Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 20

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Tenía la mirada perdida en los pilares de las bóvedas. Mi cabeza no estaba conmigo, sino en el evento de hacía unos minutos. Mis ojos ardían de tanto llorar. Nunca pensé que lloraría por media hora a moco tendido. Así lo llamaba mi madre al evento de estar derramando lágrimas por varios minutos.

El único consuelo, fueron los brazos de Nathan. Brindaron la calidez de algo vivo dentro de mí. A pesar de ser un guardián, podía consolar a alguien sin ningún problema.

—«¿Siegues aún en tu estado lastimero, niña? —preguntó Dorotea de pie a mi lado—. Deja de lado, esos sentimientos que te acongojan, y solo acéptalos para pasar página».

—No tengo ganas de hablar contigo, Dorotea —dije afligida. Fregué mi frente. Mi corazón estaba adolorido, no placía hacer nada. Solo quedarme ahí sentada y tener la mirada perdida en cualquier punto fijo del lugar.

—«La vida y la muerte, van de la mano. Cada uno nace con un propósito. Cuando ya se cumplió su estadía, el alma se desprende del recipiente —explicó Torin, acariciando una de mis manos con su cabeza peluda—. Debes tomarlo como un proceso natural. No como algo doloroso, Alice».

Era tan fácil decirlo, pero tan difícil entenderlo y aceptarlo.

—Lo sé. Sin embargo, todavía siento este dolor clavar en mi pecho —declaré entre un suspiro. Observé la tumba de mi tía abuela, el mismo lugar donde estuvo de pie por varios minutos, recordando su vida—. Ya no quiero perder a nadie más.

—«Es imposible pedir eso. Todos tienen su destino ya escrito. La hora, el lugar, y el día, donde dejarán su recipiente para poder estar en este cementerio. —La voz de Dorotea, ya no sonaba a desdén, sino a tranquilidad—. Es la ley de la vida. Así lo dicen los humanos al descenso de su existencia».

Tenían mucha razón.

Todo lo que salía de ellos, era verdad. Una verdad que dolía el corazón. ¿Podía aceptarlo? ¡Claro que no!

Solo era una chica normal que poseía sentimientos y emociones. No era como los guardianes de almas. Por lo tanto, no podía aceptar fácilmente algo que lastimaba horriblemente.

—Nosotros no poseemos emociones como ustedes —explicó Nathan, agachándose a mi lado. Una de sus manos estaba acariciando mi hombro, dándome su apoyo—. Eso puede explicar por qué no nos podemos expresar como tú lo haces.

Sorbí mis mocos, y limpié nuevamente los restos de lágrimas de mis mejillas.

—Te estás refiriendo en las emociones de tristeza. Ustedes no pueden llorar como lo hacemos nosotros en los momentos dolorosos —dije, recordando las palabras de Dorotea—. Eso es demasiado injusto.

—«No lo vemos de ese modo —refutó Torin—. Es normal sentirnos de esa manera. Un guardián, nunca tiene emociones fuertes como los de tu clase».

—«Por ello, vemos a los humanos muy débiles de pensamientos —completó la gata desdeñosa. Lamió su pata como un felino normal—. Quisiera que entendieras más a los guardianes».

De entenderlos, no podía hacerlos tan profundamente.

Solo sabía que a diferencia de los guardianes; nosotros, los humanos, podemos expresarnos fácilmente, mientras que ellos, lo hacían de otra manera.

—Esta noche es demasiada solitaria —musité, mirando al cielo nocturno llano de un manto oscuro. No había estrella en él—. No pensé llorar dos veces en un día. ¿Más peleas con carroñeros y espectros?

—Puedes descansar por esta no…

—«No puedes mandarla de la nada a su casa, Nathan» —dijo Torin, observando a uno de los pilares del cementerio. Todos seguimos su mirada, encontrándonos con un chico sentado.

Estaba más que decir, quien era ese personaje tan controversial.

—Zero —musité, levantándome y mirándolo fríamente. Todavía no olvidaba de lo que hizo conmigo. ¿Tirarme de una altura solo para hacer una prueba a su guardián? ¡Estaba demente!

Enseguida Nathan, se puso enfrente de mí, como si tratara de protegerme con su cuerpo. El jefe de los guardianes, sonrió de lado al ver la acción de mi amigo guardián.

Y ante nuestros ojos, desapareció como arte de magia. Antes que abriera la boca, sentí a alguien tomarme de mi cintura por atrás, eso hizo separarme rápidamente de Nathan.

idiota! —exclamé fuertemente. En un solo impulso, volé por los aires y aterricé en unos de los pilares de las bóvedas. Rápidamente, estaba en otro sitio diferente al anterior.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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