Guardián de almas ©

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INTRODUCCIÓN

Abrí los ojos y miré el lugar en el que estaba. No entendía exactamente que hacía en ese lugar, ni como me llamaba, ni nada por el estilo. Toda mi mente estaba mareada, solo tenía nebulosas circulando por todo mi consciente.

¿Qué hago en este lugar? No recuerdo absolutamente nada.

El graznido de un pájaro, hizo que diera un pequeño salto. Miré a mí alrededor, observando el lugar donde me encontraba.

Era de noche, la luna alumbraba de forma majestuosa cada rincón del lugar donde estaba. Había muchas paredes que formaban edificios que se alzaban imponentes en el suelo. En cada pequeño edificio se dividía en cuadrados, y en cada cuadrados estaban escritos nombres con fechas.

Algo peludo interrumpió lo que estaba viendo, cayendo al suelo por el susto.

Parpadeé varias veces, enfocando mi vista nocturna.

Era un gato, y no cualquier gato, su pelaje era mezclado como la de un tigre. Aquel pequeño animal, maulló, haciéndome estremecer todo mi cuerpo.

—Número 900.870 —resonó una voz detrás de mí. Me levanté enseguida, cayendo nuevamente de trasero. Mi respiración era entrecortada, sentía como mi corazón retumbaba en mi pecho por el miedo que suscitaba dentro de mí. Abrí la boca para soltar un grito, pero nada salía.

Era un ente, era un ser que flotaba. Todo de él era negro, vestía de un traje andrajoso y deshilachado, en una de sus manos tenía un pequeño cuaderno el cual estaba leyendo.

—¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Me vas a comer? —pregunté rápidamente. El ente tenía cubierto el rostro, así que no podía ver con claridad su cara.

—Eres un guardián. Yo soy el jefe aquí, y tú eres un trabajador.

—¿Un trabajador? ¿De qué habla? ¿Quién soy? —Me levanté, abrazando mi cuerpo. La corriente fría nocturna recorría todo mi cuerpo—. Tengo frío.

—Normal. Todos tienen frío cuando dejan sus cuerpos. —Flotó hacia mí, deteniéndose a dos pasos—. El tiempo transcurre desde este momento para ti. Ya diré que trabajo tendrás desde ahora en adelante.

No entendía nada, solo quería saber qué mismo pasaba. Intentaba recordar pero nada salía de mi cabeza, solo blanco, confusión y miedo.

—¿Dónde estoy? —cuestioné, mirándolo con miedo.

El ente no habló, solo alzó una de sus manos cubiertas de esa ropa andrajosa, y señaló mi frente. Con eso, sentí todo mi cuerpo quemar, el frío se fue enseguida, reemplazando a una quemazón voraz.

Grité fuertemente, sintiendo flamear mi cuerpo.

Alcé mis pequeñas manos y lo vi. El fuego rodeaba todo mi ser, quemándolo por completo. Caí al suelo con las manos sosteniendo mi pecho. Algo dentro de mí se quebró en mil pedazos.

Miles de trazos de imágenes salpicaron en mi cabeza.

Todo desapareció.

Escuché voces llamándome.

Escuché sollozos y ruegos de desesperación.

Cerré los ojos, sintiendo algo caliente rodar por mis ojos. Mi corazón se llenó de dolor, decepción, ira y sobre todo, de tristeza. Aquella tristeza de perder algo, de saber que nunca más iba a volver.

—Proceso de renacimiento. —Escuché decir de aquel ente extraño. Su voz era profunda y gruesa, que a cualquiera haría asustar. El fuego desapareció junto con las demás emociones, quedando….. vacío. Solamente vacío—. Levántate.

Acaté a su mandato sin decir nada.

Sentía liviano mi cuerpo, ya no sentía frío, ni calor. No sentía absolutamente nada.

—¿Dónde estoy? —inquirí fríamente. El gato maulló a mi lado y el ente solo quedó mirándome fijamente.

—En el cementerio. En tu lugar de trabajo. —Miró detrás de mí. Muchos aullidos se escuchaban, ladeé mi cuerpo y quedé mirando la tribuna de gatos que estaban detrás de mí. Todos ellos me miraban, mientras que sus ojos brillaban en la noche, espeluznantemente —. Diles hola a tus nuevos amigos.

Gatos.

Y más gatos se reunían.

Quería seguir preguntando, pero no pude. Todo mi cuerpo cayó al suelo, mientras que miraba en la misma altura que los felinos reunidos.

Dentro de mí retumbó.

Algo se creó.

Y algo se movió.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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