Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 21

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Quedamos en silencio en medio de la oscuridad de la noche, oyendo los chillidos de los grillos y los graznidos de las aves nocturnas. No sabía qué mismo decir ante el suceso con Zero, ¿por qué tanto misterio? ¿Qué había detrás de los guardianes? Preguntas llovían dentro de mi cabeza. Quería comenzar a soltar todo lo que pasaba por mi mente, pero al mirar a Nathan muy acongojado en su forma felina, hacía que las ganas de interrogar, se fueran rápidamente de mi pecho.

—«No te preocupes. Ese idiota, siempre molesta a los guardianes» —dijo Dorotea al lado de Nathan. Yo era la única que estaba en su forma humana en el cementerio. Eso hacía sentirme un poco sola.

—«No es tan malo estar en esta forma. Es más fácil desplazarse de un lado al otro —indica Torin con tranquilidad—. Ese es uno de los motivos por los cuales, estoy mejor en mi apariencia gatuna».

Nathan, no dijo nada. Solo estaba en silencio con un aspecto acongojado. Un lindo gato negro con un humor muy triste.

—Creo que…. Es mejor estar en tu forma de gato. Digo, así te movilizas muy bien en el cementerio, ¿verdad? —No sabía qué mismo decir para levantarle el ánimo—. Te sentirás como en casa. Todos los guardianes son gatos, ¿verdad?

—«No me gusta estar esta forma—soltó sin más preámbulo. Giró el rostro para mirarme. Estaba algo perpleja por su confesión repentina. Los demás, también estaban en el mismo estado que yo—. Así de sencillo es, Alice».

Las palabras que dijo el idiota de Zero, cobraron sentido.

—Pensé que….

—«Me siento bien en mi forma humana. Ciertamente, estar en mi apariencia de gato, hace que pueda movilizarme a la perfección. Sin embargo….. —Sus orejas estaban caídas, demostrando sus emociones a flor de piel—. Me siento demasiado mal al no poder estar en mi apariencia humana».

Todos quedamos en silencio.

Él se había explicado claramente. Su apego por lo humano, era demasiado. Razón por la cual, el miedo de las palabras de Zero, hincaban en mi corazón. De algún modo, estaba sintiendo afecto por él. Bueno, no solo él, sino a los guardianes en general.

—«Eso es algo demasiado aterrador —refutó Torin—. ¿Por qué deberías sentir tan apegado en tu forma humana? Nosotros, los guardianes, no…

—«No debemos estar apegado a ello —completó Dorotea con tono demasiado brusco—. Sabes perfectamente bien las reglas de los guardianes. Un guardián normal, no siente emociones nacientes. Solo hacemos el trabajo y ya. Esos sentimientos, son estorbos para nosotros».

—«Pueden verlo de esa manera. Pero yo lo veo de otra forma —aseveró Nathan. Suspiró tan pesadamente, casi podía sentir sus emociones—. Soy un guardián, pero…… Siempre sentí un vacío en mi pecho. Quiero sentirme vivo, deseo…

—«Un guardián no desea eso. Solo hace su trabajo. No tiene curiosidad o anhela algo que los humanos tienen —replicó Dorotea—. ¿Quién eres en verdad, 900.870? Un guardián normal, no se siente de esa manera».

Tras sus palabras, la incomodidad se implantó entre nosotros.

Lo que dijo Dorotea, tenía que ver con las palabras que salieron de Zero. ¿Cómo podía sentir aquello siendo un guardián de almas? Observé como sus orejas, seguían decaídas, mucho más ahora que escuchó de la gata desdeñosa decirle eso.

—Bien, bien, y bien —hablé, tomando a Nathan entre mis manos como un gato normal—. No hay necesidad de soltar palabras hirientes.

—«No son hirientes, es la realidad de lo que está sucediendo —contraatacó la gata guardiana—. Solo digo lo que es. Nada más. Si no te gusta, bien. Sino, también».

No dijo nada más sobre el tema.

Nunca me ha gustado, estar en medio de una pelea o un conflicto demasiado ridículo. Por lo que veía, los guardianes no se llevaban tan bien como lo imaginé.

—Vamos a trabajar. Bueno, los acompaño en sus misiones, o como le llamen a lo que hacen todos los días —señalé, intentando que el ambiente se tranquilizara al menos un poco—. Muy pronto, volverás de nuevo a tu forma humana.

—«No lo creo —argumentó Nathan sin ganas—. No tengo fuerza de cambiar en mi forma humana. Yo…

—Bien, bien. No pensemos en eso. Vamos a caminar, supervisando a esos seres oscuros. —Alcé a Nathan entre mis manos. Él todavía tenía las orejas muy decaídas. Al mirarlo, solo parecía un gato negro normal como cualquiera. Nadie pensaría que era un guardián de almas—. Te ves lindo en tu forma felina. No entiendo el motivo, del cual, no te gusta.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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