si de calidad se trata.

Observo a lo mejor a Scarlett O'Neal una señorita unos dos años mayor que yo, su familia vende en el mercado y es amiga de mi familia, así que siempre nos hacen algún descuento o nos dejan pagarles luego.



Inefable

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En el texto hay: drama, amor, epoca

Editado: 05.07.2019

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