Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 16

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No podía parar las lágrimas que salían de mis pobres ojos. El dolor y la emoción, eran demasiadas mezcladas dentro de mi pecho. No sabía en qué momento, pasó aquello, ni como llegué a tener el alma de mi tía abuela junto a mí. Ahora entendía el acercamiento de esa hermosa esfera de luz, el motivo por la cual, no se despegó de mi lado.

Era ella. Aún podía recordarla dentro de mi cabeza. Su recuerdo tomaba forma demasiado brillante y lleno de vida. Mi tía abuela, fue una mujer de gran corazón. Siempre que la visitaba, contaba sus experiencias amorosas con esos dichosos duques que conoció en Inglaterra.

Era mentira. Una linda y hermosa treta para entretenerme y sacar suspiros profundos de enamorada.

—No pensé encontrarte aquí. Nunca imaginé poder tocar tu alma —mascullé, abrazando la esfera cálida de luz—. Gracias por protegerme y estar a mi lado. Pero no puedes ponerte en peligro. Necesitas llegar sana y salva al otro mundo.

Escuché la risa estrambótica del carroñero, junto al susurro de Nathan. Dirigí mi mirada hacia él, chocando con sus ojos rojizos. Todo cambió. Su cuerpo comenzó a sufrir una metamorfosis, lo rodeó un resplandor dorado que crecía, llegando a una altura demasiado alta.

Lo sabía. Tú y el líder de los guardianes, son muy diferentes a los demás —objetó ese carroñero—. Muy poderoso que puede acabar con uno de nosotros. No entiendo el motivo del cual, se esconden tras la fachada de un guardián normal.

Nathan no dijo nada. Su sombra dorada, se alzó entre nosotros. Sin pensarlo dos veces, envolvió al carroñero, atrapándolo en un escudo. Este comenzó a chillar horriblemente. Todo el cementerio, se rodeó de sus bramidos estrepitosos. No solo eso, miré mi cuerpo brillando.

—¿Qué es esto? —musité en voz de hilo. El ente desapreció, dando lugar a la soledad del campo santo. El resplandor desapareció, convirtiéndose en un gato negro, quien cayó al suelo—. ¡Nathan!

Fui hacia él, y lo sostuve en mis brazos. Su pelaje oscuro, era demasiado sedoso al tacto. Tenía entrecerrados los ojos, estaba mirándome algo cansado por el suceso extraño que pasó.

—«Estoy bien. Solo necesito descansar. He utilizado mucho mi aura —dijo, mirando a la esfera de luz de mi lado y a Torin, que estaba caminando hacia nosotros—. Lo siento por ocultar esto».

—«No pensé que tuvieras el mismo poder que Zero —dialogó Torin—. ¿Por qué ocultar algo extraordinario?».

—«No necesito tener miradas extrañas sobre mí. He visto como lo hacen con Zero. Solo quiero ser normal, igual a cualquier guardián de aquí —explicó, intentando levantarse sin resultado esperado—. Estoy demasiado cansado para volver a mi apariencia humana».

—No te preocupes, te llevaré hacia los demás —dije, cargándolo en mi hombro—. Por el momento, solo descansa. Hiciste un buen trabajo protegiéndonos. Gracias, Nathan.

—«Es mi trabajo, Alice. Tampoco quiero que les pase nada malo. Ni a ti, ni a ellos. —Su voz era un susurro suave, demostrando lo cansado que estaba de la pelea—. Solo necesito descansar un poco».

—Hazlo, Nathan.

Solo escuché un hondeado respiro, seguido de unos ronroneos. Sonreí por su actitud demasiado felina. Miré a Torin, él se sacudió y comenzó a caminar, mostrándome el camino que debía de tomar.

No estaba sola en ese cementerio. A pesar, de estar rodeada de muertos y otras cosas más, el miedo no era primordial, sino la preocupación que causaba al ver a Nathan en ese estado.

Tenía preguntas en mi cabeza. ¿Por qué no pude ver lo que hizo ese carroñero en su vida pasada? ¿Por qué era tan especial el poder de Nathan? ¿Qué hacía de diferente? Quizás sus ojos rojos, aparte de eso…. ¿Qué más?

Decidí dejar a un lado todas las dudas y preguntas de mi cabeza. Solo me enfoqué en el camino oscuro, que estaba pisando con ellos alrededor de mí.

▬★♦★▬

 

Llegué hacia una pequeña casa, la cual, estaba llena de bóvedas, demasiado grande. De aquellas, que hacían para poner los cadáveres de una familia entera. En ella, había un agujero, donde se podía entrar un cuerpo pequeño. Ingresar ahí, no estaba en mis planes.

—Esto es…

—«La casa de Nathan —dijo Torin a mi lado. Lo miré sin entender lo que dijo—. Nosotros somos guardianes de almas, tenemos forma de gato, no podemos vivir cómodamente como los humanos».



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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