Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 4

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Escapé. Sí, así se llamaba una adolescente que lanza dos sabanas amarradas y las bota desde el palco de su habitación. Sabía perfectamente, que mi madre no me dejaba salir sola en medio de la noche. No tuve más remedio, que escapar como toda una adolescente rebelde, en pleno crecimiento y hormonas alborotadas.

Todavía recuerdo cuando vine de la secundaria, no hablé con nadie, ni saludé –cosa que mi madre se dio cuenta al instante-, solo fui directo a mi habitación, donde me encerré y me puse a repasar lo que haría en la noche.

Y ahí estaba, escapando como una rebelde empedernida de su casa, solo para ir a un cementerio y devolver algo que tenía de ahí.

El dije de forma de estrella, el cual, estaba guardado en el bolsillo del pantalón. El que tomé por equivocación en el cementerio. Nunca me gustaron los cementerios, siempre que veía uno, sentía ese sentimiento mustio florecer y acabar con mi paz espiritual.

Había perdido muchas personas a lo largo de la vida, pero lo que más me ha impactado era la muerte de mi abuelito. Cosa que siempre recuerdo, cuando piso uno.

—Alice —susurró Annie, dándome un susto de muerte. Solté un suspiro, mientras su mirada cayó en mí. Estaba asustada, eso lo sabía de más—. Estoy que muero de miedo.

—Te dije que no era necesario que vinieras a mi lado —refuté, mirando por todas partes. No quería que alguien me viera, escapando de mi propia casa—. Puedo ir sola con ese grupito.

—No. Necesito ir contigo, así puedo tener mi consciencia limpia. —Tomó mi mano y depositó algo ahí—. Mi abuela me la dio para ti.

Lo alcé hacia la luz de la luna, mostrando un dije en forma de cruz. ¿Un crucifijo?

—Gracias, Annie.

—También traje agua bendita. Por si acaso —objetó, señalando la pequeña maleta que tenía detrás de su espalda—. Debo de estar preparada para todo.

—No creo que vayamos a necesitar agua bendita en un cementerio —indiqué, poniendo el crucifijo en mi cuello—. Más bien, necesitamos mucho valor.

—Yo necesito mi camita y una taza de leche.

Igualmente yo.

No dijimos más, y escapamos silenciosamente de ahí.

El cementerio no quedaba demasiado lejos de nuestras casas, caminamos a lo largo de la cuadro y giramos por una esquina adyacente a la pequeña panadería popular del barrio. Como éramos mujeres, tuvimos que mirar a todas partes, para que no se presentara ningún desconocido que nos quiera hacer daño. Todo se podía esperar hoy en día.

Ahí estábamos; dos chicas que escapaban para el cementerio a reunirse con un grupo loco de adolescentes, que querían invocar espíritus del más allá. Lo más racional, era estar en la casa o ir al cementerio por la tarde.

Sin embargo, no quería tener más el dije.

Quería tenerlo lo más lejos posible. Si era posible, nunca más entrar al cementerio.

Llegamos justo cuando un grupo de chicos, estaban arrinconados en una esquina. Supe enseguida que era el dichoso grupo «satánicos». Annie había contactado con uno de ellos, diciéndole que íbamos a participar en su secta extraña de chicos con mucho pasatiempo de más. O así lo llamaba a esos tipos.

—Oh hola, Annie. —Saludó un chico del grupo. En total eran cinco, todos ellos estaban vestidos de negro, cada uno traía una funda negra en sus manos—. Pensé que no ibas a llegar.

—Recién vine. Tuvimos que pasar ciertas cosas —explicó mi amiga con una sonrisa incomoda—. ¿Están todos listos?

—Muy listos para invocar algunos espíritus —dijo el tipo. Al lado derecho de su labio, llevaba un piercing que lo hacía ver como todo un rebelde—. Esta vez, trajimos algunas cosas. Velas negras, sangre de cabra, y un cráneo.

Eso no me gustaba para nada.

Ni a Annie, quien se puso tensa al oír los «ingredientes» de la dichosa reunión.

—Entonces vamos —indiqué caminando hacia los chicos de allá—. Por cierto, mi nombre es Alice.

—Es un gusto conocerte, Alice. Mi nombre es Eddie, y seré el líder en esta ocasión. Espero que se diviertan a lo grande en esta travesía paranormal —declaró con precisión, dándome escalofríos al escucharlo.

Todos los chicos se reunieron a mi lado, mientras que Annie vino hacia mí y tomó de mi brazo en forma de una niña pequeña. Mi padre, siempre decía que debía de estar preparada para todo, por eso, tuve que tomar clases de autodefensa personal. Si uno de ellos, tocaba a mi amiga o a mí, pagaría las consecuencias.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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