Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 18

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Era la tercera vez que sentí la mirada de Annie encima de mi perfil. No sabía qué mismo quería decirme. No deseaba escuchar sus preguntas extrañas, sobre lo sucedido de la otra vez; mucho peor, relatar lo de anoche. Temía que saliera corriendo despavorida de las palabras salidas de mi boca.

Tragué saliva y detuve el paso de golpe.

—¿Qué pasa? ¿Quieres decirme algo, Annie? —pregunté, mirándola fijamente. Ella tenía una ceja arqueada—. Puedes soltarlo.

—¿Qué mismo está pasando? ¿Estás yendo al cementerio? ¿Por qué siempre sales huyendo de la clase del profesor de literatura? —La lluvia de preguntas, cayó rápidamente. Casi a balbuceos—. Debes de decirme la verdad, Alice.

No quería hacerlo.

Deseaba que el trato que tenía conmigo, se mantuviera intacto, sin que pensara que era un fenómeno que miraba cosas de otro mundo.

No, gracias.

—Tengo un problema con mi vejiga. Inflamación —expresé, caminando con ella a mi lado—. Ese bendito profesor, le gusta molestar a los estudiantes o quedar en ridículo en toda la clase.

—Es que siempre sales en sus clases. Puede que esté molesto por eso.

—Yo debería de estar molesta por hacerme su nerd de literatura. Siempre tengo que responder a sus preguntas. ¿Sabes por qué lo hace? —Hice una pausa y agregué—: ¡para molestarme la vida!

—Alice…

—Tengo ganas de quedarme callada y….—Detuve el paso. A lo lejos, pude apreciar cómo había mucha gente alrededor de alguien. No solo eso, sino también aprecié como paramédicos bajaban para socorrer al herido.

—¿Alice? ¿Qué pasa? —preguntó Annie, dirigió su mirada hacia donde estaba la mía—. Parece ser que es un accidente.

Cuando una persona moría, su alma salía de su cuerpo.

Eso quería comprobar con mis propios ojos. Fui caminando rápidamente hacia ese lugar. Escuché como Annie llamaba mi nombre, pero no detuve mi paso, seguí hasta donde estaba el herido. Lo primero que miré, fueron los paramédicos intentar resucitar a la persona del suelo.

Observé claramente, sus procedimientos de resucitación. La jerga médica que usaban entre ellos, no me gustaba en absoluto.

—¿Alice? Será mejor que nos vayamos de aquí —recomendó Annie con la voz demasiada temblorosa—. No me gusta ver este espectáculo.

A mí tampoco.

Sin embargo, por una razón, mis ojos no se despegaban del herido ensangrentado.

«Alice, hay veces, donde la muerte llega en un momento oportuno, como otras veces, llega en un momento inoportuno».

Las palabras que dijo mi abuelo, resonaban en mi cabeza, dándole la razón al ver el cuadro sangriento.

Retrocedí dos pasos, y ahí recién lo aprecié. Una hermosa esfera, saliendo de su cuerpo. Comenzando a flotar dando vueltas en círculo. Era un alma, recién salida de su recipiente, así le denominaban los guardianes.

—Oh Dios mío —musité para mí misma. Tomé la mano de Annie y la apreté suavemente. Estaba viendo en carne propia el procedimiento de la muerte. Los paramédicos se miraron entre sí, y negaron con la cabeza.

El veredicto estaba hecho. Aquel hombre murió. No había nada que podían hacer. Su vida, se apagó como una vela.

—Esto se me está haciendo incómodo. No estoy acostumbrada a estar rodeada de gente; mucho peor, mirar como un hombre lo están resucitando —habló Annie—. Mejor vámonos, Alice.

—Él murió.

—¿Qué dices?

Trasladaron su cuerpo a la ambulancia, y salieron manejando, mientras sonaba ese chillido conocido. Quedé de pie, algo choqueada. Su alma, había entrado al carro, cerca de su recipiente.

A un lado del asfalto, estaba nada menos, una cierta gata, quien tenía la mirada hacia la ambulancia. El aura que le rodeaba era muy oscura, como si estuviera demasiado lúgubre.

—¿Dorotea? —farfullé. Solté la mano de Annie y caminé hacia la gata que tanto me odiaba. Al verme, solo chasqueó su lengua—. Oye….

No dijo nada, y salió corriendo, desapareciendo en los montes de un lado de la carretera, dejándome en la incertidumbre de su comportamiento extraño y desdeñoso. Al menos, su odioso carácter sigue ahí.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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