Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 5

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Sus ojos rojos estaban fijos en los míos, sintiendo esa electricidad espeluznante de lo sucedido atrás. Estaba en medio de un cementerio con muchos gatos rodeándome por todos los lados; y no solo eso, sino con un chico enigmático que declaró ser un guardián de almas. Cuestionaba si todo lo que pasé y estaba pasándome, era producto de un bendito sueño.

Sin embargo, para mi mala suerte, era la verdad. Mi verdad. Mi realidad.

Estaba en medio de un cementerio, con muchos gatos que maullaban, alrededor de mí. Con un chico que tenía un felino en su hombro, haciéndolo ver imponente con aire utópico.

—Eres un guardián de almas —repetí sus palabras. Miré hacia los gatos, y estos estaban atentos a todos los alrededores—. ¿Magia?

—Para los humanos, todo lo que va de sus manos, lo consideran como magia —explicó, acercándose más a mí—. No deberías estar sola en un cementerio; sobre menos, de madrugada.

Quedé en silencio. Solo contemplando su mirada rojiza, sus iris eran tan profundos, tan brillantes, y tan fuera de otro mundo. ¿Ojos rojos? Parecía un vampiro, de aquellos que relataban los libros de personajes sobrenaturales.

—Vine a entregar algo que tomé del cementerio. Unos eventos, unos gatos…. —Di una mirada hacia el gato que todavía estaba en su hombro. El animal me miraba con frialdad, como si fuera una persona—. ¿Esos gatos son normales?

—No. No lo son. No, para los ojos de otro ser. Para los humanos, son solo simples animales abandonados en el cementerio, que están ahí por la sobrepoblación. —Su mirada de desplazó por todo el lugar—. Este no es el lugar indicado para explicarte las cosas.

—¿Qué?

No dijo nada más. Ya que me cargó, haciéndome soltar un jadeo. Sentí el vértigo de una montaña rusa arremolinarse en mi estómago. Empezó a saltar en techo en techo de las bóvedas que rodeaba el cementerio. El viento nocturno, chocaba contra mi rostro, acunando mi cabello rebelde, mirando como los cipreses se mecían de un lado al otro, dándole el toque nocturno y gótico.

El chico aterrizó en un lugar en específico. No había bóvedas, sino era un llano suelo con lápidas tétricas, que les rodeaban flores marchitas. Solo estábamos él, el gato de su hombro y yo.

Me bajó suavemente al suelo.

—Viniste a devolver algo que tomaste de este sitio. Me parece muy justo de tu parte —argumentó con tono demasiado tranquilo—. Entrega y vete de aquí. Las noches en este lugar, no es segura para alguien como tú.

No dije nada.

No sabía que decir. Solo saqué el pequeño dije en forma de estrella. Estaba segura que Annie, estaba preocupada, buscándome por ahí.

—Ya nunca más tomaré algo de este lugar. No era mi intención hacerlo, solo que….. —No podía explicar lo ocurrido ese día—. Lo siento.

Entregué lo que tenía en mi mano. Él lo aceptó, quedando examinando aquel dije. El gato que todavía estaba en su hombro, seguía con su mirada hacia mí, produciéndome escalofríos.

—Parece ser que tu alma ha absorbido un poco de poder —dijo con la mirada hacia el dije. No entendía a lo que se refería—. Parece que estamos en problemas.

—¿Qué dijiste? ¿Problemas? Vine a entregar esto, no tengo ningún problema.

—Lo tenemos. —Me miró con su semblante adusto—. ¿No te has preguntado por qué has visto a un espectro? —Quedé callada, dándole la respuesta con mi silencio—. Un ser humano normal, no puede ver espectros. Ustedes son muy ciegos para ver lo que les rodean.

—No entiendo.

—Deberías de hacerlo. Sobre menos, luego de ver algo «fuera de lo normal» —Tomó el dije en sus dedos y me lo enseñó—. Has absorbido poder de esto; por ende, tú tienes la mitad del poder este artefacto.

—¿Poder? ¿Hablas en serio? ¿Cómo debería tener poder de una cosa que encontré hace días en el cementerio?

—Estos artefactos, no los puede tocar un humano. Está prohibido, es una regla que tienes los guardianes.

No entendía a lo que se refería.

—¿Reglas? Pues no es mi culpa encontrarlo. ¿Qué tiene ver contigo?

—Todo.

—¿Cómo que todo? ¿Algo más que alegar? Tú…. —El gato comenzó a gruñir, mostrándome sus dientes—. Bien, dile a tu gato que no me gruña. No soy una enemiga.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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