Guardián de almas ©

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO 10

♦⁂⁂●⁂⁂♦

 

Luego de unos minutos de estar acostada con Nathan en mi pecho, pude tranquilizarme de la opresión que hizo Dorotea a mi cuerpo. Ella por un lado, estaba echada en el suelo sin mirarme. No sabía en qué momento se convirtió en un gato normal, ni en qué momento Nathan, se convirtió en uno. Debía de admitir, que nuevamente había salvado mi vida.

—Lo siento, mucho —dije con suavidad. Ambos me miraron fijamente, Dorotea con desdén, mientras que Nathan con normalidad—. No me gusta el hecho de perder a alguien, solo recordé la muerte de mis seres queridos.

—«Todo tiene su final. La vida es un ejemplo claro de mis palabras —explicó Nathan en su forma de gato negro. Lo podía reconocer por sus ojos rojos—. Es normal sentir dolor por una pérdida, pero debes recordar que nada dura para siempre».

Tenía razón.

Nada dura para siempre. Esas palabras las dijo mi abuelito en su momento de vida. Siempre me enseñaba a cómo salir para adelante, siempre otorgándome un poco de conocimiento adquirido en su vida.

Igualmente dolía.

No volver a ver a esa persona. De pasar por el cementerio, sentir la opresión en el corazón, era sentir la soledad de la muerte en todo su esplendor oscuro.

—«Nunca me digas que no te comprendo, niña —habló Dorotea con la mirada fija en mí—. Si así son las cosas, tú tampoco comprendes el trabajo que hacemos los guardianes».

—Lo siento.

—«Disculparse tan fríamente, no arreglarán las cosas. —Su cola se movió de un lado al otro. Lamió su pata peluda y la pasó por su cara, como todo un gato—. ¿Sabes qué pasa cuando un humano muere?».

Quedé en silencio, pensando en su pregunta. El ambiente se había tranquilizado, originándose un tema de conversación natural.

—No tengo la menor idea. Quiero creer que se van rápidamente al otro mundo, y que no se quedan en la tierra a vagar. —Hice una pausa, recordando otra verdad—. Pero no es así, ya vi la verdad de ese tema.

—«El cuerpo es solo un contenedor. El alma es la que mueve a todo el ser humano. Cuando el cuerpo no sirve, el alma no tiene recipiente que ocupar» —explicó Nathan a medida que saltaba hacia el aire, convirtiéndose en un chico nuevamente—. Por eso que al momento de morir, el alma sale del contenedor, del cuerpo.

—¿Demora ese suceso? —pregunté.

—Solo se toma unos segundos ver el alma salir del cuerpo —contestó. Imaginé lo que estaba relatando dentro de mi cabeza, pero solo podía ver dibujos animados bailando dentro de mi imaginación.

—Entonces, el trabajo que ustedes toman…

—«Nos ocupamos de las alma para que lleguen a la etapa de transición —dijo Dorotea, saltando al hombro de Nathan—. Cada espíritu debe estar afuera del cuerpo, durante una etapa determinada».

—¿Etapa? ¿Acaso no se van rápido al otro lado?

—No del todo —prosiguió Nathan—. Las almas se convierten en esferas de luces, como las que viste esa noche en el cementerio. Ellas esperan un tiempo debido para irse al otro lado, y nuestro trabajo es velar por su seguridad.

Por un momento, pasó por mi cabeza, el día que fue enterrada mi tía abuela. Si así eran las cosas, ella también pasó por eso.

—Mi tía abuela….

—«Samantha Victoria Moore Menendez —nombró la gata. Salté de donde estaba sentada y la miré con demasiada sorpresa. Ese era el nombre completo de mi tía abuela—. Mujer de ochenta años que murió de un paro cardiaco, a las cinco de la mañana, el veintidós de mayo de este año».

—¿Cómo lo sabes? ¿Por qué…

—Todos los guardianes tenemos una buena memoria a la hora de hacer nuestro trabajo —comentó Nathan. Sus orbes rojos quedaron mirándome fijamente, mientras que dentro de mí, estaba encajando las piezas—. Alice…

—¿Cuánto tiempo toma a un alma irse al otro mundo?

—«Entre una a dos semanas, depende de los deseos de ellas. Nuestro deber es velar que no les pase nada. Sobre menos, por las noches. —Dorotea me miró, entrecerrando los ojos—. El cementerio es el lugar donde están el recipiente y el alma. Por eso, tanto los espectros y los carroñeros, siempre aparecen en esos lugares. Especialmente los malditos espectros».

—Mi tía abuela, está aún en el cementerio, ¿verdad? Todavía no ha pasado una semana de su muerte —dije con la emoción clavada en el pecho—. Ella todavía debe estar vagando por ahí.

—Técnicamente, sí —contestó él. Puso una expresión muy dolida, ¿tan mal era ver a mi tía abuela? Solo quería verla en su estado de alma. Cualquiera quisiera ver a su ser querido, al menos en su estado de esfera brillante.

—«No debes meterte en asuntos que no te conciernen —refutó la gata desdeñosa. Fruncí el ceño. No quería volver a tener un enfrentamiento con ella. Sabía quién perdería la guerra—. La línea que separa a los vivos con los muertos, es una brecha enorme. Tú podrías hundirte si pisas en ella».

Su advertencia era muy clara. Si me involucraba con asuntos que no me conciernen, algo pasaría. Pero lo que ella no veía, era que ya estaba dentro de todo ese asunto de muertos.

Tenía poder de guardián, y mi presencia era indispensable para Nathan.



Señorita Yuuki

#19 en Paranormal
#57 en Thriller
#27 en Misterio

En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar